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martes, 30 de octubre de 2012

Cuarto peritaje - y pasó la bala, nomás

El cuarto peritaje sobre los polémicos chalecos antibala que impulsa el Gobierno arrojó este jueves el peor de los resultados posibles: una bala traspasó uno de los chalecos probados y otro proyectil causó un trauma por encima del máximo permitido en otro chaleco, confirmaron fuentes al tanto del análisis que se completó, en secreto, en un área del Ejército durante los últimos días.

Los resultados del peritaje complicaron así los planes de los ministerios de Seguridad y de Desarrollo Social. Esperaban obtener la venia para poner otra vez en circulación más de 1500 chalecos entre los agentes de la Policía Federal y ampliar la distribución a otros 10.000 efectivos de la Gendarmería Nacional y de la Prefectura Naval.


Además de las vidas de miles de agentes, sin embargo, el rechazo de esos chalecos también puso en riesgo el cobro de millones de pesos por sus fabricantes, que son la Sastrería Militar y cooperativas convocadas por el Ministerio de Desarrollo Social que lidera Alicia Kirchner.

El precio de venta de cada chaleco ronda los $ 2000, según fuentes del sector, en tanto que su costo total entre los materiales del panel balístico y la funda exterior, más la confección requerida, ronda los $ 1009; por lo que reportaría una ganancia neta de $ 990 por unidad.

En el cuarto peritaje, sin embargo, al completar la prueba con balas del calibre .44 milímetros, la cuarta bala traspasó el chaleco. Pese a que se hizo sobre una muestra seca –en vez de húmeda o mojada–, sobre un chaleco talle “L” y con un tiro recto –en vez de a 30 o 45 grados–, tres condiciones que debería haber mejorado los resultados.

pd: el resto de la nota publicada en LA NACION, acá.

viernes, 19 de octubre de 2012

Chalecos - 400 en las calles

Mientras altos funcionarios de los ministerios de Seguridad y de Defensa definen los pasos a seguir, al menos 400 agentes de la Policía Federal utilizan chalecos antibalas que no les ofrecen la mínima protección balística necesaria, confirmaron fuentes al tanto de las deliberaciones, que también obtuvo copias del último peritaje que efectuó el Ejército.

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La cúpula de la Policía Federal ya ordenó la devolución de 1500 chalecos antibalas a la Sastrería Militar, tal como reveló LA NACION. Los fabricó junto a cooperativas de trabajo convocadas por el Ministerio de Desarrollo Social que lidera Alicia Kirchner como parte de una compra que debía llegar a las 5000 unidades.

Al menos otros 400 chalecos, sin embargo, continúan en las manos de los policías destinados a los recorridos por los barrios en patrulleros. Corren, hoy, con los mayores riesgos de recibir lesiones que podrían resultar mortales.

Los funcionarios involucrados chocaron con otra luz roja. El informe “ARM 95” del Laboratorio del Ejército [facsímil, arriba] determinó que la muestra testeada de 4 chalecos “no cumple balísticamente con las exigencias como blindaje antibala para el nivel RB3”.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

martes, 16 de octubre de 2012

Te devuelvo los chalecos, gracias

Durante las últimas horas, la Policía Federal devolvió cerca de 1500 chalecos antibalas que presentaban serias deficiencias de protección y que podían causarle serios traumatismos o incluso poner en riesgo la vida de sus agentes, confirmaron fuentes de esa fuerza a LA NACION, que reveló este domingo esos problemas.

La decisión de la Policía Federal se adoptó horas después de recibir los resultados del tercer peritaje balístico que completó el Laboratorio de Armamentos de la Escuela Técnica del Ejército sobre cuatro de esos chalecos, con pésimos resultados, a pesar de los intereses del Ministerio de Seguridad de Nilda Garré y Sergio Berni.


El costo para el Estado por esos 1500 chalecos fallidos de la Sastrería Militar asciende al menos a $ 3 millones, tras una compleja operatoria que incluyó la importación del insumo básico como “material bélico secreto” gracias al aporte del Ministerio de Industria, para así reducir los controles aduaneros y evitar el pago de impuestos.

El tercer y definitivo peritaje resultó, sin embargo, aún peor que los dos primeros. Arrojó un trauma balístico de 44.4 milímetros, confirmaron ayer fuentes al tanto de los resultados. Quedó así por encima del límite trazado de 25 milímetros por las fuerzas de seguridad (Policía, Gendarmería y Prefectura) para las compras de chalecos en las últimas dos licitaciones (la 31/06 y 43/08) y del máximo fijado por el Registro Nacional de Armas (Renar) con 44 milímetros.

pd: la nota completa publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

domingo, 14 de octubre de 2012

Chalecos antibalas... ¿que no paran las balas?

Durante las últimas cinco semanas, el Ministerio de Seguridad comenzó a distribuir 1900 chalecos antibala entre los agentes de la Policía Federal que en ciertas zonas no detendrían los proyectiles y generan traumas superiores a los máximos hoy permitidos, según surge de los análisis practicados por el Ejército Argentino que obtuvo LA NACION, que los cotejó con tres expertos en esos materiales y un ex alto funcionario del sector.

Los problemas de los chalecos se concentran en los tramos que unen al panel central con los insertos simulados en cada lateral, a la altura de los riñones, mediante velcros desmontables. Eso pone en riesgo a los policías que los utilicen, ya que cada chaleco debería consistir en una sola pieza, en forma de “T” invertida, de acuerdo a las normas hoy vigentes del Registro Nacional de Armas (RENAR).


Los chalecos registran además un “trauma” –es decir, el área y la profundidad de absorción del impacto de un proyectil– que supera los límites fijados para la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura Naval en sus últimas licitaciones de 2006 y 2008, con 25 y 32 milímetros para las categorías pautadas, lo que aumenta el riesgo para los agentes que los porten.

Aún así, los primeros 1900 chalecos de una partida total de 5000 elaborados por la Sastrería Militar ya arribaron a la Federal por orden del Ministerio de Seguridad. Sostuvo que ofrecen una protección de tercer nivel, de uso militar (en la jerga, RB3), lo que es cierto, aunque con un modelo aprobado en 2005. Ese chaleco, el “JAF3”, siguió las exigencias de calidad impuestas en 2001 y ya derogadas, en vez del nivel RB2, actualizado, que usa la Policía Federal para enfrentar las armas habituales de los delincuentes.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACION, acá.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El eterno durante

El eterno durante. O una síntesis de la inoperancia del Estado para investigar el lavado de activos. Y no porque haya un “pez grande” de por medio. Ni “rosca” a favor o en contra de algún poderoso. Ni tampoco fortunas. Es apenas la burocracia en su movimiento perpetuo para, años y montañas de papel después, volver al punto de partida. Sin haber logrado nada útil, mientras que los sospechados continúan libres y fluye su dinero.

Así inicié el artículo que publiqué (reducido para que entrara en la edición papel) en el diario LA NACION (ver, acá). La versión ampliada de ese texto lo completo a continuación:

El expediente 172.225 de la Justicia Federal, resume así la desidia en la lucha antilavado, como compulsó LA NACION en uno de sus infinitos giros por la administración pública. Hasta por su carátula: “N. N. s/ encubrimiento”.

El objetivo de la pesquisa era, en teoría, sencillo: verificar si 15 giros ordenados a mediados de 2008 desde Buenos Aires con destino Medellín y Pereira, Colombia, por un total de $ 79.718,33 eran parte de una maniobra de lavado. Quizá hubiera un cartel detrás, quizá sólo fuera dinero de trabajadores emigrados para sus familias. Pero para precisarlo había que investigar.

Primero fue el turno de la Unidad de Información Financiera (UIF) que recibió dos reportes de operaciones sospechosas (ROS) de la remesadora More Argentina SA. El 6 de agosto de 2008 y el 30 del mismo mes. Para eso, pidió datos de inteligencia a su par colombiana a través de la red Egmont, lo que permite investigar más rápido, aunque luego no puede usarse esos datos en la Justicia, que debe pedirlos por exhorto diplomático.

Así fue como, en octubre de 2010, casi dos años después del último de los giros picantes protagonizados por 23 colombianos y 4 argentinos –algunos con antecedentes por narcotráfico-, y al fin con la denuncia de la UIF, el fiscal general antilavado, Raúl Pleé, ordenó una investigación penal. Cayó en la jueza María Servini de Cubría, que la derivó en el fiscal Federico Delgado.

Las primeras medidas fueron de manual: exhorto a Colombia e, intervención de la Policía Federal, que de inmediato, el 14 de octubre, pidió una prórroga para presentar su informe. 30 días. Que se amplió en noviembre por 10 días más.

La respuesta al exhorto, mientras tanto, se hacía desear. Así que el 12 de noviembre, y mientras el expediente acumulaba fojas con sellos, constancias y pases, la Fiscalía quiso saber qué pasaba con la diplomacia. La Cancillería argentina respondió con el silencio.

El 15 de diciembre, y ya vencida la prórroga, apareció el “trabajo de campo” de la Policía Federal. Que abarcó apenas la búsqueda por Internet de números telefónicos, más un informe del Veraz y otro de la AFIP, y una recorrida por algunos –no todos- los domicilios. En los que tocó timbre. Literal. El oficial habló con vecinos, aunque eso sí, “sin dar a conocer su condición de policía”.

El fastidio de la Fiscalía comenzó a olerse en el expediente. El 17, y dado que “lo realizado” por la Federal “no se adecua[ba] con el objetivo de la medida ordenada”, le fijó el “plazo improrrogable de 30 días [para] cumplir con lo requerido”. Para entonces, el expediente iba ya por las 168 fojas, más dos cuerpos previos de la UIF.

¿Qué querían Delgado y su equipo? Textual: “Corroborar si las actividades laborales o comerciales de las personas sospechadas se condicen con la realidad y si los individuos se vinculan con hechos ilícitos”. Pero todo siguió igual. Un mes y 1 un día después –y por tanto vencido otra vez el plazo impuesto-, un oficial de la Policía informó que consiguió la partida de defunción de un investigado. Nada más.

Con el fin de la feria judicial, febrero de 2011 amagó con novedades. El 3, la Cancillería al fin apareció. Pero sólo para informar que la burocracia colombiana se había sumado a la local, por lo que los cafeteros precisaron que responderían cuando concluyeran su labor. Sin fecha estimada.

El 8, la Fiscalía abrió juego. Se ofició a la Agencia Recaudadora bonaerense (ARBA). Respondió el 28 de marzo. Nada valioso. Pero el expediente superó las 328 fojas, más anexos.

Para el 6 de julio, la Fiscalía decidió insistir con la Cancillería. Por teléfono. Chocó con un detalle: “La sumariante relacionada con la rogatoria trabaja a partir de las 15 horas”. Así que la Fiscalía apeló al papel. Nuevo oficio. “Porque del resultado de esta diligencia depende, básicamente, la suerte del proceso y el exhorto fue librado hace alrededor de 10 meses”, recordó.

Siete días después, llegó la respuesta colombiana. 510 fojas y 4 CDs, con su “búsqueda selectiva en base de datos”. Y con el material, la Fiscalía se esperanzó con ver la luz al final del túnel. Se lo remitió a la Federal, el 14 de julio, para que “en 10 días corridos elabore un informe técnico”. Agua.

El 3 de agosto, la Federal pidió una prórroga. 10 días. Concedida. Pero para el 16, la fuerza seguía desaparecida, así que la Fiscalía la emplazó, por teléfono, para el día siguiente.

El ansiado informe, pues, al fin llegó. Apenas tres carillas y anexos de recopilación del material colombiano, ya disponible en los anexos originales. El interrogatorio que siguió no resultó agradable. Acaso porque la oficial de la División Investigaciones Patrimoniales reconoció que como “desconocía las normas impositivas” en danza, optó por completar “un resumen” de lo que creyó “relevante”. Que no incluyó los giros.

Vuelta a empezar. Otros 10 días. Obvio, se incumplió. La oficial reapareció el 31. Para informar que tras analizar los giros, no podía “emitir una conclusión”. Ni conocía el tipo de cambio de los pesos colombianos. Ni sabía si los sospechados eran parientes entre sí -aunque le “parecía” que sí porque muchos se apellidaban Hoyos-. Ni si se violó alguna ley tributaria argentina.

La Fiscalía optó entonces por volver al casillero de inicio. A la UIF. El 1 de septiembre, le dio 3 días para presentar un informe. Pero la unidad recién apareció el 12 y sólo para revisar el ya frondoso expediente y sus anexos. El 20, la Fiscalía insistió. Le respondieron que el 22, a más tardar, la UIF “presentaría un escrito”. Así fue. Pero para pedir fotocopias. Vale, pero con la orden de entregar su informe en nuevas 72 horas. La respuesta, recién llegó el 13 de octubre, pero sólo para aportar un par de indicios preliminares. Y pidió, a su vez, que se pidan informes a la Policía Federal, la Anses, la AFIP y al Banco Central.

Así, superadas las 500 fojas en el expediente principal, más ocho anexos, poco y nada se sabe sobre los giros o los remitentes. Mucho menos sobre el dinero. Y de los colombianos, a ciencia cierta, ni siquiera se sabe si continúan en la Argentina. Al fin y al cabo, pasaron ya tres años. De nada. De burocracia.