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lunes, 27 de julio de 2015

IGJ, Lázaro y sus seis firmas "inactivas"

Siete meses atrás, bajo acusaciones de que protegía a la sociedad presidencial Hotesur, la Inspección General de Justicia (IGJ) anunció la creación del Registro de Entidades Inactivas (REI). Y prometió que para fines de abril de este año abarcaría a todas las firmas paralizadas o fantasmas bajo su órbita, las que procedería a liquidar.

De ese modo, con una iniciativa general que bloqueó las acusaciones de favoritismo, las autoridades de la IGJ les permitieron a los Kirchner acomodar los papeles de su hotel Alto Calafate. Pero los creadores del REI nunca imaginaron con qué se toparían: ahora tienen que impulsar la muerte jurídica de seis empresas de Lázaro Báez, entre ellas, la constructora Gotti Hermanos y Epelco, la firma con la que el ex empleado bancario compró la casa de los Kirchner en Río Gallegos.

Sin embargo, la IGJ, que depende del Ministerio de Justicia, hasta ahora no dio orden alguna para proceder al cierre de las empresas en las cuales encontró irregularidades.


La lista de firmas afectadas es por demás sensible, según pudo corroborar LA NACION durante las últimas semanas. Incluye también las financieras Invernes y Credisol, de Ernesto Clarens, uno de los operadores de los "fondos de Santa Cruz". Y aparece Austral Agro SA, con la que Báez, que comparte negocios con la familia presidencial, escrituró estancias que quedarán bajo el agua con la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic. O sus hermanas Austral Desarrollos Inmobiliarios SA y Austral Atlántica SA, con las que pagó alquileres a los Kirchner por varios inmuebles situados en la capital santacruceña.

A esas sociedades inactivas -y a los problemas de la nave insignia de Báez, Austral Construcciones con otra usina más de facturas truchas (ver aparte)-, se suma una sexta firma del empresario de renombre público. Se trata de Top Air SA, la empresa de taxis aéreos cuyos pilotos declararon ante la Justicia que llevaron al "valijero" Leonardo Fariña al menos una vez hasta Río Gallegos.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN. acá.

domingo, 3 de agosto de 2014

Brito - "cerrajero" de los escándalos K

La presidenta Cristina Kirchner zarandeó el jueves al banquero Jorge Brito. Lo acusó, sin nombrarlo, de pretender convertirse en "salvador de la patria", pero para lo cual, le recordó, "hace falta, además del caballo, honestidad". Un dardo envenenado para quien hasta hace poco era señalado como "el banquero de Kirchner" y guarda las llaves para acceder a los secretos del "caso Ciccone", de Lázaro Báez y hasta de los fondos de Santa Cruz.

Una de esas llaves de Brito se llama Carlos Andrés Calvo López, un ejecutivo de extremo bajo perfil del Banco Macro que participó en algunas de las operatorias más controvertidas de la Argentina de la última década, según reconstruyó LA NACION sobre la base de documentos públicos obtenidos en la Argentina, Bahamas y Uruguay, y los testimonios de cinco funcionarios de la AFIP, financistas y empresarios.


Empleado del Macro en Uruguay, donde operó incluso con una cuenta de correo electrónico de la entidad (acalvo@macrobank.com.uy , ahora dada de baja), Calvo López también aparece en el listado de "personal registrado" por el Macro ante la Securities Commission de Bahamas, el equivalente a la Comisión Nacional de Valores (CNV).

Movedizo, Calvo López viajó repetidas veces a la Argentina con valijas repletas de dinero con las que capitalizó Badial, una constructora de Lázaro Báez, según el propio socio de la Presidenta detalló en el expediente por evasión de impuestos que le abrió la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

domingo, 5 de mayo de 2013

Lázaro Báez y la confluencia de las casualidades

Lázaro Báez contó con ayuda para ingresar valijas repletas de dinero en la Argentina. Y las ramificaciones de esas ayudas, que él mismo detalló, llegan a tocarse con algunos de los mayores escándalos de los últimos años en el país: el “caso Ciccone”, la gestión de los préstamos garantizados de la Anses y hasta la “causa Armas”, según surge de documentos judiciales, de la Administración de Ingresos Públicos (AFIP) y del Tribunal Fiscal.


La suma de casualidades es notoria. Abarca como uno de los protagonistas al hijo del traficante de armas Diego Palleros, también al ladero de Ernesto Clarens, un financista clave para comprender los manejos de los fondos patagónicos de las últimas décadas, y hasta a la sociedad bursátil Facimex, vinculada al banquero Jorge Brito, que es la misma que participó en el “caso Ciccone” para traer $ 2,4 millones de Uruguay de una sociedad que opera con acciones al portador.

Todos esos factores confluyeron alrededor de Badial SA, una de las constructoras del emporio Báez. Los sabuesos de la AFIP comenzaron a investigarla cuando detectaron ingresos millonarios en sus cuentas sin justificación y sospecharon que podía esconder operaciones de lavado de dinero proveniente de ilícitos locales.

Forzado a dar explicaciones, el ex cajero del Banco de Santa Cruz devenido en multimillonario afirmó que esos millones no provenían del mercado interno, sino que llegaban desde Uruguay en auto, avión y barco, transportados por Carlos Adrián Calvo López y otros valijeros, a los que no identificó por sus nombres.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Invernes - el recuadro fallido

Por estrictas razones de espacio (la nota central iba a saltar de tapa y al final quedó adentro), este recuadro no se publicó en el diario LA NACION. Iba a acompañar al artículo sobre el doble triunfo que cosechó Lázaro Báez en el Tribunal Fiscal y en la Justicia en lo Penal Económico (ver acá). Un doble triunfo ligado a las empresas constructoras Gotti Hermanos y Badial, ambas a la vez con notables, fluidos y permanentes vínculos con la firma Invernes SA. 

De ahí, pues el siguiente (y fallido) recuadro:

Conocida en la Patagonia como “Inversiones Néstor”, por el ex presidente Néstor Kirchner, Invernes SA debe su nombre a un financista de extremo bajo perfil, Ernesto Clarens, de profusos vínculos con el núcleo del kirchnerismo empresarial.

En los registros societarios, sin embargo, Clarens apenas aparece como un empleado en relación de dependencia en Invernes, aunque los libros de la sociedad muestran como directores a Carlos Calvo López –el portador de los millones en efectivo traídos desde Uruguay según el testimonio ante la AFIP del propio Lázaro Báez–, y a Guido Santiago Blondeau, que también figura en Austral Construcciones junto a Báez.


A través de Austral Construcciones, Báez se asoció con Kirchner para construir 10 departamentos en Río Gallegos. El ex presidente se quedó con cinco unidades por un valor total de 325.000 pesos. Según su declaración jurada de 2007, embolsó cerca de $ 200.000 en un año en alquileres. (Y eso, sin nombrar el mausoleo que Lázaro construyó tras la muerte de Kirchner).

Bajo presión política, cuentan dentro de la AFIP, los inspectores debieron volver sobre sus pasos en el expediente Badial cuando se fue el entonces titular del organismo recaudador, Alberto Abad. De hecho, la resolución que dejó sin efecto la “determinación de oficio” perjudicial para Báez se fechó en marzo de 2008, cuando Abad renunció a la AFIP tras un cruce con el entonces jefe de la Aduana, Ricardo Echegaray.

Báez también movió sus fichas. Cambió el domicilio fiscal de sus empresas. Las sacó de la Patagonia y las radicó en Buenos Aires. Y así quedaron bajo la órbita de la Regional Sur Metropolitana que dirige Andrés Vázquez, el mismo que lideró un operativo con más de 200 inspectores contra el Grupo Clarín y que en tiempos de Abad cosechó un sumario por su vinculación con el Casino Flotante de Puerto Madero.

Investigado por la Justicia y por la unidad antilavado (UIF) por mantener una cuenta en el exterior por más de 500.000 dólares sin declarar ante la propia AFIP, Vázquez continúa sin embargo al frente de esa regional gracias a sus contactos con el área del inteligencia del Gobierno.

Por su parte, y al igual que en los casos de Badial, Austral Construcciones y Gotti, Báez también sorteó otro escollo judicial con la constructora Palma SA, en la que su mano derecha, Fernando Butti, llegó a ser citado a indagatoria a fines de 2009 por la presunta evasión de más de $ 6 millones. En esa firma, también figuraban su hermana, Irene Beatriz Báez, y su cuñado, Diego Palleros, el hijo del intermediario de la venta de armas a Croacia y Ecuador por la que el ex presidente Carlos Menem llegó a quedar detenido.

sábado, 15 de septiembre de 2012

El Antonini de Lázaro Báez

Justo antes de la feria judicial de invierno, el empresario patagónico Lázaro Báez cosechó dos silenciosas buenas noticias. La Justicia debió cerrar una causa penal que lo tuvo contra las cuerdas por la presunta evasión de más de $ 400 millones. Y el Tribunal Fiscal, con nuevos miembros, revocó la decisión de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) que lo dejaba al borde de otra causa penal por presunto lavado de activos.

El juez en lo Penal Económico, Rafael Caputo, debió suspender la tramitación de una investigación contra una de las firmas vinculadas a Báez, Gotti Hermanos, ya que la constructora se acogió a la ley 26.476 de moratoria y blanqueo por al menos $ 75 millones, una cifra que, sin embargo, quedó muy por debajo de los $ 400 millones que habían estimado los inspectores de la AFIP antes de que los removieran junto con sus superiores.


El otrora socio del fallecido ex presidente Néstor Kirchner también cosechó una buena noticia desde el Tribunal Fiscal para otra constructora: Badial SA. Por dos votos contra uno, logró que la sala A revocara las conclusiones de los inspectores de la AFIP, que le enrostraron una evasión, lo que conllevaría la apertura de otra causa penal, con presuntas maniobras de lavado de activos.

Ante la AFIP, Báez había detallado cómo un directivo de la sociedad uruguaya Reloway Company SA, Carlos Calvo López, solía viajar en avión o por Buquebus a la Argentina con fortunas en efectivo -por encima de los montos permitidos por la AFIP-, que luego transportaba hasta Río Gallegos, donde se depositaban en la cuenta de la constructora en los bancos Patagonia o de Santa Cruz, o se lo daba a Báez en mano.

La línea de la AFIP procuró entonces ubicar al imitador de Guido Alejandro Antonini Wilson, pero resultó inhallable. Al final, sólo se logró verificar que Calvo era director de la firma Invernes SA.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.