Mostrando entradas con la etiqueta JPMorgan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JPMorgan. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de octubre de 2011

Citi, al menos poné la propina

El que las hace no siempre las paga. O no paga todo lo que debería pagar. Pero al menos la propina deja.

Ese es, palabras más, palabras menos, el argumento de la Comisión Nacional de Valores gringa (SEC, por sus siglas en inglés) al anunciar que llegó a un acuerdo con el gigante financiero Citigroup.

¿El eje? El gigantón acordó pagar US$ 285 millones para dejar atrás una demanda civil de la SEC, que lo acusó de defraudar a los inversores que apostaron a sus portfolios de inversiones en hipotecas basura. Aquellas, vale recordar, que derivaron en el crack de Wall Street de 2008 (y cuyos coletazos aún perduran).

El Citi no sólo vendió basura a sus clientes. Mucho peor. Luego de cobrarles dólares por esa porquería, apostó en contra de esos mismos clientes y esos portfolios. Lo que se dice una pinturita.

Vale aclarar que Citigroup no derrapó sólo. La SEC ya selló similares acuerdos con Goldman Sachs y con JPMorgan, en tanto que también le apuntó al Credit Suisse, aunque por un rol menor.

El único obstáculo que resta para ponerle el moño al acuerdo es, sin embargo, el propio juez federal que debe convalidarlo, Jed S. Rakoff, famoso por sus críticas a la blandura de la SEC en negociaciones similares.

¿Un argumento para Rakoff? Citigroup ahondará en la senda de Siemens, que expió sus pecados con Estados Unidos y la Unión Europea, más todas sus multas y gastos de auditoría por Deveboise & Plimpton, con unos US$ 2300 millones. Apenas el 20% de las ganancias netas de aquel año fiscal.

Ahora, Citigroup se comprometió a pagar US$ 285 millones. Parece mucho, pero no lo es. Sus ganancias netas sólo durante el tercer trimestre de este año llegaron a US$ 3800 millones. Pero tampoco es poco, si se considera el daño reputacional, más allá de que el acuerdo, en teoría, no implica que el gigantón reconozca macana alguna, mucho menos un delito de cuello blanco.

pd: más datos acá y acá.

viernes, 3 de septiembre de 2010

"¡Huele a azufre!"

Transcurría otra de esas anodinas y pretenciosas asambleas generales de las Naciones Unidas (ONU) en las que todos los presidentes dan un discurso pour la gallerie, ya que nadie los escucha salvo los miembros de sus propias delegaciones (he sido testigo de eso durante cuatro años consecutivos). Hasta que llegó él, Don Hugo Chávez Frías.

"Ayer el diablo vino aquí. ¡En este lugar huele a azufre!", lanzó el líder bolivariano y despertó de la modorra a tutti il mondo. 20 de septiembre de 2006. Mensaje directo para George W. Bush, que 24 horas antes había inaugurado el encuentro.

Bueno, no sólo Chávez huele azufre de vez en cuando...

La controversia alrededor del fuel oil importado por la Argentina comenzó allá por 2004, cuando el ministro Julio de Vido apeló a Venezuela para paliar la crisis energética que, a su vez, siempre se negó a admitir. La polémica, sin embargo, se agudizó el 15 de abril último, cuando ocho ex secretarios de Energía se unieron para alertar que la importación del combustible resultaba innecesaria. Estimaron que era “de menor calidad ambiental por contener más azufre”, y que se compró a un precio superior al que la propia Argentina exportaba.

Tanto el Gobierno como la petrolera estatal venezolana PDVSA rechazaron esos planteos y defendieron el fuel oil importado, al que encuadraron dentro de la relación bilateral. Pero las dudas se extienden hasta hoy en la Justicia, que investiga esos embarques.

Los pagos argentinos por todos esos embarques, además, no se enviaron a Venezuela, sino a Estados Unidos. Cammessa envió millones de dólares a la cuenta 0011992765 de la sucursal Park Avenue, Nueva York, del JP Morgan Chase, aún cuando ese banco no figuró en el Anexo I del Acuerdo de Cooperación Integral que firmaron la Argentina y Venezuela.

Al afrontar los impuestos de importación por ese fuel oil, los apoderados de Camessa pidieron además que los embarques quedaran exentos del pago del Impuesto a las Ganancias, según surge de los documentos, lo que equivaldría a un ahorro del 11% por cada despacho.

Con la firma de la entonces jefa del área competente, Ana María Ibarboure, la AFIP concedió la exención. Pero no por Ganancias, sino por el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Es decir, un 21% menos en vez del 11% solicitado. Pero lo inesperado no termina allí: Camessa pagó igual ese tributo. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Los pagos quedaron como “crédito fiscal”? ¿Eso impactó de algún modo en el directorio? ¿Hubo reclamos? ¿Y qué ocurrió al momento del reparto de dividendos?

Allí no se acaban las curiosidades alrededor del combustible. Al arribar al puerto de Buenos Aires, Camessa no figuró como el titular de la carga, sino tres filiales de Petrobras, que luego le endosaron el “conocimiento de embarque” –el equivalente a una escritura inmobiliaria- a Cammesa. Petrobrás, para más datos, tampoco figura en el Anexo I bilateral.

¿Por qué aparece Petrobras? Eso dista de ser un misterio. Según cuentan desde PDVSA, el 90% del fuel oil lo aportó la petrolera brasileña. Sólo el resto se importó de Rusia y otras partes –y empresas- del mundo. Y los venezolanos sólo intermediaron entre la Argentina y los proveedores.

Y una última perlita: Cammesa presentó una declaración jurada ante la AFIP por la que comunicó que importaba el fuel oil por “cuenta y orden” del Estado. Pero eso está prohibido en todos los regímenes aduaneros desde 1996, cuando la Aduana emitió la resolución 4031/96. Ergo, la Aduana no debió permitir ese tipo de ingreso.

Habrá más novedades para este boletín.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Maleta o cueva?

Cada opción implica su riesgo.

- Maleta: A favor: la comodidad de llevar el dinero a todos lados, sin depender de nadie, ni contarle a nadie, ni dejar rastros contables en ningún lado. Sólo es cuestión de esconder el dinero (en una caja de seguridad, en una caja fuerte, abajo del colchón, en el jardín....). En contra: donde te agarran, te agarran con todos los dedos pegados... y encima de las rupias. Ejemplos sobran: Uberti/Antonini, Mario Caserta (Yomagate), Amado Carrillo Funes (Cartel de Juárez), Coimas en el Senado (Mario Pontaquarto), los jamones de Ivisa/Casino, etc.

- Transferencia: A favor: el dinero circula por circuitos negros (y luego blancos) con la ventaja de disponer de los fondos en cualquier lugar por medio de tarjetas de débito y crédito. En contra: un circuito es un circuito. Aunque, claro, el banco que se mete en este baile, más que banco es una cueva. Y una cueva es una cueva. Y donde alguien tira de la piola, se pudre todo. Ejemplos sobran: escándalo UBS (EEUU), escándalo LGT Bank (Liechtenstein), cueva del BNP Paribas (Argentina) y... Hernán Arbizu.

El buen muchacho trabajó para unos cuantos bancos (Citibank, BankBoston, UBS/Unión de Bancos Suizos), hasta que llegó a JPMorgan. Durante años abrió cuentas para argentinos en el exterior sin preguntar (obvio) de dónde salía el dinero. Aparecen unos cuantos del Who is Who local.

El pequeño problema es que Arbizu comenzó a toquetear el dinero de algunas cuentas para inflar los intereses percibidos por otros clientes. Hasta que se armó una bola de nieve. Sólo fue cuestión de tiempo para que alguien se diera cuenta. Y cuando ocurrió, fue cuesta abajo en la rodada. Con pistola en la cabeza, según cuenta él, incluida.

Ahora, Arbizu procura evitar que lo extraditen a EEUU, donde la denuncia de JPMorgan podría llevarlo 30 años tras las rejas salvo que negocie colaborar con los fiscales. Por eso, eligió dónde quiere perder, Argentina, y pateó el tablero. Claro está, un tablero repleto de apellidos sensibles, poder y dinero negro. Montañas de billetes.

Todo esto me lleva al dilema obvio: ¿maleta o cueva?

pd: para más información sobre sus problemas en EEUU, acá; sobre su relato, acá; y su lista de clientes, acá.