Mostrando entradas con la etiqueta Herbert Steffen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Herbert Steffen. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2012

Siemens, tenemos un problema

Los gringos van por Siemens y por el capítulo argentino de sus macanas, con aquello del Proyecto DNI y cerca de 106 millones de dólares negros. ¿Por qué lo digo?

Un juez federal aceptó que la Comisión de Valores gringa (SEC) notifique a través del diario International Herald Tribune a cuatro ex ejecutivos germanos. Deberán presentarse ante una Corte en Manhattan por cargos criminales y civiles basados en la ley que penaliza las prácticas corruptas en el extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés).


¿Y quiénes son esos cuatro Siemens’ boys? Ulrich Bock, Uriel Sharef, Stephan Signer y Herbert Steffen. ¿Y qué tienen en común los cuatro? Que fueron protagonistas centrales, decisivos, del pago de sobornos a funcionarios argentinos de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa (las sospechas también alcanzan a ciertos colaboradores de Eduardo Duhalde, mientras que varios de esos ejecutivos germanos luego continuaron con otros negocios con el kirchnerismo).

Para que quede más claro: Bock es quien escribió el memo flamígero, Sharef fue el máximo responsable de Siemens para las Américas y del Proyecto DNI en particular, Signer fue el enlace en Munich para las negociaciones espurias y Steffen… bueno, por algo su apodo en Munich era “Míster Argentina”, ¿no?

Es decir, que aquello que no hizo, ni termina de hacer, la Justicia argentina, ya lo hizo la Justicia de Alemania, al igual que la Unión Europea y Estados Unidos.

pd: más datos sobre la ofensiva gringa sobre Siemens, acá.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Siemens - Cumbre en Miami

Agradezco al diario Perfil las 4 páginas que dedicó a mi libro “Las coimas del gigante alemán” en su edición de este domingo. Más aún, lo definió como “una investigación periodística rigurosa”.

Ergo: GRACIAS.

Con la debida autorización de Editorial Planeta, Perfil publicó completo uno de los capítulos del libro, el 14°, "Miami Beach".

Y dice:

Ustedes no tienen ningún interés en que esto trascienda —les clarificó Carlos Sergi.

A su lado, asintió Miguel Czysch.

Ulrich Bock y Andrés Truppel se tragaron sus insultos y buscaron una salida elegante. No del hotel Sheraton Bal Harbour donde conversaban, en el corazón de Miami Beach, sino del apriete.

—Ocurre que yo tengo mandato para negociar, pero no para decidir. Tendré que consultarlo en Munich –acotó Bock.

—Muy bien, transmítale entonces a sus superiores que nos deben entre 37 y 39 millones de dólares.

—Eso no será viable. Dentro de SBS se apartaron 40 millones de dólares para este tipo de “contingencias”, pero también tenemos que hacer frente a las exigencias del grupo de Blas Medina y de Hugo Franco, por lo que necesitamos su ayuda para cuadrar todos los pagos.

La indignación de Sergi, juran dentro de Siemens, sería palpable aún por las salas de reuniones del Sheraton si no fuera que al hotel y beach resort lo demolieron en noviembre de 2009.

“El Padrino” vociferó que a Medina no le debían nada, que él ya le había pagado su porción y que, llegado el caso, él se encargaría de negociar con ese contact-man.

El ingeniero tampoco ocultó su fastidio porque, según él a pedido del ex CEO de Siemens Argentina, Luis Schirado [foto, abajo], había sido él quien les había entregado dinero a ciertos funcionarios decisivos. Y al 6 de julio de 2001, mientras conversaban junto a las palmeras y la bonita vista del Océano Atlántico, todavía le daban vueltas con el reintegro.

¿A quienes les había pagado? ¿A los del menemismo? ¿A los de la Alianza? ¿Era acaso cierto lo que decía? ¿O era otro de sus cuentos para fortalecer un reclamo de su exclusivo interés?

A Bock le daba igual lo que hubiera pasado antes. Lo que tenía claro es que quedaban por resolver los 12 millones de dólares que aún reclamaba el ex interventor de Migraciones, Hugo Franco. Para sí, para su jefe directo, el ex ministro del Interior Carlos Corach, y para más arriba también.

Carlos Saúl Menem llevaba 29 días detenido por la Causa Armas en la quinta de su amigo Armando Gostanián en Don Torcuato. Pero eso en la Florida parecía resbalarles. Lo relevante no era su arresto domiciliario que la “mayoría automática” de la Corte Suprema de Justicia revertiría meses después. Lo importante eran las deudas pendientes.

Tras todo el viernes metidos en la sala de reuniones que reservaron en el Sheraton, el acuerdo tomó forma.

Primero, los 39 millones de dólares disponibles por Bock y Truppel se repartirían entre dos grupos: uno bajo la órbita de Sergi y el otro bajo la responsabilidad de Herbert Steffen, para cumplir con las deudas “alrededor del Ministerio del Interior”, a través de unas so¬ciedades uruguayas.

Segundo, a Sergi le pagarían los 27 millones de dólares que se habían acordado allá en Munich, pero no los otros 12 millones que ahora reclamaba en Miami. Un tramo de 22,2 millones los recibiría a través de un nuevo “contrato de asesoramiento” de Siemens con la suiza MFast. Y los restantes 4,8 millones mediante la compra de acciones de la firma argentina Invercasa, controlante de la argentina Mailfast SA junto a la sociedad uruguaya Penguin Holding SA, también vinculada a “El Padrino”, a Czysch y a Angel Bahjat Orfali.

Tercero, Siemens debería abonar lo que correspondía a Sergi durante los 14 días siguientes.

Cuarto, los pagos fluirían a través de distintos canales. Es decir, de sociedades pantalla. Así, 11,1 millones de dólares deberían transferirse a MFast, en Suiza, quizá al banco Berner Kantonalbank AG, a la cuenta CH37007790016241178665; y los restantes 15,9 millones se desperdigarían entre Linfarm Inc. SA, Silverlinks Company Ltd., Consultora Neelrey SA y la siempre presente Rodmarton Ltd.

Quinto, con el efectivo pago de esos 27 millones de dólares, Sergi no tendría más nada que reclamarle a Siemens.

Caballeros de bien, por supuesto, no hubo abogados, ni escribanos para rubricar el acuerdo. Sólo la palabra de cada uno a modo de garantía. Porque, al decir de Czysch, y a pesar de la “extorsión” que dijo sentir Bock, se daban por “satisfechos con un apretón de manos, dada la cooperación de largos años”.

Por lo que ocurrió 10 días después, sin embargo, la palabra empeñada fue a todas luces insuficiente.

Ya en Munich, Bock intentó cerrar la historia, al punto que procuró coordinar la forma jurídica con el síndico adjunto de Siemens AG, Wilfried Walisch –también miembro del “crisis team” por el Proyecto DNI–, y con los abogados de MFast del estudio Fischer & Gukelberger.

Desde Buenos Aires, Truppel también avanzó lo que pudo y le envió un fax a Bock en alemán, aunque con la confianza mutua que les daba lo vivido juntos en Miami y alejado de los formalismos germánicos saludó con un “Querido Uli”.

En el fax le expuso que “como se discutió, te envío las facturas, firmadas y en negro”, aunque le recomendó retocar lo necesario para ajustar los papeles.

¿Qué papeles y qué facturas? Los necesarios para modificar el contrato con Invercasa y así pagar los 4,8 millones de dólares que debían fluir a través de ese canal.

“Uli” llegó incluso a extender uno de los cheques millonarios.

Pero el nuevo director comercial de SBS y presidente del directorio de área de esa compañía entre 2001 y 2002, Reinhart Bubendorfer, que llevaba tres meses en el puesto y que como tal era el superior directo de Bock y de Eberhard Reichert, el otro responsable directo en Alemania por el Proyecto DNI, se negó a darle la segunda firma que requería el pago. Más aun, le increpó a Bock el acuerdo al que había arribado en el estado de Florida. Le recriminó “cómo podía defender los intereses de Sergi”.

Bubendorfer se opuso, a pesar de los reclamos airados de Truppel, que comenzó a contarle las amenazas que recibía, y de Steffen, que le enumeró múltiples razones políticas y comerciales para que destrabara los fondos. Incluso se resistió a la orden de su jefe en SBS, Friedrich Fröschl, aquel que en 1999 había viajado hasta Nueva York para cerrar el acuerdo secreto por Itron con Franco Macri.

—¿Por qué voy a firmar yo? ¿Para qué? Que lo firme otro –los frenaba Bubendorfer.

—Es que necesitamos tu firma. ¡En la Argentina estamos en riesgo! –lo urgía Truppel.

Bubendorfer optó por cortar por lo sano. Convocó al Chief Financial Officer (CFO) global de la compañía y miembro de su directorio central, Heinz-Joachim Neubürger, y a su síndico y máximo ejecutivo anticorrupción, Albrecht Schäfer, a un encuentro en Munich con Truppel y “Mister Argentina” Steffen que distó de ser agradable.

—¿Sabe quién es él? –lo inquirió Bubendorfer a Truppel, mientras apuntaba a Schäfer, el canoso de bigotes y ojos claros como el agua que escuchaba a su lado–. ¿Se lo presento? Ahora, pasemos en limpio. ¿Tienen algo para decir?

—Necesitamos 30 millones de dólares para honrar ciertas deudas –esbozó Steffen, que obvió precisar quiénes eran los acreedores o las causas de esa obligación.

—Imposible –lo frenó Schäfer–. Si no existen requerimientos lega¬les para sostenerlos, no podemos apoyar nuevos reclamos.

Para complicar aun más la situación, su segundo, Wilfried Walisch, optó por cubrirse sus espaldas y puso por escrito aquello que su jefe sólo les comunicó de palabra. Redactó un memo contrario al acuerdo sellado en Miami tras concluir que podría ser ilegal y que los papeles que aportó Sergi no alcanzaban para destrabar los millones de dólares requeridos.

Así que Truppel, Bock y Steffen sintieron que, como en el juego de la oca, la situación retrocedía hasta el casillero previo a la reunión en Miami, lo que le comunicaron a Czysch y al cuñado de “El Padrino”, Carlos “Charlie” Soriano, en Munich. Eso sí, y dadas las amenazas que florecían por Buenos Aires, no aludieron a la negativa; optaron por decirles que los pagos no se podían concretar de inmediato “debido a dificultades técnicas”.

“Mister Argentina” sentía –o al menos eso dijo sentir cuando declaró años después ante los investigadores de la Fiscalía I de Munich– que le respiraban en la nuca y que Franco era capaz de cualquier cosa. Hasta de atentar contra su vida o su seguridad física. Por algo lo calificó de “matón”.

¿Hasta qué punto eran ciertas esas amenazas? Nadie en las oficinas centrales de Siemens AG lo sabía a ciencia cierta. Sí conocían los rumores y versiones sobre un ejecutivo argentino que se habría refugiado en España. O sobre el supuesto secuestro de un chiquito, hijo de otro ejecutivo, por una deuda impaga en otro negociado de la compañía, algo que desde la filial argentina niegan a rajatabla.

Sí coinciden todos, sin embargo, en que quienes aludían a las presiones y amenazas como algo inherente al Proyecto DNI eran Truppel y Steffen, que estaban metidos hasta sus cogotes en el barro por órdenes de Uriel Sharef, el “Profesor Neurus” de sonrisa permanente, ya fuera tras comunicar un ascenso o un despido o estuviera en un velorio, pero ambos concentraban las sospechas de sus propios colegas.

“Pues sí, a veces sospechaba que Truppel se enriquecía”, resumió Bock ante los fiscales que lo interrogaron, varios años después. Sospechas que extendió a Steffen, aunque no pudo decir bien por qué. Una cuestión de pálpito. O quizá que veía a Steffen ser “íntimo de Sergi”. O que él “quería pagar la menor cantidad de dinero posible y a veces [le] sorprendía la forma en que ciertas personas defendían los pagos”.

Lo irónico de la situación es que, al mismo tiempo, Sharef era el presidente formal de Siemens Argentina –justo por encima del CEO, Schmidt– y había participado como miembro del directorio mundial de Siemens AG en la aprobación de la nueva Guía de Conducta Corporativa que con gran suficiencia ética imponía que “ningún empleado podrá directa o indirectamente ofrecer o entregarle ventajas injustificadas a terceros en relación a acuerdos de negocios, ni en forma pecuniaria ni como cualquier otro beneficio”.

La Guía quedó en desuso tan pronto como entró en vigencia por una simple cuestión cuantitativa. No sólo por el escaso personal asignado a controlar las operaciones de toda la multinacional. También, porque no alcanzaba a los lobbistas como Manuel Vázquez, que nadaban en las aguas turbias como rémoras pegadas al tiburón y no eran alcanzados por sus reglas de convivencia. El 16 de agosto de 2001, le escribió a su jefe de ICS que había concretado una “larguísima reunión con el ‘Abogado’ del Ministerio” para averiguar qué pasaría con lo que debían cobrar por la auditoría encomendada a la consultora Swipco ahora que el contrato con Siemens era parte del pasado.

Vázquez nunca identificó por su nombre al “Abogado”, al que se refirió así, con “A” mayúscula, aunque por lo que escribió, ese letrado jugó un doble juego. Sabía del Proyecto DNI, accedía a información gubernamental y asesoraba a los privados: “Este señor me dijo que no tiene la menor duda de que Swipco debe recibir una suculenta indemnización del gobierno y de lo que reciba Siemens”. No sólo eso, también le sugirió “cómo debemos encarar nuestro reclamo”. Y por si hiciera falta, Vázquez acotó en su postdata: “este Abogado está a mi disposición para lo que necesite”.

¿A cambio de qué? ¿Por amor al arte? ¿O su amistad del “Abogado” con Vázquez era tan estrecha que estaban por encima de los intereses del Ministerio que debía defender?

Sergi también podía pasar por debajo de los nuevos y supuestos radares teutones creados por la “Guía de Conducta Corporativa”, pero al menos sí quedó pegoteado en Buenos Aires por la “Comisión Especial Investigadora sobre Hechos Ilícitos vinculados con el Lavado de Dinero” que presentó lo que pronto se conoció como “el Informe Carrió”.

“Se recomienda investigar a Carlos Sergi”, alertaron los diputados liderados por la dirigente opositora Elisa Carrió. Lo identificaron como dueño de Celulosa Argentina e interlocutor asiduo del empresario, lobbista y cuñado presidencial, Emir Yoma, también preso en la Causa Armas, como surgía de las pletóricas agendas de su ex secretaria, Lourdes Di Natale, la muchacha devenida en testigo locuaz que moriría dos años después de un modo extrañísimo.

Marcelo Cattáneo, IBM-Banco Nación, José Luis Cabezas, Alfredo Yabrán, Emir Yoma, Lourdes Di Natale… amenazas, presiones, aprietes, extorsiones… el cóctel de los negocios y el poder era peligroso y podía resultar letal.

El 31 de agosto de 2001, varios de los que bailaban dentro de Siemens intentaron pasar en limpio la situación. Por enésima vez. Y no sería la última.

Reunidos en la sede central de Siemens AG, en el palacio que perteneció al príncipe Ludwig Ferdinand von Wittelsbacher en Munich, nueve ejecutivos se congregaron alrededor de una mesa. Asistieron miembros del directorio mundial –Sharef y Volker Jung, el de los iraníes mejor que los argentinos–; el CEO de SBS, Friedrich Fröschl, su subalterno del “no”, Reinhart Bubendorfer; uno de los abogados que compartían su negativa, el síndico Schäfer; y también Steffen, Truppel, Kutschenreuter y hasta el CFO global de la compañía, Neubürger.

Truppel reiteró el aspecto más concreto y perentorio de todo el asunto: él y su familia estaban amenazados. Y Steffen planteó, una vez más, las razones políticas y comerciales por las que ameritaba pagar.

Cuando le llegó el turno, sin embargo, Schäfer reafirmó su visión reticente sobre el trasfondo jurídico del asunto y las dificultades lega¬les de acatar lo pactado en Miami a través de MFast o cualquier otra firma pantalla.

Sharef decidió esquivar ese escollo jurídico. Planteó que si no se le podía pagar a Sergi porque su reclamo carecía de un respaldo legal o contractual sólido, que Sergi entonces planteara un arbitraje. Si eso ocurría, abundó, Siemens perdería –o más bien se dejaría perder–, y luego le pagarían el resarcimiento económico que impusiera el tribunal arbitral.

A Albrecht Schäfer, sin embargo, algo no le cerraba de todo eso. ¿Quién era Sergi? ¿Y Franco? ¿Existían esas supuestas amenazas a Truppel y su familia? Volvió a su oficina, ordenó sus papeles y revisó su agenda. Decidió aprovechar una conferencia regional de la compañía que se celebraría en unos días más en Buenos Aires para hurgar un poco.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 lo engancharon en pleno viaje.

pd: el texto, como lo publicó el diario Perfil, acá.

jueves, 14 de julio de 2011

Zafó "El Guasón"

Una buena para Siemens, una mala para la Fiscalía de Munich. Ese es el resumen de lo que publicó la edición alemana del Financial Times (gracias, lector, por el envío).

¿Qué pasó? Los investigadores concluyeron, tras cuatro años de investigación, que no acumularon la evidencia necesaria para ir a fondo contra el “Chief Financial Officer” (CFO) de Siemens a nivel mundial, Heinz-Joachim Neubürger [foto].

“Esto es muy embarazoso para la Fiscalía”, le dijo un informante dentro de Siemens al Financial Times.

Linda visión la del bocón. Es como sostener que es avergonzante para Barcelona que el Almería le haya metido un gol, sin aclarar que el Barca va ganando el partido por 18 a 1 y todavía faltan 20 minutos para que termine el partido…

¿Por qué digo esto?

Porque fruto de la labor de la fiscalía alemana (y sólo cito los cuatro puntos):

1. Siemens entregó a sus ejecutivos con moño;

2. Siemens pagó multas millonarias;

3. Siemens echó (casi) a patadas a 11 de los miembros de su directorio central;

4. El vicepresidente (y máximo responsable para las Américas y, como tal, del Proyecto DNI), Uriel Sharef, está complicado y enfila hacia el juicio oral.

Sin embargo, será una lástima que “El Guasón” Neubürger zafó de acompañar a Sharef en el banquillo. Por eso nunca sabremos los detalles de, por ejemplo, la reunión que mantuvo en Munich con el CFO de Siemens Argentina, Andrés Truppel, y Herbert “Mister Argentina” Steffen para discutir US$ 30 millones en pagos indebidos.

Tampoco conoceremos sus argumentos para obligar a dos subalternos -Paul Stodden y Bernd Regendantz- para que previsionaran pérdidas (ficticias) por US$ 10 millones en las cuentas de SBS por el Proyecto DNI.

Una lástima.

pd: el link a la nota del FT, acá; más datos, en el libro.

jueves, 7 de julio de 2011

Con Alí en su rincón del ring

“Ayer tuve un encuentro con el profesor doctor Rolf Watter, que como abogado del señor Sergi, le ha sido encargado un procedimiento de arbitraje que será presentado en Suiza”.

Así fue como el CFO de Siemens Argentina, Andrés Truppel, inició el e-mail que le envió a Herbert “Mister Argentina” Steffen, que si creía que lo había visto todo de los argentinos, ahora sintió que debía ampliar un nuevo tomo su enciclopedia de la viveza criolla: Truppel daba ante sus ojos una voltereta en el aire y pasaba a jugar para el lobbista Carlos Sergi.

En unos pocos párrafos, Truppel le comentó que Herr Doktor Professor Watter [foto], del reconocido estudio jurídico Bär & Barrer de Zurich, le había pedido su testimonio “en relación a ciertos aspectos del contrato firmado entre SBS y MFast”. Y Truppel, alias "El Peligroso", ya que estaba, en su breve declaración lo había pegoteado a Steffen en los frustrados intentos de “encontrar una solución para hacer los pagos” tras el cónclave de Miami Beach.

Si Steffen buscó quién era el tal Watter en Google, comprendió rápido que no era un improvisado. Por el contrario, figura desde hace años en múltiples guías especializadas como uno de los abogados más respetados del mundo, además de como el “más influyente de Suiza”.

O dicho de otro modo: si a las piñas había que llegar con Siemens, "El Gigante Alemán", Sergi había sentado a Muhammad Alí en su rincón del ring. Y lo bien que hizo: Watter le hizo ganar millones de euros en un arbitraje secreto.

pd: más datos sobre Sergi, su Alí y el arbitraje que siguió, en el libro.

martes, 5 de julio de 2011

El príncipe alemán

El video, producido en inglés por la Deutsche Welle (DW) para su servicio informativo mundial, ofrece un buen resumen sobre el escándalo Siemens mientras se desarrollaba alrededor del mundo.

La primera secuencia del video comienza con la imagen de la plaza de Ludwig Ferdinand von Wittelsbacher, el príncipe que da nombre también al palacio (donde vivió) y donde ahora funciona la sede central de Siemens AG. Allí se celebró una larguííííííísima serie de reuniones sobre el Proyecto DNI. Entre otras, la del 31 de agosto de 2001.

Aquel viernes, nueve ejecutivos de la multinacional (incluidos Uriel Sharef y Volker Jung -el del post anterior-, Herbert "Mister Argentina" Steffen, Andrés "Peligroso" Truppel y Michael Kutschenreuter, entre otros), discutieron si correspondía o no ahondar por la senda de los pagos paralelos.


Fue allí, durante aquella reunión, que el síndico Albrecht Schäfer se opuso a continuar con los pagos al lobbista e intermediario Carlos Sergi, preguntó quién era Hugo Franco y hasta quiso saber más sobre las supuestas amenazas a Truppel y su familia. Por eso es que decidió, sin más, aprovechar una reunión regional y viajar a Buenos Aires al mes siguiente (pero eso será eje de otro post).

Entre los entrevistados en el video figura, además, el gran Klaus Ott, sabueso temible del diario de Munich, Süddeutsche Zeitung. Y fue Ott uno de los periodistas que más desenterró de ese escándalo durante varios años.

Otro de los entrevistados, en tanto, marcó un dato insoslayable: entre la codicia y el miedo a ser descubiertos, la balanza dentro de Siemens se inclinó hacia el primer fiel sin mayores dudas. Entre otros motivos porque la eventual condena que podía recibir la compañía si la atrapaban (como la atraparon) resultaba menor con respectivo a los beneficios económicos. Y así fue.

pd: más datos, en el libro.

martes, 28 de junio de 2011

Truppel, el peligroso

Inteligente y manipulador, tan agudo como peligroso, Andrés Truppel retornó a la Argentina a fines de 1996. Volvió a la filial de Siemens en Buenos Aires, donde había dado sus primeros pasos dentro de la multinacional, como su nuevo responsable financiero o “CFO”, tras una larga carrera que incluyó escalas en Alemania, Estados Unidos y México.

Llegó en el momento justo para bailar a lo grande por la dimensión paralela del Proyecto DNI.

Y bailó.

Junto a Luis Schirado y Carlos Sergi conformó una trilogía legendaria, según cuentan los que saben del Proyecto DNI. Una sociedad legendaria, respaldada desde Alemania por otro nombre poco conocido, pero decisivo en la trama, Herbert Hans Steffen, quien conocía tanto del mundillo político y empresarial criollo que dentro de “La Casa” lo apodaron “Míster Argentina”.

Truppel no terminó de acomodarse en su nueva oficina cuando empezó a detectar pagos extraños a intermediarios peculiares, pilas de dinero en efectivo que iban y venían, y negociaciones con una filial de Siemens, Business Solutions, a la que todos llamaban por sus siglas: SBS.

A partir de entonces, Truppel intervino en reuniones clandestinas -como la celebrada en Miami Beach-, conversó con Ulrich “Uli” Bock sobre su memo flamígero, negocios pagos cuanto menos polémicos, denunció amenazas y secuestros (incluso de chiquitos de ejecutivos locales de Siemens) para presionar en Alemania por pagos indebidos, declaró en el arbitraje secreto en Zurich y mucho, muchísimo más.

Hoy vive tranquilo en San Isidro.

pd: más datos, en el libro.

viernes, 24 de junio de 2011

El apriete de Sergi

Corría febrero de 2003 y, harto ya de las idas y vueltas, el lobbista e intermediario de los rubros más escabrosos del Proyecto DNI decidió poner por escrito sus reclamos y advertencias.

Para eso, le escribió una carta dirigida a Andrés Truppel, el CFO de Siemens Argentina, y a Herbert Steffen, quien se ganó el apodo "Míster Argentina" tras presidir la filial local de la multinacional durante varios años. Steffen viviría luego una situación increíble con (y su propio apriete por) un juez federal argentino, pero eso será el centro de otro post...

La cuestión es que bajo el rótulo "Confidencial" [ver arriba], Sergi le recordó a ambos las reuniones secretas que mantuvieron en Miami y en Madrid, y los acuerdos verbales sellados en ambas ocasiones.

Sergi también les anticipó que si no se concretaba lo acordado (es decir, más $$$), abriría un tan incómodo como multimillonario reclamo arbitral en Suiza o en Estados Unidos, prescindiendo del acuerdo de confidencialidad.

Lo interesante es lo que escribió a continuación: "Esto podría ir en detrimento de la imagen de la compañía y de sus ejecutivos. No asumiremos ninguna responsabilidad por este riesgo muy real". En particular, recordó, desde que actuó siempre "de acuerdo a los deseos de la corporación".

Eso y lo que dijo Sergio Schoklender al recordar que él era apenas un empleado de Hebe de Bonafini es lo mismo. Es decir, "si yo bailo, vos bailás; y si yo caigo...".

Mal no le fue a Sergi con su apriete...

pd: más datos, en el libro.

jueves, 9 de junio de 2011

Corach y la Puerta de Brandenburgo

Astuto como pocos políticos argentinos, Carlos Vladimiro Corach podría ser torero (y de fuste) si viviera en España.

¿Por qué?

Pues porque el domingo, según me comentaron varios colegas y amigos, aplicó las tres grandes máximas que rigen en la lidia: parar, templar y mandar al toro.

Ocurrió durante el programa Hora Clave, cuando el coequiper de Mariano Grondona, Pablo Rossi, le preguntó sobre las revelaciones que incluí en “Las coimas del gigante alemán” que lo comprometen en el supuesto cobro de 9,75 millones de dólares en coimas en el Proyecto DNI.

Lejos de enojarse, perder el control y cometer un error, Corach empezó por elogiar mi trabajo y destacarme como uno de los mejores periodistas de investigación de la Argentina. Luego, relativizó el caso. Y, por último, retrucó con que si había alguna nueva prueba, debería presentarse ante la Justicia.

O dicho de otro modo, paró al toro, lo midió y esquivó las dudas sobre la sociedad panameña Mirror Development con una verónica, como los grandes en la arena.

¡Olé!

Y nada dijo, por ejemplo, sobre la reunión que un ex CEO de Siemens Argentina involucrado también en el Proyecto DNI, Herbet Steffen (alias "Míster Argentina") declaró bajo juramento en Munich que tuvo con él (Corach) y con el ex interventor en Migraciones, Hugo Franco, en el hotel Adlon de Berlín, donde ambos le habrían reclamado por las coimas pendientes.

¿Olé?

pd: en otro post, subiré los documentos sobre Mirror Development y Corach.

pd: más datos sobre la reunión en el hotel Adlon, a metros de la Puerta de Brandenburgo, en el libro.