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jueves, 28 de febrero de 2013

Los 'koverny' periodísticos

Carlos Dada, el gran director del estupendo portal de noticias e investigación de América Central, El Faro, recibió el premio Anna Politkovskaya, por la labor periodística de todo su equipo en situaciones de altísimo riesgo.

A Politkovskaya la asesinaron por su labor periodística. Por denunciar al poder político y económico de su país, la Rusia de Vladimir Putin y sus ami-socios.

Por eso es valioso el premio, por eso es bueno recordar, como lo hizo el portal El Puerco Espín, el discurso de aceptación de Dada.

¿Qué dijo?

“En su última columna, llamada 'De qué soy culpable', Politkovskaya hablaba del ejercicio periodístico realizado en estas condiciones, en las que los independientes, los que retienen los principios y las razones que nos trajeron a este trabajo, son los menos ante un ejército de periodistas complacientes y entregados a los intereses de los poderosos. Los koverny, les llamaba ella. Payasos rusos cuyo trabajo era entretener al público mientras el escenario era cambiado”.


Más adelante, Dada agrega sobre Politkovskaya:

“Mantenía probablemente esta idea romántica de que podemos cambiar el mundo con nuestro trabajo, de que la publicación de esas historias evitará más muertes, más atropellos; de que la denuncia es una manera efectiva de combatir la impunidad.

No sé si es efectiva, pero es la única que tenemos”.

Para leer, meditar, cargar pilas y refrescar ciertas premisas de este oficio.

pd: el link al discurso completo, acá y acá.

martes, 5 de junio de 2012

Reescribir la historia, versión rusa

Allá lejos, en la Rusia de los tiempos que corren, Vladimir “KGB” Putin nombró como flamante ministro de Cultura a Vladimir “Me la doy de historiador” Medinsky.

¿Qué tiene de peculiar el tal Medinsky (foto, abajo)? Pues que el hombre se lanzó a reescribir la historia rusa, borrar ciertos capítulos y mejorar otros. Y esto, además de plagiar –y así fue denunciado– tramos completos de su tesis doctoral.


¿Qué tramos de la historia rusa reescribe Medinsky? Entre otros, según expone un estupendo artículo de la revista The New York Review of Books, que el zar Iván, alias “El Terrible”, no fue tan terrible después de todo, sino que más bien, fue bastante cándido y simpático. O que la foja antisemita rusa es pura exageración. O, incluso, que la Unión Soviética jamás invadió y ocupó los países bálticos o Polonia durante la II Guerra Mundial. Y, por supuesto, que es una mentira burda que un número enooooooorme de prisioneros de aquella guerra hayan sido enviados a campos de labor (léase “concentración”) al concluir el conflicto.

Ahora bien, ¿para qué se metió Putin en semejante embrollo histórico con su tocayo Medinsky?

Pues porque como explica Clifford Gaddy, del Brookings Institute de Washington, Estados Unidos: “Para Putin, la interpretación y reinterpretación de la historia es un asunto crucial… Él valora el poder de la ‘historia útil’, la utilización de la historia como una herramienta política, como una fuerza organizadora política y social que puede ayudar a moldear la identidad de grupo y alentar coaliciones”.

En otras palabras, orwellianismo puro: para controlar el presente y moldear el futuro, hay que primero apropiarse del pasado.

pd: cualquier semejanza con otros líderes y dirigentes más cercanos (de varios países, gobiernos, partidos políticos o sectores sociales), es pura coincidencia (o delirium tremens del lector).

pd2: el link al artículo original, en inglés, acá.