lunes, 5 de diciembre de 2011

Los testaferros de Uberti - II

Marcia Débora Peisci, la ex mano derecha y presunta testaferro del ex embajador “paralelo” ante Venezuela, Claudio Uberti, es socia, a su vez, del ex chofer devenido en empresario kirchnerista, Rudy Ulloa. Así surge de los registros comerciales, en los que la mujer aparece vinculada a al menos media docena de sociedades anónimas o de responsabilidad limitada.

La sociedad se llama “Torre Sarmiento SA”, constituida en diciembre de 2008 para construir y comercializar un inmueble sobre la calle homónima de la ciudad de Río Gallegos. Peisci figura como presidenta y Rudy Fernando Ulloa Igor, como el “director suplente” de la firma. Y la empresa cuenta con una particularidad: aunque constituida para operar un comercio en la provincia de Santa Cruz, se constituyó y fijó su domicilio especial en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Uberti y Ulloa mantienen, a su vez, una añeja relación, enlazada por ejemplo por un inmueble en Río Gallegos del chófer de Néstor Kirchner en el que vivió el luego mandamás del Occovi. Juntos, también, recaudaron para la campaña presidencial de 2003. Sólo luego, y ya en el poder, Uberti unió esfuerzos con Peisci.

Señalada por su ex pintor, obrero, asador, maestro mayor de obras y empleado todoterreno, Luis Rodríguez, como la supuesta responsable de ocultar al menos parte del presunto millonario patrimonio oculto de Uberti, Peisci figura en otras seis sociedades y bienes junto su marido, Guillermo Federico Such.

pd: la nota completa publicada en LA NACION, acá.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los testaferros de Uberti - I

El hombre, sencillo y directo, está molesto. Se peleó con su empleador. Y tras tres años de cuidarle sus casas y sus oficinas, de prepararle los asados para sus invitados, de pintarle el quincho, arreglar enchufes, llevar y traer papeles y mucho más, ahora el ex jefe no quiere resarcirlo. Ni pagarle el aguinaldo quiere. Y todo porque a él se le escapó repetir que su patrón, Guillermo Such, dice que es el testaferro del ex embajador “paralelo” ante Venezuela, Claudio Uberti, el jefe del vuelo de la valija con US$ 800.000 y Guido Alejandro Antonini Wilson.

El hombre se llama Luis Rodríguez, y durante una hora tira un dato concreto tras otro sobre Such y su esposa, Marcia Debora Peisci, la número dos de Uberti al frente del Órgano Contralor de las Concesiones Viales (Occovi), su único cargo formal en el kircherismo hasta que estalló el “caso Antonini”. Por ese escándalo, Uberti salió del Gobierno y lo investigó la Justicia –a la que acaba de pedirle su sobreseimiento definitivo–, en tanto que Peisci también quedó bajo la lupa de la Fiscalía por sus estrechos vínculos personales y comerciales con su ex jefe, pero jamás llegó a imputarle cargos.

Rodríguez es uruguayo, tiene 58 años, patillas firmes, algunos dientes de menos y es de Peñarol, aunque vive en la Argentina desde 1975 y fijó su residencia en Garín en 1981. Durante tres años trabajó para Such y Peisci, en varias casas, negocios y oficinas, y así fue como conoció a Uberti, uno de los recaudadores clave de las campañas electorales kirchneristas desde los tiempos de Santa Cruz.

“Ellos mismos me dijeron que él, Such, era el socio de ‘Claudio’, pero lo ocultaban, no querían que se supiera”, cuenta Rodríguez en la oficina de su abogado, en Tigre, que prepara la demanda laboral y ya mandó las cartas documentos de rigor. “Y a mí siempre me llamó la atención que tras tres años con ellos, nunca supe lograr saber a qué se dedicaban, cómo ganaban la plata para mantener el nivel de gastos que tienen”, dice, a solas, grabador de por medio.

-¿Por qué lo echaron?

-La discusión fue porque la casa de ellos [por Such y Peisci] está lejos de la entrada del country en el que viven, Ayres del Pilar, y un día que llovía, le ofrecí a una muchacha acercarla hasta donde iba. Me dijo que iba a la casa 20 y yo le dije, “ah, la de Claudio, el socio de Guillermo y de Marcia”. Ella puso cara de asombro, pero después seguimos hablando sobre el viaje de Uberti a Europa. A los dos días me llamó Marcia, que Uberti estaba furioso porque decía que yo sabía todos sus movimientos. Me pregunté qué había dicho y le dije que nada, que ella y él eran socios.

pd: el resto de la entrevista publicada en LA NACION, acá.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un contrato que incomoda

La empresa RDS SA defiende las licitaciones como “ejemplares”, defiende los sistemas en danza, su excelencia técnica y sus precios, pero por las dudas se despega, mediante un comunicado de prensa, de “toda cuestión política”.

Sabe de lo que habla.

La compra y posterior orden de anulación de un millonario sistema de identificación balística automatizada para informatizar los datos del Registro Nacional de Armas (Renar) desató una ola de acusaciones cruzadas entre funcionarios durante las últimas 48 horas, hasta alcanzar al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y sus colaboradores.

Así, la adjudicación del contrato cuya cancelación se anunció menos de 24 horas después de que llamó LA NACION al Ministerio de Justicia, desató pases de facturas en las sombras entre la gente de Julio Alak, el titular del Renar, Andrés Meiszner [foto arriba, juntos]], el Ministerio de Seguridad, de Nilda Garré, y la Jefatura de Gabinete.

Así, mientras que desde RDS recuerdan que los proyectos llevan 4 años de elaboración y cubren algunos objetivos trazados por el ex presidente Néstor Kirchner para combatir la inseguridad, los pases de facturas (y la puja de poder) entre funcionarios alrededor de este negocio parece que recién comenzó...

pd: la nota completa, acá.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Bombero y vendido

“Cuando se habla de mafiosos y coimeros, se los ve por la tele y se los escucha por radio, recuerdo al más simpático y creativo que me tocó conocer. Era referí y se llamaba, pongamos, Francisco Gómez Williams, o se hacía llamar así para que fuese más difícil insultarlo desde la tribuna. Igual, sus amigos le decían Pancho y ahí el personaje empezaba a rimar y sufrir como todo el mundo. Era petiso y musculoso, con una gran nariz torcida y la sonrisa siempre bien puesta. Gran conversador, sobre todo dentro de la cancha. Pedía, si la memoria no me falla, mil pesos por cobrar un penal y dos o tres mil para anular un gol. Dependía de la importancia del partido y de la cara del cliente. Uno podía comprarle incluso algún corner, o un tiro libre a veinticinco metros del arco, si se le mandaba un buen emisario a los camarines. Digo buen emisario porque Williams se había ensartado tantas veces que ya estaba curado de espanto: inventaba el penal y después los dirigentes se lo anotaban en el agua, no le daban pagarés ni cheques posdatados. Fue por eso que hizo un acuerdo con la mafia de la gobernación y abrió una cuenta en Chile a nombre de un falso referí de allá”.

Arranque del cuento “Bombero y vendido”, del libro “Arqueros, ilusionistas y goleadores”, Osvaldo Soriano, Seix Barral.

pd: cuánto lo extrañamos sus lectores, don Pepe. A usté y a su entrañable Míster Peregrino Fernández…