El HSBC tentó durante años a sus potenciales clientes con ofrecimientos que pocos rechazaron. Al igual que otros muchos bancos que operan en la plaza local, los archivos filtrados por el técnico informático Hervé Falciani al diario Le Monde, que luego compartió con el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ, en inglés), integrado por LA NACION, revelan asombrosos detalles de la operatoria del HSBC Ginebra.
Las fichas de clientes que los propios empleados del banco escribían exponen estas situaciones. "El cliente informó que la garantía fue cancelada en la sede Buenos Aires", escribieron después de una llamada telefónica del economista David Goldfarb en noviembre de 2005. ¿Qué significa eso? Que los interesados en transferir fondos al exterior no tenían que pasar por Ezeiza o cualquier otro aeropuerto. Y así, por ejemplo, el socio de Miguel Abadi, el argentino que lidera la lista global del HSBC suizo, sólo tuvo que pasar por las oficinas porteñas para ponerse al día con esos papeles.
Si prefiere Nueva York para evitar las leyes argentinas, también podemos oficiar anfitriones. Eso sucedió en junio de 2005, cuando Amalia Lacroze de Fortabat concretó la venta de Loma Negra cerca del Central Park, para evitar, así, el encaje bancario que ordenaba el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna. Aunque se trataba de una empresa argentina, el dinero nunca pasó por aquí: de Estados Unidos a Suiza sin escalas.
pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.




