miércoles, 31 de agosto de 2011

Adiós, maestro y amigo

Hoy, en Río de Janeiro, murió el querido José Meirelles Passos.

Corresponsal en Buenos Aires y en Washington, cubrió guerras, elecciones, crisis, catástrofes y hechos históricos para Veja y, luego, para O Globo. Pero por encima de eso, quiso tanto al periodismo que se convirtió en referente y maestro de quienes estuvimos a su lado.

Yo fui uno de esos afortunados. Durante mis cuatro años como corresponsal ante la Casa Blanca compartí con él las oficinas en el National Press Building. Y no me alcanzan las palabras para describir todo lo que aprendí junto a él y de él.

Gracias, José, por tanto. Jamás olvidaré tu sonrisa, tu paciencia, tu nobleza y tu bondad, maestro.

martes, 30 de agosto de 2011

Un libro necesario

Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.

La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).

Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.

Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.

Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre Mauricio Macri, por ejemplo, ya lo había difundido Santiago. Lo mismo me ocurrió con Cargill y Eduardo Duhalde, entre otros.

Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.

Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.

Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.

“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.

Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.

Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre la Argentina. Por supuesto que como lector podría objetarle que sobran algunos capítulos (Antonini Wilson, Valija y Yabrán versan sobre el mismo tema, por ejemplo) o que faltan otros (corrupción, Indec o seguridad jurídica, por caso), pero eso no es más que una cuestión subjetiva. O hasta anecdótica.

"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.

lunes, 29 de agosto de 2011

Tres, tres, tres y Buenos Aires

Tres capos, tres carteles, tres países y una ciudad: Buenos Aires. O de cómo es, en la práctica, el narcolavado de activos en la práctica cotidiana. De eso trató el material que publiqué ayer en LA NACION.

Capo I: Luis Agustín “Don Lucho” Caicedo Velandia, capo del cartel colombiano “El Dorado”, escondido en Buenos Aires bajo la identidad guatemalteca de CarlosJosé MartínezCastañeda.

Capo II: Ignacio Álvarez Meyendorff, capo del cartel colombiano “Del Valle”, escondido en Buenos Aires hasta que Caicedo Velandia lo delató tras su extradición a Estados Unidos.

Capo III: Joaquín “El Chapo” Guzmán, capo del cartel mexicano de Sinaloa, con producción en Misiones, Chaco y Formosa, pero con inversiones en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

¿Qué tipo de inversiones? Inmuebles en countries, campos, haciendas, restaurantes, fábricas y mucho más. De todo. Con dinero en efectivo y a través de múltiples sociedades y cuentas bancarias.

¿Un ejemplo? Las operaciones de Álvarez Meyendorrf en el Banco Río, a partir del 7 de febrero de 2006, cuando depositó en una sucursal del microcentro $ 20.000 por ventanilla a su nombre y otros $ 250.000 en la cuenta de Cattle de Argentina SA, que él mismo presidía. El jueves 23 repitió la operatoria: otros $ 100.000. Y el 24, $ 108.000 más. Casi medio millón cash, en dos semanas.

pd: más datos, acá y acá.

jueves, 25 de agosto de 2011

El misterio de Antonini en Twitter

Durante las últimas 48 horas opté por callar. Ver, leer, esperar. De ese modo intenté comprender por qué Guido Alejandro Antonini Wilson reapareció en público, abrió una cuenta en Twitter y comenzó a contar sus cuitas, responder consultas y hasta lanzar ironías como invitar a desconocidos a volar con él para repartir valijas.

Más serio, sin embargo, también reiteró su versión de los hechos: que la valija con US$ 800.000 no era de él, que había otra valija con US$ 4,2 millones que pasó de largo, que Victoria Bereziuk le pidió su ayuda para cargarles, que Claudio Uberti se desentendió de él en el aeropuerto, pero luego lo contactó para tranquilizarlo, para lo cual delante suyo habló con el entonces presidente Néstor Kirchner.

También, reafirmó que, según él, en Aeroparque lo apretaron para que firmara el acta de decomiso y reconociera la maleta como suya, que 48 horas después ingresó a la Casa Rosada, que temió por su vida y por eso huyó a Estados Unidos.

Casi todo esto (aunque no todo, pero también otros datos que a él no lo dejan tan bien parado) logré reconstruirlo por mi cuenta en base a documentos y relatos de fuentes argentinas, venezolanas, gringas y de otros países (y que luego en parte se confirmaron de manera irrefutable, como el video del "valijero" en la Rosada). El resultado conocido fue la investigación ganadora de premios para el diario LA NACION y el libro "Los secretos de la valija".

Dicho todo esto, sin embargo, mi respuesta es: no lo sé. No sé, ni comprendo por qué o para qué Antonini Wilson reapareció en los radares públicos.


Quizá sea afán de protagonismo; quizá fastidio o frustración porque él siempre apostó a que los Kirchner podrían perder las elecciones de este año y, nuevo Gobierno mediante, podría viajar a la Argentina a limpiar su nombre. Quizá haya sido, más simple, una mera cuestión de frivolidad.

Si así fue, sin embargo, debió sopesar las consecuencias.

Su reaparición consolida las sospechas de quienes siempre creyeron que él laburaba para los gringos desde antes del decomiso como parte de un enrevesado plan de la CIA para ensuciar a los Kirchner y a Hugo Chávez. ¿Justo ahora, en plena recta final de la campaña electoral reaparece el gordo que enquilombó las anteriores presidenciales, las de 2007? Ese es, palabras más, palabras menos, lo que me plantearon varios escépticos.

Vuelvo así a la pregunta por la que decidí redactar este post: ¿Por qué y para qué decidió resurgir Antonini Wilson? Quizá la respuesta no sea más que aquella que me dio en Key Biscayne, allá por fines de 2008, cuando aceptó contarme su versión de los hechos. Con cierto dejo de ironía argumentó que ya estaba "amortizado", que no tenía más para perder, que estaba "jodío", que hasta la mayoría de sus amigos lo habían abandonado y que entonces, contaría lo suyo para que todos cargaran con su cuota de responsabilidad. Y que incluso si yo no lo creía (o más relevante, mis restantes fuentes y documentos exponían otra versión que la suya), aún así quería contar su versión.

Acaso ahora, aquel sentimiento haya resurgido. No lo sé. Veremos qué más cuenta por Twitter.