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jueves, 30 de abril de 2015

Para el fiscal antilavado, "es difícil investigar al poder"

"Es difícil investigar al poder", dice Carlos Gonella.

Y si lo dice él...

Titular de la Procelac (Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos), Gonella es protagonista, para bien o para mal, de algunas de las investigaciones judiciales sobre lavado más sensibles y relevantes que se registraron en el país durante la última década.



En 2009, Gonella logró la primera condena contra el lavado en la historia del país y ahora acaba de lograr el procesamiento de un supuesto narcotraficante y el embargo de sus bienes por $ 750 millones y otros $ 500 millones sobre los de su esposa. Pero ése es su currículum positivo. También arrastra su propio procesamiento, confirmado ya por la Cámara Federal, que consideró probado que protegió a Lázaro Báez cuando estalló el escándalo con el financista Federico Elaskar y el valijero Leonardo Fariña.

Según Gonella, eso no es verdad. "De ninguna manera. Ése es un caso que se ha politizado, un caso resonante que se mediatizó", y destacó que la Procelac actuó de oficio sólo horas después de que Elaskar y Fariña aparecieron en el programa Periodismo para todos, de Jorge Lanata, el domingo 13 de abril de 2013, y envió el material a la Justicia apenas cinco días después. "Se cursó la imputación contra Elaskar y Fariña, y se dejó abierta con respecto al resto de las personas", insistió, en una entrevista dentro del ciclo Conversaciones, de LA NACION.

pd: el link a la nota en la edición impresa, acá.

miércoles, 13 de junio de 2012

Impunidad - cinco muestras y un botón

Uno. Allá por diciembre de 2008, la multinacional Siemens AG reconoció sus pecados a nivel mundial y admitió que pagó coimas en la Argentina (y otros 23 países), pero acá no pasó, ni pasa, naranja-fanta. Ni un funcionario procesado por la Justicia local.

Dos. Skanska también reconoció que derrapó, echó a patadas (pero con indemnización plus) a sus ejecutivos locales y arregló sus cuentas con la AFIP. Pero la Justicia local llegó a decretar la inexistencia del delito (es buenísima: el delincuente admite que delinquió y el juzgador le dice que no, que no es así, que no delinquió).

Tres. Un ex director del Banco Nación, Alfredo Aldaco, se arrepintió de haber participado en el negociado con IBM y durante seis años -el máximo de la pena posible para él- se autoimpuso una suerte de arresto domiciliario absoluto. No salió de la casa ni para eventos sociales, familiares o personales. Nada. Cero. Enjaulado. Pero ahora, cerca de 19 años después, la Justicia no arribó a una condena -ni contra él, ni contra ningún otro-, ni completó el decomiso de los fondos.

Cuatro. El valijero de las “Coimas en el Senado”, Mario Pontaquarto, detalló con precisión cómo se repartió la tarasca para aprobar la reforma laboral durante el gobierno de la Alianza, y acá estamos. Aún seguimos a la espera del juicio oral, 12 años después del estallido de aquel escándalo.

Cinco. Todo un pueblo cordobés voló por los aires para ocultar el tráfico de armas durante el gobierno de Carlos Menem. Pero la Justicia absolvió al ex Presidente, a Emir Yoma y otros 16 acusados. Poco faltó para que la Justicia concluyera que no, que no voló ningún pueblo por los aires.

Vistos los cinco ejemplos precedentes, ¿por qué el valijagate, el “caso Antonini”, iba a terminar distinto? (Y doy otro paso: ¿por qué suponer que el "caso Ciccone" terminará mejor?).


¿Pudo terminar mejor? Sí. ¿Pudo terminar peor? Si el escándalo no hubiera sido gigantesco, también. Más aún cuando los gobiernos de Estados Unidos y de Venezuela no colaboraron con la Justicia local -por sus pedidos sobre Guido Alejandro Antonini Wilson, y Diego y Daniel Uzcátegui, respectivamente-, que a su vez tampoco se mostró demasiado interesada por avanzar.

Así, gracias a una reforma de la ley antilavado que eliminó el agravante que llevaba al doble la penas para los funcionarios públicos (el agravante se les olvidó -nada deliberado, por supuesto- a los funcionarios y opositores que algún día podrían llegar a ser funcionarios se les escapó), el ex “señor de los peajes”, Claudio Uberti, quedó libre de culpa y cargo. No por falta de pruebas, sino por prescripción de la acción penal. Es decir, que se agotó el tiempo procesal para investigarlo.

Esto, que se veía venir (de hecho, en el diario lo anticipamos en abril de 2011, ver acá, y lo reiteré en enero de este año, ver acá), aún así resulta chocante. Más aún cuando coincide con ciertas fechas singulares. Porque así como el sobreseimiento del matrimonio Kirchner por presunto enriquecimiento ilícito quedó firme (por una inusual falta de apelación) el Día de los Santos Inocentes (28 de diciembre de 2009), la confirmación de la falta de mérito para Uberti llegó sobre el día de su cumpleaños (diciembre de 2008), y su sobreseimiento definitivo, para el Día del Periodista.

Cualquier coincidencia es, obvio, pura coincidencia.

pd: más datos sobre el fallo que benefició a Uberti, ver acá, acá y acá.

martes, 13 de julio de 2010

"Algo oculto, algo turbio"

Responsable académico durante casi 15 años (1992-2006) del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, Roberto Russell es uno de los expertos que más saben de relaciones internacionales en la Argentina y, además, de los dimes y diretes dentro de la Cancillería.

Eso le aporta aún más peso y valor a cada una de sus palabras, que de por sí son categóricas al explicar durante una entrevista con LA NACION qué significa la "diplomacia paralela" en manos del ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, y su equipo.

-Vayamos a la tapa de los diarios. ¿Qué piensa de las denuncias del embajador Eduardo Sadous? ¿Existe la diplomacia paralela?

-Esto no es nuevo. Siempre hubo una diplomacia paralela. Cuando escribía sobre la Argentina de los años 70 hablábamos sobre la diplomacia paralela del almirante Massera, por ejemplo. Son cosas siempre nefastas. Porque además siempre hay algo oculto, algo turbio, que encierra desde negocios sucios hasta proyectos personales de poder. Lo mismo ha pasado ahora con el vínculo con Venezuela, no hay ninguna duda de esto.

-Igualmente, ¿no es normal que la Cancillería no tenga el monopolio de las relaciones exteriores en ciertos casos?

-Cuando algún otro ministerio se encarga de las relaciones exteriores del país, no es diplomacia paralela. En el mundo contemporáneo, la Cancillería ya no tiene el monopolio de las relaciones exteriores, si es que alguna vez lo tuvo. Porque el que está en Educación se vincula con los que hacen educación en otras partes y lo mismo pasa en Economía, en Defensa. Lo paralelo tiene más que ver con esas cosa de trastienda, con negocios sucios o proyectos políticos personales. Con actividades que el resto de las reparticiones no conoce o con una que avanza sobre territorios que son propios de la Cancillería, que es lo que pasa con el ministerio de De Vido.

-En democracia, ¿qué antecedentes hay?

-Ahí no veo expresiones de diplomacia paralela porque precisamente en una democracia estas cosas no deberían pasar dado que uno tiene más información. Aunque con Menem estuvo el caso de contrabando de armas a Croacia y a Ecuador. Pero lo que encontramos hoy no se dio en la etapa de la democracia. No sé si es inédito, pero nunca hubo una expresión tan notoria de vinculaciones de esta naturaleza por encima de la Cancillería o diciéndole a ésta que no se metiera en algún tema porque lo iban a manejar desde otro lugar.

-El canciller Héctor Timerman reprochó al subsecretario de Integración Económica de la Cancillería, Eduardo Sigal, porque hizo su denuncia por escrito en lugar de hacerlo personalmente y en forma confidencial.

-No es así. Es la lección número uno que aprende un diplomático: las cosas siempre se ponen por escrito. Cuando uno pone una cosa así por escrito, y lo he visto mil veces en la Cancillería, es porque estás abriendo un paraguas, te estás cubriendo, anticipando a un golpe que te puede venir.

pd: la entrevista completa, acá.