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miércoles, 20 de febrero de 2013

El otro Vaticano

Pese a sus achaques, tropiezos y todo lo demás que protagoniza desde hace meses, el diario El País de España se mantiene como un punto de referencia periodístico en habla hispana.

Un ejemplo reciente de esto es la crónica que publicó este domingo de su corresponsal en Italia, Pablo Ordaz, sobre las pujas dentro del Vaticano.


Comienza así:

Debajo de su llamativo uniforme con bandas azules y amarillas, el centenar de guardias suizos que protege al Papa —ninguno menor de 19 años ni mayor de 30— esconde una pistola semiautomática Sig-Sauer de doble acción y un adiestramiento muy severo en artes marciales. Debajo de su piadoso nombre, Instituto para las Obras de Religión, el banco del Vaticano esconde un tormentoso pasado de crímenes y conexiones con la Mafia y un presente no mucho más limpio de blanqueo de capitales. Debajo, en fin, de las bellas palabras que el secretario de Estado, monseñor Tarcisio Bertone [foto arriba, junto al Papa], dirigió a Benedicto XVI durante la celebración del Miércoles de Ceniza se esconde una vieja guerra de poder llevada hasta el límite mismo de la renuncia. El nombramiento in extremis del barón Ernst Von Freyberg, caballero de la poderosa Orden de Malta y constructor de buques de guerra, como nuevo presidente del banco del Vaticano supone sin lugar a dudas el capítulo final de esa guerra. En el sagrado reino de los símbolos y la diplomacia, resulta revelador que la última decisión de Ratzinger como Papa haya sido quitarle la llave del dinero a su fraternal enemigo Bertone”.

Para leer, disfrutar de su redacción y comprender un poco más lo que ocurre detrás de la imagen beatífica que procura emanar el Vaticano.

pd: el resto de la crónica, acá.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Leila, la maestra

“Las cosas que han quemado el periodismo tienen que ver con periodistas que no se han formado en la calle, que se han acostumbrado a hacer las cosas por teléfono, que confían en que Twitter o Facebook son una gran fuente de información. Hay periodistas a los que las cosas les suceden a la vuelta de su trabajo y no se toman la molestia de salir a la calle. Pero esto es un vicio promovido, también, por cierta manera de trabajar que han establecido los medios en los últimos tiempos. No quiero cargar contra los periodistas. Me parece que en ese afán de hacerlo corto, rápido, ya, también se ha cultivado esa forma de trabajo en la que da lo mismo ir a ver a una persona, o llamarla, o «googlearla». Eso tiene que ver con el reporterismo, que es el alma del periodismo. Sin reporterismo no hay historia, no existe la historia. Ha pasado más bien por eso, y por esta idea de que hoy en día un periodista tiene que salir a la calle con una cámara de fotos, un móvil, una grabadora, hacer la foto, el vídeo, poner vínculos en su página... En ese sentido se ha precarizado la profesión y se ha olvidado cuál es el movimiento primigenio que hace el periodista. Un periodista es una cámara con sus ojos, alguien que sale de su lugar de comodidad para ponerse incómodo, y va a buscar y vuelve para contarlo. Ese movimiento está en la base de la cosa periodística, por lo menos desde hace treinta años para acá. La historia del periodismo es la historia de ir, ver, y volver para contarlo”. 

Quien lo dice es Leila Guerriero, una de las mejores periodistas narrativas de América Latina, hoy. Argentina, autodidacta, maestra de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por Gabriel García Márquez, ella jamás estudió en una Escuela de Periodismo. Y, por lo visto, mal no le fue. Pero siempre sale de su casa con un libro en el bolsillo y sus ojos bien abiertos.


Añade: “Lo que hay es una enorme carencia de lectura. No hay ninguna facultad de Periodismo que yo conozca que tenga un plan de lectura de ficción tan serio como el de no ficción. Un periodista no puede alimentar su prosa solo de leer a otros periodistas. De hecho, todos esos referentes consumían masivamente literatura, iban al cine, al teatro... Lo único que tiene un periodista como arma de trabajo es su cabeza, pero su cabeza debe estar bien amueblada. Siento que los periodistas, lamentablemente, leen súper poco. Hay periodistas que creen que leyendo un diario van a poder producir una pieza impresionante. No puedes escribir un artículo impresionante si no lees a Richard Ford, si no sabes quién es Lorrie Moore, John Irving... ¿Alguien sabe quién es Michael Ondaatje o Flannery O’Connor? Son nombres súper obvios, autores contemporáneos cuya prosa debe alimentar la narrativa periodística”.

Para leer y pensar (y en mi caso, buscar libros de estos autores que menciona).

pd: la entrevista completa por el gran Alfonso Armada, acá.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El último gran escape

Sólo para gozar. Aquí les va el arranque de una exquisita crónica de Patricia Ortega Dolz en el diario El País de España. Porque se puede informar y entretener con, además, una pluma estupenda:

Agotado por el odio, harto de vivir “como un perro”, cansado de buscar rendijas por las que escabullirse, decidió planear su última fuga a conciencia. La última gran escapada de Garfia, el preso más peligroso de España, fue la de sí mismo: “Ya no soy Garfia, soy Juanjo”.


A Juan José Garfia Rodríguez (Valladolid, 1966) le costó tres asesinatos, cinco atracos, 26 años en prisión, el secuestro de un teniente coronel, una huelga de hambre, más de diez motines, y dos fugas convertir su apellido en una marca carcelaria, la mejor, la más respetada, la más temida, la más detestada y la más venerada (según se mire de un lado u otro de la ley). Tanto que todavía hoy, cuando ya ha renunciado a su patente, le siguen preguntando por ella por la calle. Media vida empleada a fondo en crear un mito entre barrotes para disolverlo después, para borrarlo para siempre, para empezar de cero por voluntad propia y no porque le trasladaran de prisión o porque nombraran a un nuevo alcaide en la suya. La gran huida de Garfia, la verdadera, empezó el día en que quiso ser Juanjo, a secas.

pd: el resto de la crónica de El País, acá.