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martes, 12 de junio de 2012

Bernie & Company

Paso el dato sobre un libro que se las trae. “Madoff & Cía.”, cuyo subtítulo es por demás elocuente: “Vida y milagros que los hombres que cometieron los grandes fraudes financieros de la historia del capitalismo”.


Los casos del libro, obvio, no tienen desperdicio: desde el inventor del papel moneda, John Law, que tuvo en sus manos el destino de Francia, a la gran estafa del diamante de 1872, pasando por el fraude del aceite de ensalada del imperio Tinpo, el más reciente escándalo de la Société Générale y, claro, Bernard Madoff.

El diario El País de España remarca, sin embargo, la singularidad del caso Enron. “Y no por nuevo”, recuerda. “Y no por nuevo. Los ingredientes que aparecen en la estafa de Enron se habían visto antes y se ven (y se sufren) después: desregulación, gestores que engañan a sus accionistas y empleados, ruinosas inversiones que no aparecen en los libros de contabilidad de la empresa, complicidad de los supuestos vigilantes del mercado (en este caso de las consultoras), oscuras relaciones con el poder...”.

pd1: el link a la nota de El País, acá.

pd2: el link a un capítulo del libro, acá.

jueves, 21 de abril de 2011

Ego, el motor humano

Gran reportaje del Financial Times a uno de los mayores estafadores de la historia, Bernie Madoff. Basado en uno de los sistemas más viejos –conocido como “Ponzi”, por otro gran perpetrador-, es tan simple como prometerle al inversor A grandes retornos, que se pagan con lo que aporta B ante la misma promesa de grandes retornos, al cual se le paga, ya junto a A, con el dinero de C, al que a su vez, junto a A y B, se le paga con el dinero de D. Funciona, claro, mientras siempre haya nuevos inversores dispuestos a encarnar el siguiente eslabón de la cadena. Y en el caso de Madoff, reventó cuando llegó a los US$ 65.000 millones.

Hay tres momentos clave, para mí, en el reportaje: 1) cuando le preguntan por qué, cuando todavía era posible, no le devolvió su dinero a los inversores y se retiró a lo grande sin que nadie lo pescara. “Ego”, respondió; 2) cuando le preguntan cómo se explica que la rueda girara sin que los inversores o sus competidores percibieran la trampa: “Yo era grande, creíble”, argumentó; y 3) cuando le preguntan por qué los órganos de control (como la SEC) no lo pescaron, su respuesta fue lapidaria: “Pasan demasiado tiempo detrás de las infracciones menores y nada tras las grandes firmas y los bancos de inversión”.

Cualquier similitud con la lucha contra las drogas o los servicios de seguridad y contralor argentinos es, claro, mera coincidencia.

pd: el estupendo reportaje (en inglés) del FT, acá.