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sábado, 28 de diciembre de 2013

Siemens - los primeros 17 procesados

Y un buen día, llegaron los primeros 17 procesamientos por las coimas del "caso Siemens". Claro que se trata recién del primer paso. Pero es un paso. Porque ahora tiraron las redes sobre quienes pagaron las coimas o participaron en el arreglo de la licitación. Pero falta quiénes cobraron la tarasca. Paso a paso, pues. ¿La noticia? Es esta:

El juez federal Ariel Lijo procesó a 17 personas por el presunto pago de sobornos a funcionarios de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa para que la multinacional alemana Siemens se quedara con un multimillonario negocio de la confección de pasaportes y DNI.

Los procesamientos, sin prisión preventiva, pero con embargos por $ 500 millones, alcanzan a ejecutivos de Siemens y de Itrón -una firma que era rival del Grupo Macri con la que después llegó a un supuesto acuerdo ilícito-, y a tres de los presuntos intermediarios en el pago de coimas.

Entre los nueve ejecutivos de la multinacional que fueron procesados está uno de sus máximos responsables a nivel mundial durante los 90, Uriel Sharef, y dos ex presidentes de su filial argentina, Luis Schirado y Matthias Kleinhempel.

Los procesamientos también alcanzan a los alemanes Ulrich Bock -autor del memorándum con las iniciales de cada funcionario que cobró y cuánto percibió, y que LA NACION reveló en 2011-, Eberhard Reichert, Ernst Brechtel y Bernd Regendantz. Y a los argentinos Andrés Truppel -ex responsable financiero de la filial- y José Alberto Ares.


Lijo también procesó a cinco ejecutivos de Itron, una firma del grupo Macri (Socma) "que fue incluida [por Siemens] en el proyecto a cambio de no impugnar la decisión estatal de contratar" a la multinacional, según el magistrado. Son Antonio Solsona, Guillermo Andrés Romero, Orlando Salvestrini, Luis Cudmani y Federico Rossi Beguy.

Los restantes tres procesados, en tanto, habrían actuado como "intermediarios" entre Siemens y los funcionarios para el pago de esos sobornos mediante "contratos ficticios por servicios que jamás" existieron. Son Carlos Francisco Soriano, Miguel Ángel Czysch y José Antonio David, todos ellos vinculados a Carlos Sergi, un lobbista y miembro del directorio de Siemens que fue declarado inimputable por el juez Lijo por una severa enfermedad mental.

Por el contrario, Lijo también dictó el sobreseimiento de cinco imputados: Aldo Carreras, Juan Carlos Denicolay, Rubén Slame, Claudia Maskin y Daniel Alberto Domínguez.

pd: la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá; sobre el caso en general, acá, acá y acá; sobre el libro que escribí al respecto, acá.

miércoles, 18 de julio de 2012

Siemens, tenemos un problema

Los gringos van por Siemens y por el capítulo argentino de sus macanas, con aquello del Proyecto DNI y cerca de 106 millones de dólares negros. ¿Por qué lo digo?

Un juez federal aceptó que la Comisión de Valores gringa (SEC) notifique a través del diario International Herald Tribune a cuatro ex ejecutivos germanos. Deberán presentarse ante una Corte en Manhattan por cargos criminales y civiles basados en la ley que penaliza las prácticas corruptas en el extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés).


¿Y quiénes son esos cuatro Siemens’ boys? Ulrich Bock, Uriel Sharef, Stephan Signer y Herbert Steffen. ¿Y qué tienen en común los cuatro? Que fueron protagonistas centrales, decisivos, del pago de sobornos a funcionarios argentinos de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa (las sospechas también alcanzan a ciertos colaboradores de Eduardo Duhalde, mientras que varios de esos ejecutivos germanos luego continuaron con otros negocios con el kirchnerismo).

Para que quede más claro: Bock es quien escribió el memo flamígero, Sharef fue el máximo responsable de Siemens para las Américas y del Proyecto DNI en particular, Signer fue el enlace en Munich para las negociaciones espurias y Steffen… bueno, por algo su apodo en Munich era “Míster Argentina”, ¿no?

Es decir, que aquello que no hizo, ni termina de hacer, la Justicia argentina, ya lo hizo la Justicia de Alemania, al igual que la Unión Europea y Estados Unidos.

pd: más datos sobre la ofensiva gringa sobre Siemens, acá.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Siemens - Cumbre en Miami

Agradezco al diario Perfil las 4 páginas que dedicó a mi libro “Las coimas del gigante alemán” en su edición de este domingo. Más aún, lo definió como “una investigación periodística rigurosa”.

Ergo: GRACIAS.

Con la debida autorización de Editorial Planeta, Perfil publicó completo uno de los capítulos del libro, el 14°, "Miami Beach".

Y dice:

Ustedes no tienen ningún interés en que esto trascienda —les clarificó Carlos Sergi.

A su lado, asintió Miguel Czysch.

Ulrich Bock y Andrés Truppel se tragaron sus insultos y buscaron una salida elegante. No del hotel Sheraton Bal Harbour donde conversaban, en el corazón de Miami Beach, sino del apriete.

—Ocurre que yo tengo mandato para negociar, pero no para decidir. Tendré que consultarlo en Munich –acotó Bock.

—Muy bien, transmítale entonces a sus superiores que nos deben entre 37 y 39 millones de dólares.

—Eso no será viable. Dentro de SBS se apartaron 40 millones de dólares para este tipo de “contingencias”, pero también tenemos que hacer frente a las exigencias del grupo de Blas Medina y de Hugo Franco, por lo que necesitamos su ayuda para cuadrar todos los pagos.

La indignación de Sergi, juran dentro de Siemens, sería palpable aún por las salas de reuniones del Sheraton si no fuera que al hotel y beach resort lo demolieron en noviembre de 2009.

“El Padrino” vociferó que a Medina no le debían nada, que él ya le había pagado su porción y que, llegado el caso, él se encargaría de negociar con ese contact-man.

El ingeniero tampoco ocultó su fastidio porque, según él a pedido del ex CEO de Siemens Argentina, Luis Schirado [foto, abajo], había sido él quien les había entregado dinero a ciertos funcionarios decisivos. Y al 6 de julio de 2001, mientras conversaban junto a las palmeras y la bonita vista del Océano Atlántico, todavía le daban vueltas con el reintegro.

¿A quienes les había pagado? ¿A los del menemismo? ¿A los de la Alianza? ¿Era acaso cierto lo que decía? ¿O era otro de sus cuentos para fortalecer un reclamo de su exclusivo interés?

A Bock le daba igual lo que hubiera pasado antes. Lo que tenía claro es que quedaban por resolver los 12 millones de dólares que aún reclamaba el ex interventor de Migraciones, Hugo Franco. Para sí, para su jefe directo, el ex ministro del Interior Carlos Corach, y para más arriba también.

Carlos Saúl Menem llevaba 29 días detenido por la Causa Armas en la quinta de su amigo Armando Gostanián en Don Torcuato. Pero eso en la Florida parecía resbalarles. Lo relevante no era su arresto domiciliario que la “mayoría automática” de la Corte Suprema de Justicia revertiría meses después. Lo importante eran las deudas pendientes.

Tras todo el viernes metidos en la sala de reuniones que reservaron en el Sheraton, el acuerdo tomó forma.

Primero, los 39 millones de dólares disponibles por Bock y Truppel se repartirían entre dos grupos: uno bajo la órbita de Sergi y el otro bajo la responsabilidad de Herbert Steffen, para cumplir con las deudas “alrededor del Ministerio del Interior”, a través de unas so¬ciedades uruguayas.

Segundo, a Sergi le pagarían los 27 millones de dólares que se habían acordado allá en Munich, pero no los otros 12 millones que ahora reclamaba en Miami. Un tramo de 22,2 millones los recibiría a través de un nuevo “contrato de asesoramiento” de Siemens con la suiza MFast. Y los restantes 4,8 millones mediante la compra de acciones de la firma argentina Invercasa, controlante de la argentina Mailfast SA junto a la sociedad uruguaya Penguin Holding SA, también vinculada a “El Padrino”, a Czysch y a Angel Bahjat Orfali.

Tercero, Siemens debería abonar lo que correspondía a Sergi durante los 14 días siguientes.

Cuarto, los pagos fluirían a través de distintos canales. Es decir, de sociedades pantalla. Así, 11,1 millones de dólares deberían transferirse a MFast, en Suiza, quizá al banco Berner Kantonalbank AG, a la cuenta CH37007790016241178665; y los restantes 15,9 millones se desperdigarían entre Linfarm Inc. SA, Silverlinks Company Ltd., Consultora Neelrey SA y la siempre presente Rodmarton Ltd.

Quinto, con el efectivo pago de esos 27 millones de dólares, Sergi no tendría más nada que reclamarle a Siemens.

Caballeros de bien, por supuesto, no hubo abogados, ni escribanos para rubricar el acuerdo. Sólo la palabra de cada uno a modo de garantía. Porque, al decir de Czysch, y a pesar de la “extorsión” que dijo sentir Bock, se daban por “satisfechos con un apretón de manos, dada la cooperación de largos años”.

Por lo que ocurrió 10 días después, sin embargo, la palabra empeñada fue a todas luces insuficiente.

Ya en Munich, Bock intentó cerrar la historia, al punto que procuró coordinar la forma jurídica con el síndico adjunto de Siemens AG, Wilfried Walisch –también miembro del “crisis team” por el Proyecto DNI–, y con los abogados de MFast del estudio Fischer & Gukelberger.

Desde Buenos Aires, Truppel también avanzó lo que pudo y le envió un fax a Bock en alemán, aunque con la confianza mutua que les daba lo vivido juntos en Miami y alejado de los formalismos germánicos saludó con un “Querido Uli”.

En el fax le expuso que “como se discutió, te envío las facturas, firmadas y en negro”, aunque le recomendó retocar lo necesario para ajustar los papeles.

¿Qué papeles y qué facturas? Los necesarios para modificar el contrato con Invercasa y así pagar los 4,8 millones de dólares que debían fluir a través de ese canal.

“Uli” llegó incluso a extender uno de los cheques millonarios.

Pero el nuevo director comercial de SBS y presidente del directorio de área de esa compañía entre 2001 y 2002, Reinhart Bubendorfer, que llevaba tres meses en el puesto y que como tal era el superior directo de Bock y de Eberhard Reichert, el otro responsable directo en Alemania por el Proyecto DNI, se negó a darle la segunda firma que requería el pago. Más aun, le increpó a Bock el acuerdo al que había arribado en el estado de Florida. Le recriminó “cómo podía defender los intereses de Sergi”.

Bubendorfer se opuso, a pesar de los reclamos airados de Truppel, que comenzó a contarle las amenazas que recibía, y de Steffen, que le enumeró múltiples razones políticas y comerciales para que destrabara los fondos. Incluso se resistió a la orden de su jefe en SBS, Friedrich Fröschl, aquel que en 1999 había viajado hasta Nueva York para cerrar el acuerdo secreto por Itron con Franco Macri.

—¿Por qué voy a firmar yo? ¿Para qué? Que lo firme otro –los frenaba Bubendorfer.

—Es que necesitamos tu firma. ¡En la Argentina estamos en riesgo! –lo urgía Truppel.

Bubendorfer optó por cortar por lo sano. Convocó al Chief Financial Officer (CFO) global de la compañía y miembro de su directorio central, Heinz-Joachim Neubürger, y a su síndico y máximo ejecutivo anticorrupción, Albrecht Schäfer, a un encuentro en Munich con Truppel y “Mister Argentina” Steffen que distó de ser agradable.

—¿Sabe quién es él? –lo inquirió Bubendorfer a Truppel, mientras apuntaba a Schäfer, el canoso de bigotes y ojos claros como el agua que escuchaba a su lado–. ¿Se lo presento? Ahora, pasemos en limpio. ¿Tienen algo para decir?

—Necesitamos 30 millones de dólares para honrar ciertas deudas –esbozó Steffen, que obvió precisar quiénes eran los acreedores o las causas de esa obligación.

—Imposible –lo frenó Schäfer–. Si no existen requerimientos lega¬les para sostenerlos, no podemos apoyar nuevos reclamos.

Para complicar aun más la situación, su segundo, Wilfried Walisch, optó por cubrirse sus espaldas y puso por escrito aquello que su jefe sólo les comunicó de palabra. Redactó un memo contrario al acuerdo sellado en Miami tras concluir que podría ser ilegal y que los papeles que aportó Sergi no alcanzaban para destrabar los millones de dólares requeridos.

Así que Truppel, Bock y Steffen sintieron que, como en el juego de la oca, la situación retrocedía hasta el casillero previo a la reunión en Miami, lo que le comunicaron a Czysch y al cuñado de “El Padrino”, Carlos “Charlie” Soriano, en Munich. Eso sí, y dadas las amenazas que florecían por Buenos Aires, no aludieron a la negativa; optaron por decirles que los pagos no se podían concretar de inmediato “debido a dificultades técnicas”.

“Mister Argentina” sentía –o al menos eso dijo sentir cuando declaró años después ante los investigadores de la Fiscalía I de Munich– que le respiraban en la nuca y que Franco era capaz de cualquier cosa. Hasta de atentar contra su vida o su seguridad física. Por algo lo calificó de “matón”.

¿Hasta qué punto eran ciertas esas amenazas? Nadie en las oficinas centrales de Siemens AG lo sabía a ciencia cierta. Sí conocían los rumores y versiones sobre un ejecutivo argentino que se habría refugiado en España. O sobre el supuesto secuestro de un chiquito, hijo de otro ejecutivo, por una deuda impaga en otro negociado de la compañía, algo que desde la filial argentina niegan a rajatabla.

Sí coinciden todos, sin embargo, en que quienes aludían a las presiones y amenazas como algo inherente al Proyecto DNI eran Truppel y Steffen, que estaban metidos hasta sus cogotes en el barro por órdenes de Uriel Sharef, el “Profesor Neurus” de sonrisa permanente, ya fuera tras comunicar un ascenso o un despido o estuviera en un velorio, pero ambos concentraban las sospechas de sus propios colegas.

“Pues sí, a veces sospechaba que Truppel se enriquecía”, resumió Bock ante los fiscales que lo interrogaron, varios años después. Sospechas que extendió a Steffen, aunque no pudo decir bien por qué. Una cuestión de pálpito. O quizá que veía a Steffen ser “íntimo de Sergi”. O que él “quería pagar la menor cantidad de dinero posible y a veces [le] sorprendía la forma en que ciertas personas defendían los pagos”.

Lo irónico de la situación es que, al mismo tiempo, Sharef era el presidente formal de Siemens Argentina –justo por encima del CEO, Schmidt– y había participado como miembro del directorio mundial de Siemens AG en la aprobación de la nueva Guía de Conducta Corporativa que con gran suficiencia ética imponía que “ningún empleado podrá directa o indirectamente ofrecer o entregarle ventajas injustificadas a terceros en relación a acuerdos de negocios, ni en forma pecuniaria ni como cualquier otro beneficio”.

La Guía quedó en desuso tan pronto como entró en vigencia por una simple cuestión cuantitativa. No sólo por el escaso personal asignado a controlar las operaciones de toda la multinacional. También, porque no alcanzaba a los lobbistas como Manuel Vázquez, que nadaban en las aguas turbias como rémoras pegadas al tiburón y no eran alcanzados por sus reglas de convivencia. El 16 de agosto de 2001, le escribió a su jefe de ICS que había concretado una “larguísima reunión con el ‘Abogado’ del Ministerio” para averiguar qué pasaría con lo que debían cobrar por la auditoría encomendada a la consultora Swipco ahora que el contrato con Siemens era parte del pasado.

Vázquez nunca identificó por su nombre al “Abogado”, al que se refirió así, con “A” mayúscula, aunque por lo que escribió, ese letrado jugó un doble juego. Sabía del Proyecto DNI, accedía a información gubernamental y asesoraba a los privados: “Este señor me dijo que no tiene la menor duda de que Swipco debe recibir una suculenta indemnización del gobierno y de lo que reciba Siemens”. No sólo eso, también le sugirió “cómo debemos encarar nuestro reclamo”. Y por si hiciera falta, Vázquez acotó en su postdata: “este Abogado está a mi disposición para lo que necesite”.

¿A cambio de qué? ¿Por amor al arte? ¿O su amistad del “Abogado” con Vázquez era tan estrecha que estaban por encima de los intereses del Ministerio que debía defender?

Sergi también podía pasar por debajo de los nuevos y supuestos radares teutones creados por la “Guía de Conducta Corporativa”, pero al menos sí quedó pegoteado en Buenos Aires por la “Comisión Especial Investigadora sobre Hechos Ilícitos vinculados con el Lavado de Dinero” que presentó lo que pronto se conoció como “el Informe Carrió”.

“Se recomienda investigar a Carlos Sergi”, alertaron los diputados liderados por la dirigente opositora Elisa Carrió. Lo identificaron como dueño de Celulosa Argentina e interlocutor asiduo del empresario, lobbista y cuñado presidencial, Emir Yoma, también preso en la Causa Armas, como surgía de las pletóricas agendas de su ex secretaria, Lourdes Di Natale, la muchacha devenida en testigo locuaz que moriría dos años después de un modo extrañísimo.

Marcelo Cattáneo, IBM-Banco Nación, José Luis Cabezas, Alfredo Yabrán, Emir Yoma, Lourdes Di Natale… amenazas, presiones, aprietes, extorsiones… el cóctel de los negocios y el poder era peligroso y podía resultar letal.

El 31 de agosto de 2001, varios de los que bailaban dentro de Siemens intentaron pasar en limpio la situación. Por enésima vez. Y no sería la última.

Reunidos en la sede central de Siemens AG, en el palacio que perteneció al príncipe Ludwig Ferdinand von Wittelsbacher en Munich, nueve ejecutivos se congregaron alrededor de una mesa. Asistieron miembros del directorio mundial –Sharef y Volker Jung, el de los iraníes mejor que los argentinos–; el CEO de SBS, Friedrich Fröschl, su subalterno del “no”, Reinhart Bubendorfer; uno de los abogados que compartían su negativa, el síndico Schäfer; y también Steffen, Truppel, Kutschenreuter y hasta el CFO global de la compañía, Neubürger.

Truppel reiteró el aspecto más concreto y perentorio de todo el asunto: él y su familia estaban amenazados. Y Steffen planteó, una vez más, las razones políticas y comerciales por las que ameritaba pagar.

Cuando le llegó el turno, sin embargo, Schäfer reafirmó su visión reticente sobre el trasfondo jurídico del asunto y las dificultades lega¬les de acatar lo pactado en Miami a través de MFast o cualquier otra firma pantalla.

Sharef decidió esquivar ese escollo jurídico. Planteó que si no se le podía pagar a Sergi porque su reclamo carecía de un respaldo legal o contractual sólido, que Sergi entonces planteara un arbitraje. Si eso ocurría, abundó, Siemens perdería –o más bien se dejaría perder–, y luego le pagarían el resarcimiento económico que impusiera el tribunal arbitral.

A Albrecht Schäfer, sin embargo, algo no le cerraba de todo eso. ¿Quién era Sergi? ¿Y Franco? ¿Existían esas supuestas amenazas a Truppel y su familia? Volvió a su oficina, ordenó sus papeles y revisó su agenda. Decidió aprovechar una conferencia regional de la compañía que se celebraría en unos días más en Buenos Aires para hurgar un poco.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 lo engancharon en pleno viaje.

pd: el texto, como lo publicó el diario Perfil, acá.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Siemens - EE.UU. quiere extradiciones

El fiscal federal del distrito sur de Nueva York, Preet Bharara, impulsa la extradición de los ex ejecutivos y colaboradores argentinos y alemanes de la multinacional Siemens involucrados en el presunto pago de coimas por el “Proyecto DNI”.


Así lo detalló Bharara, al presentarse el jueves (pero sólo trascendió ahora) ante la jueza federal del distrito que instruye el caso “United States v. Uriel Sharef et al”, Denise L. Cote [foto], a quien le informó que la investigación no registrará mayores novedades hasta que se logre llevar al banquillo a los ocho acusados (tres de ellos argentinos), que viven en al menos tres países distintos.

“Los acusados en este caso residen en el extranjero y ninguno se encuentra actualmente bajo custodia”, precisó el fiscal. “Por lo tanto, ninguno de los acusados será presentado [ante la Corte] en el futuro inmediato”, añadió. E indicó que el Departamento de Justicia “mantendrá informada a la Corte de cualquier novedad relacionada a la extradición de los acusados”.

Tres de los sospechosos, vale aclarar, son argentinos. El ex jefe financiero (CFO) de la filial argentina de Siemens, Andrés Truppel, el ex miembro del directorio y lobbista todoterreno, Carlos Sergi, y su colaborador Miguel Czysch. Los otros cinco son alemanes. Pero conocen la Argentina (al menos "cierta" Argentina) como pocos...

martes, 28 de junio de 2011

Truppel, el peligroso

Inteligente y manipulador, tan agudo como peligroso, Andrés Truppel retornó a la Argentina a fines de 1996. Volvió a la filial de Siemens en Buenos Aires, donde había dado sus primeros pasos dentro de la multinacional, como su nuevo responsable financiero o “CFO”, tras una larga carrera que incluyó escalas en Alemania, Estados Unidos y México.

Llegó en el momento justo para bailar a lo grande por la dimensión paralela del Proyecto DNI.

Y bailó.

Junto a Luis Schirado y Carlos Sergi conformó una trilogía legendaria, según cuentan los que saben del Proyecto DNI. Una sociedad legendaria, respaldada desde Alemania por otro nombre poco conocido, pero decisivo en la trama, Herbert Hans Steffen, quien conocía tanto del mundillo político y empresarial criollo que dentro de “La Casa” lo apodaron “Míster Argentina”.

Truppel no terminó de acomodarse en su nueva oficina cuando empezó a detectar pagos extraños a intermediarios peculiares, pilas de dinero en efectivo que iban y venían, y negociaciones con una filial de Siemens, Business Solutions, a la que todos llamaban por sus siglas: SBS.

A partir de entonces, Truppel intervino en reuniones clandestinas -como la celebrada en Miami Beach-, conversó con Ulrich “Uli” Bock sobre su memo flamígero, negocios pagos cuanto menos polémicos, denunció amenazas y secuestros (incluso de chiquitos de ejecutivos locales de Siemens) para presionar en Alemania por pagos indebidos, declaró en el arbitraje secreto en Zurich y mucho, muchísimo más.

Hoy vive tranquilo en San Isidro.

pd: más datos, en el libro.

martes, 14 de junio de 2011

El memo flamígero

Entre los cientos de documentos internos de Siemens que recopilé durante los últimos tres años para el libro “Las coimas del gigante alemán” aparecen muchos memorandos redactados por ejecutivos de la multinacional. Y entre ellos prevalece, sin duda, el famoso memo del 22 de octubre de 1999.

Escrito por Ulrich Bock, alias “Uli”, durante su paso por Buenos Aires, su memo incluye las iniciales de algunos de los receptores de las presuntas coimas que la compañía desembolsó para obtener el llamado “Proyecto DNI”.

Casi tres años atrás, el 11 de agosto de 2008, el semanario Der Spiegel reveló la existencia de este memo. El título de la nota, aunque escrito en alemán, resulta muy entendible: “Millionen für Menem?”. Pero la revista jamás llegó a publicarlo, ni a revelar su autor. Así que esta es la primera vez que sale a la luz:

Se lee poco y mal, sí, pero podrán imaginarse cuánto me costó obtenerlo (si hacen click sobre la imagen se expande y se ve mejor)…

En el tercio inferior, aparece:

-7’5 L.S. Luis Schirado!

-9’75 C.C. Corac Just min?

-9’75 H.F. ?

-16’ C.M. [Blas Medina] Menem?

-7,5 C.S. Carlos Sergi?

Schirado era el entonces CEO de Siemens Argentina; Carlos Corach, el ministro del Interior (no de Justicia como figura), “H.F.”, el interventor en Migraciones, Hugo Franco; Blas Medina, un poderoso lobbista todoterreno de los '90s; a Menem no es necesario presentarlo; y Sergi, el intermediario clave para la felicidad clandestina.

Una aclaración final: cuando la Fiscalía de Munich lo interrogó sobre el memo [tengo copia de dicho interrogatorio), Bock respondió: “Sí, esa nota la escribí yo. Allí resumí quién había recibido dinero de acuerdo al señor Sergi”.

“Uli” aclaró, sin embargo, que no todo lo que estaba anotado en el memo lo había escrito él. Entonces la Fiscalía le exigió más detalles. En particular, quién era el receptor del premio mayor de los 16 millones de dólares. Sin más, Bock le apuntó al ex Presidente: “Seguramente con la abreviación ‘CM’ quise decir Carlos Menem”.

pd1: el artículo de Der Spiegel de 2008, acá.

pd2: más datos sobre este memo, en el libro.

lunes, 6 de junio de 2011

La lista de Uli

Ayer, el suplemento Enfoques de LA NACIÓN publicó un resumen del primer capítulo de "Las coimas del gigante alemán". La edición online del diario subió, luego, la versión completa en .pdf de ese mismo capítulo. Aquí subo ambas:

Metódico, el ingeniero Ulrich Bock decidió clarificar la situación. Viajó a Buenos Aires, se reunió con los ejecutivos de Siemens Argentina y con los intermediarios de las coimas, y el 22 de octubre de 1999 pasó en limpio las cuentas.

En una hoja cuadriculada, anotó:

-7'5 L.S. Luis Schirado!

-9'75 C.C. Corac Just min?

-9'75 H.F.?

-16 C.M. Menem?

-7,5 C.S. Ca? Sergi?

Corrían las últimas horas del viernes y, sin darse cuenta, "Uli", como lo llamaban en Munich, sintetizó la ecuación clandestina del sistema político y económico argentino: (funcionarios + empresarios + intermediarios) x coimas = negocios.

En rigor, Bock sólo puso por escrito lo que otros le contaron durante una seguidilla de reuniones porteñas. Tanto el director financiero de Siemens Argentina, Andrés Truppel, como el lobbista Carlos Sergi, miembro del directorio de la filial en Buenos Aires, tal su cargo formal para no explicitar el más relevante de pescador y facilitador de negocios.

Nueve años después, "Uli" rememoró aquellos días agitados ante los interrogadores de la Fiscalía N° 1 de Munich, aunque no podía creer que aquella nota manuscrita volviera a estar en sus manos. Mucho menos allí.

"Sí, esa nota la escribí yo. Allí resumí quién había recibido dinero de acuerdo al señor Sergi", contó ante los fiscales, que le exigieron más detalles: quién la redactó y quién era el receptor del premio mayor de los 16 millones de dólares. "La nota estaba escrita sólo para mí -precisó-. Seguramente con la abreviación "CM" quise decir Carlos Menem".

Bock pasó a la fase siguiente: contar lo que sabía. Para eso, no dudó en marcar a Truppel y a otro colega en Munich, el gerente técnico de Major Projects de SBS, Eberhard Reichert.

"Nosotros, es decir Reichert, Truppel y yo, mantuvimos varias reuniones con Sergi. Siempre nos reclamaba más dinero", sintetizó.

Bajo presión, la memoria de Bock no falló. Cuando redactó aquel memo flamígero, faltaban apenas 48 horas para que los argentinos ungieran presidente a Fernando de la Rúa, abrazado a las banderas de la honestidad y la ética.

"Uli" relató también algunas turbulencias que debió sobrellevar. No fue el único. Otros relataron escuchas telefónicas, jugarretas de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y del ex jefe montonero Rodolfo Galimberti -ya reconvertido en contacto de la CIA-, ataques físicos y hasta leyendas sobre secuestros de hijos de ejecutivos que jamás se confirmaron.

Para complicar aún más la situación, el triunfo de De la Rúa y la salida del poder de Menem, su ministro del Interior, Carlos Corach, y su responsable de Migraciones, Hugo Franco, tampoco calmaron las aguas. Y a pesar de aportar 2 millones de dólares a la campaña de la Alianza, Siemens pronto recibió otro mensaje a través de Sergi, que a los 66 años era el mismo de siempre. Es decir, el intermediario que vivió por dentro varios capítulos sórdidos de la historia argentina: desde los créditos del Banco Nacional de Desarrollo (Banade) a la venta de equipos durante la dictadura con epicentro en la Guerra de Malvinas. Y desde las aventuras del Citicorp y del presunto lavado de dinero en los 90 a los radares en los años del duhaldismo y el kirchnerismo, hasta terminar sospechado de financiar el avión de los hermanos Juliá con 900 kilos de cocaína que terminó decomisado en España, en enero de 2011.

Sergi viajó a Alemania, varias veces, para reportarle a la compañía que también tendría que darle dinero a las nuevas autoridades. Y si antes pagó para obtener el contrato, ahora lo haría para mantenerlo vivo, dada la amenaza de rescisión.

Sin papeles, sin constancias y con el riesgo siempre presente del "mexicaneo"-algo que Siemens lo comprobaría del peor modo con su CEO en la Argentina, Luis Schirado-, Reichert y Bock anotaron los pedidos de Sergi y su fiel ladero Miguel Czysch.

Los germanos quedaron indignados. No sabían hasta qué punto Sergi y Czysch les contaban la verdad o cuánto dinero llegaría a los protagonistas de siempre y los nuevos que en teoría se sumaban a la fiesta de los dólares, como el flamante ministro del Interior, Federico Storani, y sus dos colaboradores César Martucci y Miguel Berri.

Un año después, en diciembre de 2000, otra vez en Munich y a raíz de la demora que mostraba Siemens para pagar, Czysch les clarificó a los ejecutivos alemanes que había "incendios molestos" que apagar en Buenos Aires, tanto con la vieja guardia como con la nueva. En cuestión de semanas, les dijo, debían entregar entre 4 y 5 millones de dólares.

-Algunos no pueden esperar -los conminó.

pd1: el texto en Enfoques, acá; la versión completa en .pdf, acá.

pd2: prometo subir el memo flamígero de Bock al blog, ¡es sólo cuestión de encontrar un scanner!