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viernes, 14 de noviembre de 2014

Lázaro y EEUU - se abre una incógnita

La justicia argentina lanzó una botella al mar. Le pidió a Estados Unidos que le informe si el empresario Lázaro Báez, su familia y sus colaboradores poseen bienes, sociedades o cuentas bancarias en ese país. Es muy difícil que así sea. O que la operatoria de Báez en la superpotencia sea tan evidente. O, incluso así, que Washington alguna vez responda ese pedido.


¿Por qué son tan bajas las expectativas? Porque dependerá de múltiples factores. El más relevante de todos, que Báez y su entorno hayan cometido algún error grosero.

Por supuesto, siempre existe esa última y devastadora opción: que Estados Unidos sí le conteste a la Justicia argentina, que informe que Báez o su círculo íntimo sí registra allí bienes, sociedades o cuentas -algo que una y otra vez sus voceros desmienten de manera categórica-. Y encima que Estados Unidos exponga que Lázaro ha sido tan torpe como para dejar sus dedos pegados. Pero es casi imposible. Aunque nunca se sabe.

pd: el resto del escenario publicado hoy en LA NACION, acá.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cancillería - un (ex) funcionario con cobertura

En una tácita admisión de la red de protección que en la cúpula de la Cancillería rodeó al funcionario Hugo Merlo, acusado de racista, las denuncias en su contra y de sus colaboradores se reactivaron sólo horas después de que LA NACION expusiera los presuntos delitos e irregularidades que protagonizaron durante más de un año.

El despertar de esas denuncias, sin embargo, es sólo parcial. Por lo menos un expediente administrativo continúa paralizado en la Secretaría de Cooperación Internacional (Secin) de la Cancillería, que controla Paula Verónica Ferraris, la pareja del funcionario que ya fue removido, según consta en las "hojas de ruta" de las actuaciones.


Esa decisión contrasta con las reacciones que trascendieron desde la Cancillería durante los días que siguieron a las revelaciones periodísticas. Primero se informó que Merlo había presentado su renuncia y que el canciller Héctor Timerman pidió "disculpas en relación con las situaciones denunciadas" desde hace más de un año por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) por "maltrato laboral".

Ferraris, incluso, habría presentado su renuncia ante Timerman, quien no la aceptó, por lo menos por ahora, según trascendió en el Palacio San Martín, a la espera de las conclusiones de los sumarios administrativos que ordenó abrir para deslindar responsabilidades.

Los movimientos en la Cancillería de los expedientes en los que se acumularon las denuncias, desde mediados de 2012, pueden aportar luz para determinar cómo actuaron esos funcionarios.

pd: el resto de la nota publicada en LA NACIÓN, acá.

lunes, 16 de septiembre de 2013

En "la Casa" - encubrimiento en la Cancillería

Una alta funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores encubrió las denuncias por racismo, acoso laboral, persecución política y otros presuntos delitos e irregularidades que acumuló su pareja, también funcionario de la Cancillería, desde noviembre pasado, sin permitir que avanzaran los expedientes que se abrieron.

El encubrimiento lo lideró la secretaria de Coordinación y Cooperación Internacional, Paula Verónica Ferraris, que de ese modo protegió a Héctor Hugo Merlo, mientras este avanzaba sobre distintas áreas del Ministerio sobre las que carecía de competencia, como las direcciones de Seguridad e Infraestructura, entre otras.


Desplazado Merlo [foto, arriba] sólo horas después de que LA NACION revelara este domingo sus presuntas conductas delictivas, su encubrimiento continúa vigente. El sumario que ordenó iniciar el canciller Héctor Timerman quedó dentro del área que lidera la propia Ferraris, la responsable máxima de controlar el presupuesto de la Cancillería y, tanto o más importante para los diplomáticos, de la junta examinadora para sus ascensos.

La protección, sin embargo, excede a Merlo, según cuatro diplomáticos y empleados y distintos documentos oficiales de la Cancillería. También beneficia a por lo menos otros dos miembros del entorno de Ferraris.

Uno de ellos es Héctor Bogado, quien mintió al declarar que había cursado el bachillerato en una escuela de Lanús que, en realidad, jamás pisó. Pero lejos de ordenar una sanción y radicar una denuncia penal desde que se le informó en noviembre pasado, Ferraris lo reacomodó a su lado. Desde entonces, Bogado trabaja como el cafetero de Ferraris, con un salario de bolsillo de $ 8600 por mes.

pd: el resto del material publicado hoy en LA NACION, acá y acá.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un antisemita suelto en la Cancillería

Pese a los reclamos de diplomáticos, funcionarios y delegados gremiales, el canciller Héctor Timerman mantiene dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores a un alto funcionario que paga las delaciones entre los empleados, da órdenes como jefe de ciertas áreas que se encuentran fuera de su órbita y, más grave aún, categoriza al personal como "el viejo", "el cuestionador" o "la judía".

Los comentarios racistas y despectivos del director Hugo Merlo constan en un cuaderno de anotaciones personales que ese controvertido funcionario olvidó en una oficina de la Cancillería, donde su hallazgo fortuito y posterior difusión desató un escándalo interno y cuya copia obtuvo LA NACION.

Timerman se encuentra al tanto de las acciones de Merlo, quien arribó al Ministerio de la mano de su pareja, la secretaria de Coordinación y Cooperación Internacional, Paula Verónica Ferraris, de creciente poder e influencia en desmedro del canciller.

Merlo comparte el poder de Ferraris. Además de lanzarle al personal preguntas como: "¿A vos te gusta ver a [Jorge] Lanata?", antes de definir su futuro laboral, el funcionario avanzó sobre las áreas de Compras, Administración, Infraestructura, Recursos Humanos y Seguridad del Ministerio, sin que nadie lo pare, según consta en documentos oficiales y privados, y fuentes diplomáticas que dialogaron con LA NACION.


Sin embargo, Merlo cometió un error: olvidó un cuaderno con sus anotaciones personales en una oficina de la Cancillería, según surge de un video que así lo registra y el reporte posterior que se labró en esa repartición. Entre las frases inconexas y repletas de faltas de ortografía que redactó, también detalló los pagos de incentivos salariales a los empleados que delatan a sus compañeros y calificó a otros con apodos.

"Hoy a la tarde, Angel autorizo [sic] ha [sic] la judia [sic] Goldemberg y Marina Dominguez ha [sic] una capacitacion [sic] al personal bajando una linea [sic] propia", redactó, por ejemplo, el 28 de agosto de 2012, cuando centró sus dardos en el director general de Infraestructura, Ángel Cammilleri, según consta en la copia de ese cuaderno que obtuvo LA NACION (ver imagen).

El hallazgo de ese cuaderno causó un terremoto dentro del Palacio San Martín. 

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

martes, 2 de abril de 2013

Las pinchaduras del Señor Timerman

El canciller Héctor Timerman y varios de los más altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores fueron sometidos a escuchas telefónicas durante algunas de las más complejas negociaciones diplomáticas de los últimos años, con países como Irán, Estados Unidos y Uruguay, entre otros. Así surge de documentos oficiales secretos, que fueron vistos por LA NACION.

Las escuchas telefónicas alcanzaron, al menos durante 2011, a Timerman; al entonces vicecanciller, Alberto D'Alotto; al secretario de Cooperación y Coordinación Internacional, Hernán Orduna, e incluso a Ulises Kandiko, jefe de la Dirección de Seguridad del ministerio (Diseg), que vela por la limpieza de las comunicaciones más sensibles de la diplomacia argentina.


La propia Diseg detectó el espionaje durante dos de los monitoreos que desarrolla de manera periódica con la Policía Federal de todas las vías de comunicación de la Cancillería. Descubrió "anomalías" en las líneas de esos funcionarios, que estaban redireccionadas, según los documentos MRE:0104597/2011 y otros posteriores.

La pesquisa permitió comprobar que la interceptación sería local y se sospechó de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) como posible responsable, algo que, sin embargo, no quedó asentado en uno de los expedientes secretos que se iniciaron, registrado como EXPE-MRE:0038291/2011.

pd: el resto de la investigación publicada hoy en LA NACIÓN, acá y acá.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El eterno durante

El eterno durante. O una síntesis de la inoperancia del Estado para investigar el lavado de activos. Y no porque haya un “pez grande” de por medio. Ni “rosca” a favor o en contra de algún poderoso. Ni tampoco fortunas. Es apenas la burocracia en su movimiento perpetuo para, años y montañas de papel después, volver al punto de partida. Sin haber logrado nada útil, mientras que los sospechados continúan libres y fluye su dinero.

Así inicié el artículo que publiqué (reducido para que entrara en la edición papel) en el diario LA NACION (ver, acá). La versión ampliada de ese texto lo completo a continuación:

El expediente 172.225 de la Justicia Federal, resume así la desidia en la lucha antilavado, como compulsó LA NACION en uno de sus infinitos giros por la administración pública. Hasta por su carátula: “N. N. s/ encubrimiento”.

El objetivo de la pesquisa era, en teoría, sencillo: verificar si 15 giros ordenados a mediados de 2008 desde Buenos Aires con destino Medellín y Pereira, Colombia, por un total de $ 79.718,33 eran parte de una maniobra de lavado. Quizá hubiera un cartel detrás, quizá sólo fuera dinero de trabajadores emigrados para sus familias. Pero para precisarlo había que investigar.

Primero fue el turno de la Unidad de Información Financiera (UIF) que recibió dos reportes de operaciones sospechosas (ROS) de la remesadora More Argentina SA. El 6 de agosto de 2008 y el 30 del mismo mes. Para eso, pidió datos de inteligencia a su par colombiana a través de la red Egmont, lo que permite investigar más rápido, aunque luego no puede usarse esos datos en la Justicia, que debe pedirlos por exhorto diplomático.

Así fue como, en octubre de 2010, casi dos años después del último de los giros picantes protagonizados por 23 colombianos y 4 argentinos –algunos con antecedentes por narcotráfico-, y al fin con la denuncia de la UIF, el fiscal general antilavado, Raúl Pleé, ordenó una investigación penal. Cayó en la jueza María Servini de Cubría, que la derivó en el fiscal Federico Delgado.

Las primeras medidas fueron de manual: exhorto a Colombia e, intervención de la Policía Federal, que de inmediato, el 14 de octubre, pidió una prórroga para presentar su informe. 30 días. Que se amplió en noviembre por 10 días más.

La respuesta al exhorto, mientras tanto, se hacía desear. Así que el 12 de noviembre, y mientras el expediente acumulaba fojas con sellos, constancias y pases, la Fiscalía quiso saber qué pasaba con la diplomacia. La Cancillería argentina respondió con el silencio.

El 15 de diciembre, y ya vencida la prórroga, apareció el “trabajo de campo” de la Policía Federal. Que abarcó apenas la búsqueda por Internet de números telefónicos, más un informe del Veraz y otro de la AFIP, y una recorrida por algunos –no todos- los domicilios. En los que tocó timbre. Literal. El oficial habló con vecinos, aunque eso sí, “sin dar a conocer su condición de policía”.

El fastidio de la Fiscalía comenzó a olerse en el expediente. El 17, y dado que “lo realizado” por la Federal “no se adecua[ba] con el objetivo de la medida ordenada”, le fijó el “plazo improrrogable de 30 días [para] cumplir con lo requerido”. Para entonces, el expediente iba ya por las 168 fojas, más dos cuerpos previos de la UIF.

¿Qué querían Delgado y su equipo? Textual: “Corroborar si las actividades laborales o comerciales de las personas sospechadas se condicen con la realidad y si los individuos se vinculan con hechos ilícitos”. Pero todo siguió igual. Un mes y 1 un día después –y por tanto vencido otra vez el plazo impuesto-, un oficial de la Policía informó que consiguió la partida de defunción de un investigado. Nada más.

Con el fin de la feria judicial, febrero de 2011 amagó con novedades. El 3, la Cancillería al fin apareció. Pero sólo para informar que la burocracia colombiana se había sumado a la local, por lo que los cafeteros precisaron que responderían cuando concluyeran su labor. Sin fecha estimada.

El 8, la Fiscalía abrió juego. Se ofició a la Agencia Recaudadora bonaerense (ARBA). Respondió el 28 de marzo. Nada valioso. Pero el expediente superó las 328 fojas, más anexos.

Para el 6 de julio, la Fiscalía decidió insistir con la Cancillería. Por teléfono. Chocó con un detalle: “La sumariante relacionada con la rogatoria trabaja a partir de las 15 horas”. Así que la Fiscalía apeló al papel. Nuevo oficio. “Porque del resultado de esta diligencia depende, básicamente, la suerte del proceso y el exhorto fue librado hace alrededor de 10 meses”, recordó.

Siete días después, llegó la respuesta colombiana. 510 fojas y 4 CDs, con su “búsqueda selectiva en base de datos”. Y con el material, la Fiscalía se esperanzó con ver la luz al final del túnel. Se lo remitió a la Federal, el 14 de julio, para que “en 10 días corridos elabore un informe técnico”. Agua.

El 3 de agosto, la Federal pidió una prórroga. 10 días. Concedida. Pero para el 16, la fuerza seguía desaparecida, así que la Fiscalía la emplazó, por teléfono, para el día siguiente.

El ansiado informe, pues, al fin llegó. Apenas tres carillas y anexos de recopilación del material colombiano, ya disponible en los anexos originales. El interrogatorio que siguió no resultó agradable. Acaso porque la oficial de la División Investigaciones Patrimoniales reconoció que como “desconocía las normas impositivas” en danza, optó por completar “un resumen” de lo que creyó “relevante”. Que no incluyó los giros.

Vuelta a empezar. Otros 10 días. Obvio, se incumplió. La oficial reapareció el 31. Para informar que tras analizar los giros, no podía “emitir una conclusión”. Ni conocía el tipo de cambio de los pesos colombianos. Ni sabía si los sospechados eran parientes entre sí -aunque le “parecía” que sí porque muchos se apellidaban Hoyos-. Ni si se violó alguna ley tributaria argentina.

La Fiscalía optó entonces por volver al casillero de inicio. A la UIF. El 1 de septiembre, le dio 3 días para presentar un informe. Pero la unidad recién apareció el 12 y sólo para revisar el ya frondoso expediente y sus anexos. El 20, la Fiscalía insistió. Le respondieron que el 22, a más tardar, la UIF “presentaría un escrito”. Así fue. Pero para pedir fotocopias. Vale, pero con la orden de entregar su informe en nuevas 72 horas. La respuesta, recién llegó el 13 de octubre, pero sólo para aportar un par de indicios preliminares. Y pidió, a su vez, que se pidan informes a la Policía Federal, la Anses, la AFIP y al Banco Central.

Así, superadas las 500 fojas en el expediente principal, más ocho anexos, poco y nada se sabe sobre los giros o los remitentes. Mucho menos sobre el dinero. Y de los colombianos, a ciencia cierta, ni siquiera se sabe si continúan en la Argentina. Al fin y al cabo, pasaron ya tres años. De nada. De burocracia.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Tufillo ecuatoriano

Dos meses y medio después de desmentir por tercera vez ante la Justicia a su otrora jefe en Caracas, el embajador Eduardo Sadous, el diplomático Alberto Alvarez Tufillo prepara al fin sus valijas. La Cancillería lo postuló para liderar la embajada en Ecuador.

Alvarez Tufillo ya recibió el visto bueno del gobierno de Rafael Correa, por lo que para concretar su traslado a Quito deberá ahora contar con la firma del pliego de su designación por parte de la presidenta Cristina Kirchner y luego tener el respectivo aval del Senado.

De este modo, el ex consejero económico y comercial de la embajada argentina en Venezuela -el número tres de la misión- llegará al puesto ambicionado por todo diplomático. Lo logró, después que la Junta de Calificaciones destrabara su carrera -congelada durante cinco años- y lo postulara para el cargo de "ministro de segunda" a mediados de octubre último.

Hombre afortunado, ya no tendrá que pasearse con José María “El Vasco” Olazagasti, la mano derecha del ministro Julio de Vido, por las calles de Buenos Aires, sino que podrán recorrer juntos Quito, donde “El Vasco” también hace de las suyas.

pd: más datos, acá.

viernes, 23 de julio de 2010

El diplomático que no fue

Natalio Jamer es un diplomático de carrera, que viene del área de Comercio Exterior. Es, además, el primer argentino que puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Si no, no se entiende cómo pudo estar en Caracas al mismo tiempo que en Buenos Aires.

Ése es el eje de la polémica. Porque el Ministerio de Planificación Federal afirmó que aquella polémica reunión en Caracas en que el secretario privado de De Vido, José María Olazagasti, no tuvo nada de "paralela" a la Cancillería porque Jamer estuvo presente. Pero el único problemita es que Jamer NO estuvo allí. Estaba en Buenos Aires y viajó a Venezuela al día siguiente.

Un detalle adicional: según el equipo de Julio de Vido, además de Jamer también participó algún diplomático de la embajada argentina en Caracas. Pero, si es así, no quedó constancia alguna de aquella presencia o siquiera de aquella polémica reunión con ciertos empresarios (y no otros). ¿Por qué? Porque ese hipotético segundo diplomático NO envió ningún cable a Buenos Aires para informar sobre lo ocurrido.

¿Qué significa eso? Que, en la práctica, la Cancillería estuvo "a ciegas" de lo ocurrido en Caracas, bajo la batuta de Olazagasti hasta que se quejaron dos empresas argentinas perjudicadas por el Ministerio de Planificación. O sea, por De Vido.

Si eso no es "diplomacia paralela"...

pd: más datos, acá.

martes, 13 de julio de 2010

"Algo oculto, algo turbio"

Responsable académico durante casi 15 años (1992-2006) del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, Roberto Russell es uno de los expertos que más saben de relaciones internacionales en la Argentina y, además, de los dimes y diretes dentro de la Cancillería.

Eso le aporta aún más peso y valor a cada una de sus palabras, que de por sí son categóricas al explicar durante una entrevista con LA NACION qué significa la "diplomacia paralela" en manos del ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, y su equipo.

-Vayamos a la tapa de los diarios. ¿Qué piensa de las denuncias del embajador Eduardo Sadous? ¿Existe la diplomacia paralela?

-Esto no es nuevo. Siempre hubo una diplomacia paralela. Cuando escribía sobre la Argentina de los años 70 hablábamos sobre la diplomacia paralela del almirante Massera, por ejemplo. Son cosas siempre nefastas. Porque además siempre hay algo oculto, algo turbio, que encierra desde negocios sucios hasta proyectos personales de poder. Lo mismo ha pasado ahora con el vínculo con Venezuela, no hay ninguna duda de esto.

-Igualmente, ¿no es normal que la Cancillería no tenga el monopolio de las relaciones exteriores en ciertos casos?

-Cuando algún otro ministerio se encarga de las relaciones exteriores del país, no es diplomacia paralela. En el mundo contemporáneo, la Cancillería ya no tiene el monopolio de las relaciones exteriores, si es que alguna vez lo tuvo. Porque el que está en Educación se vincula con los que hacen educación en otras partes y lo mismo pasa en Economía, en Defensa. Lo paralelo tiene más que ver con esas cosa de trastienda, con negocios sucios o proyectos políticos personales. Con actividades que el resto de las reparticiones no conoce o con una que avanza sobre territorios que son propios de la Cancillería, que es lo que pasa con el ministerio de De Vido.

-En democracia, ¿qué antecedentes hay?

-Ahí no veo expresiones de diplomacia paralela porque precisamente en una democracia estas cosas no deberían pasar dado que uno tiene más información. Aunque con Menem estuvo el caso de contrabando de armas a Croacia y a Ecuador. Pero lo que encontramos hoy no se dio en la etapa de la democracia. No sé si es inédito, pero nunca hubo una expresión tan notoria de vinculaciones de esta naturaleza por encima de la Cancillería o diciéndole a ésta que no se metiera en algún tema porque lo iban a manejar desde otro lugar.

-El canciller Héctor Timerman reprochó al subsecretario de Integración Económica de la Cancillería, Eduardo Sigal, porque hizo su denuncia por escrito en lugar de hacerlo personalmente y en forma confidencial.

-No es así. Es la lección número uno que aprende un diplomático: las cosas siempre se ponen por escrito. Cuando uno pone una cosa así por escrito, y lo he visto mil veces en la Cancillería, es porque estás abriendo un paraguas, te estás cubriendo, anticipando a un golpe que te puede venir.

pd: la entrevista completa, acá.

miércoles, 30 de junio de 2010

Esos 30 cables

En sus ediciones del domingo y del lunes, el diario Clarín publicó varios artículos sobre 30 cables diplomáticos secretos, que enmarcó dentro de la operatoria de la "embajada paralela".


Todas mis fuentes coinciden, sin embargo, en que esos cables poco tienen que ver con la operatoria sospechada. Peor aún, indican que tanto el ex embajador Eduardo Sadous como el ex agregado comercial Alberto Álvarez Tufillo sólo redactaron, firmaron y enviaron ocho (8) cables centrados en la "diplomacia paralela", las "irregularidades" y la "corrupción" en la relación bilateral.

Más aún, si el juez federal Julián Ercolini los citara a declarar sobre 30 cables, al parecer ambos mantendrían esos reportes que enviaron a la Cancillería alejados de la Justicia. Y eso, de ocurrir, le aportaría al Gobierno una oportunidad para desmentirlo todo, una vez más.

Ergo, ¿qué hacer? ¿Subirse a lo publicado por Clarín y consignar algo sobre lo que ellos publicaron? Por el contrario, ¿salir a desmentir o relativizarlo? ¿O mantenerse alejados, dado que es una pelea "entre ellos", como muchos creen (y con no poca razón)?

Todas las opciones resultan incómodas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Querer o no querer

Salvo que la Cancillería quiera, no aparecerá la citación al ex embajador argentino ante Venezuela, Eduardo Sadous.

Salvo que la Cancillería quiera, entonces, Sadous no podrá declarar ante la Cámara de Diputados de la Nación.


Salvo que la Cancillería quiera, entonces, los legisladores no podrán preguntarle sobre la "embajada paralela" que operó (y opera) en Venezuela durante años.

Salvo que la Cancillería quiera, los diarios no podrán contar que la citación a Sadous la libró el diputado Alfredo Atanasof el 3 de junio.

Salvo que la Cancillería quiera, jamás trascenderá que la Cancilleria durmió esa citación durante doce días.

Salvo que la Cancillería quiera, la Cancillería (empezando por su máximo responsable, Jorge Taiana), será acusada de bloquear un testimonio requerido por el Poder Legislativo y obstaculizar la búsqueda de la verdad.

Todo esto, claro está, salvo que la Cancillería quiera.

Porque si quiere la Cancillería sí quiere -y eso ocurre antes del mediodía de hoy-, la citacion aparecerá, Sadous podrá declarar y todos felices porque nadie se quedará con las ganas de comprender qué pasó en esa relación bilateral.

Todos felices, claro, salvo Néstor Kirchner, Julio de Vido, Claudio Uberti y algunos (varios) más...

martes, 8 de septiembre de 2009

El recuadro, más importante que el central


Y sí, a veces pasa. Lo que es relevante para algunos (los argentinos) no lo es tanto para otros (el resto del mundo).

Eso ocurrió, en este caso, con lo que se convirtió en el recuadro del adelanto que publicó LA NACION. La nota "central" es más relevante para los argentinos porque involucra al poderosísimo ministro de Planificación Federal, Julio de Vido.

Pero el recuadro, muy por el contrario, se concentra en los viajes a 24 países de África, Asia, Oceanía y Micronesia que el grupete que se involucró en el "caso Antonini" organizó, gestionó y financió UN AÑO ANTES. Todo, vale remarcar, por orden del Ministro de Justicia e Interior venezolano y bajo la coordinación de la Cancillería venezolana. ¿Objetivo? Lograr que Hugo Chávez ingresara al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU).

pd1: sí, no insistan, de todo tengo papeles.

pd2: sí, no insistan, subiré los papeles a este blog (cuando sepa cómo! ja!)

pd3: uno de los pasajeros de esos vuelos, el entonces vicecanciller Vladimir Villegas, confirmó en público que él fue uno de los viajeros.


Todo esto y más pueden leerlo (comprando el libro). El adelanto, acá: http://www.lanacion.com.ar/1168176.


O, más simple, acá:

La petrodiplomacia de Chávez

A través de Carlos Kauffmann y Franklin Durán, dos empresarios venezolanos que recorrieron el mundo con dinero y promesas, el gobierno chavista intentó seducir voluntades para reemplazar a la Argentina en el Consejo de Seguridad de la ONU


A mediados de 2006, el presidente Hugo Chávez se lanzó a recorrer el mundo. Soñaba con reemplazar a la Argentina en el decisivo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) a partir de enero de 2007 y por los siguientes dos años. Visitó Rusia, Belarús, Qatar, Irán y Siria, donde, el 30 de agosto, el presidente Bachar al Asad le ofreció el caramelo que tanto ansiaba: respaldaría su candidatura, le prometió, "para que sea la voz que apoye a todos los países".
Pero allí no concluyó la ofensiva de Chávez por llegar al Consejo de Seguridad. Cuatro grupos de venezolanos extendieron su campaña por los lugares más remotos. Todos con la misma dinámica: sobres en los que la República Bolivariana expresó su voluntad de tejer negocios -en especial petroleros y financieros- con esos países y, por supuesto, su interés por representarlos con fidelidad en el club más selecto de la ONU. Valijas cargadas de promesas de un mundo mejor, de ilusiones, de proyectos y de riquezas.
Quienes estaban detrás de esos vuelos contra el capitalismo eran, cruel ironía, dos empresarios beneficiados por el mercantilismo local más espurio, Franklin Durán y Carlos Kauffmann, muy conocidos dentro del mundillo venezolano de clase alta, pero ignotos para el gran público.
Durán y Kaufmann recibieron la orden de financiar y organizar los vuelos a esos 24 países bajo la dirección de la Cancillería venezolana, en rigor, una mezcla de pedido, de amenaza y de promesa de futuros negocios. Todo eso sazonado con una garantía oficiosa de que el ministro del Interior y Justicia, Pedro Carreño, cubriría los gastos, una promesa que luego se transfirió a las arcas de PDVSA, lo que confirma el involucramiento del gobierno venezolano en la idea, ejecución y pago de los vuelos.
Desde el gobierno bolivariano, recurrir a empresarios para tareas propias del Estado resultaba ventajoso. Le permitía mantener todo el asunto fuera de la lupa pública; si algo salía mal, además, era más difícil probar la mano chavista, y si todo salía bien, el operativo se pagaba sin controles de auditoría, lo que a su vez facilitaba algún negociado. Y, quizá lo más relevante de todo, la orden se cumplía muchísimo más rápido.
Desde la perspectiva de Durán y Kaufmann, el pedido reportaba múltiples beneficios: acceso a funcionarios de alto nivel, cobro de favores millonarios y, por encima de todo, poder. Pero también resultaba un pedido al que era difícil negarse, más aún si su firma, Venoco, vivía de las ubres de PDVSA y otras áreas del Estado y sus petrodólares.
Así fue como estos empresarios pusieron manos a la obra, como volverían a hacerlo un año después para intentar acallar a su amigo, Guido Alejandro Antonini Wilson, cuando se hizo público el escándalo de la valija en el Aeroparque Jorge Newbery.
Teléfonos, contactos y billetera mediante, dieron las órdenes preliminares. Pero, por un lado, Franklin Durán no hablaba inglés con la fluidez suficiente para discutir los detalles necesarios del operativo. Y por el otro, Kauffmann mantenía su prescindencia para el trabajo cotidiano. Eso quedaba para otros. Es decir, para Durán y el entonces amigo de ambos, Antonini, quien caería en desgracia en 2007 con una valija que no era suya en Buenos Aires.
A cambio de una vaga promesa de que recibiría US$ 200.000 cuando ellos cobraran el operativo, Antonini se encargó de hablar por teléfono con American Express, en inglés, para destrabar los pagos con la tarjeta Centurión, la negra e ilimitada de Franklin.

Por todo el mundo

Antonini también intermedió con la empresa que coordinó los vuelos, Atlantic Aviation Flight Services, de Massachusetts. Y con la Cancillería venezolana. Las órdenes le llegaban de un diplomático de carrera, Hernani Escobar Iglesias, aunque las decisiones las tomaba Camilo Crespo, uno de los referentes políticos del ministerio y mano derecha del flamante canciller, Nicolás Maduro.
El esquema de trabajo pronto incluyó cuatro grupos de pasajeros que se repartieron las regiones o continentes.
El "Grupo 1" se encargó del sudeste asiático, con paradas previstas, que luego se modificaron sobre la marcha. Los pasajeros Vladimir Villegas y María Elizabeth Rodríguez enfilaron hacia la República Democrática Popular de Laos, el Sultanato de Brunei, Timor Occidental, Myanmar y Tailandia.
La travesía del "Grupo 2" era digna de la National Geographic Society. A bordo del Lear Jet VH-LJJ rumbearon hacia Papúa, Nueva Guinea, Islas Salomón, Vanuatu, República de Kiribati, Tuvalu, Samoa, Nueva Zelanda, Nueva Caledonia y la isla Nauru, conocida como la "isla nación más pequeña del mundo".
Muy distinto fue el panorama para el "Grupo 3", que no llegó tan lejos de Venezuela, pero también deambuló por destinos inusuales para un turista burgués: Burundi, Tanzania, Madagascar y Seychelles, Uganda y Ruanda.
El último pelotón, el "Grupo 4", concentró sus energías -y dinero-, en el sudeste africano: Malawi, Zambia, escala en Johanesburgo, y de allí a Lesoto y Suazilandia, antes de retornar a Sudáfrica.
Para cuando el último jet aterrizó el 13 de septiembre de 2006 en Nueva Zelanda, las cuentas se acumularon hasta conformar una sola factura. Se libró el 3 de octubre a "Leche Inc.", otra de las empresas de Durán, quien logró que "inflaran" los costos, con la idea de extraerle más dinero a la gran chequera chavista. De ese modo, la aventura que iba a costar alrededor de US$ 600.000 aumentó hasta US$ 1.168.334.
Aun así, Chávez perdió. No llegó al Consejo de Seguridad por culpa de su verborragia. Por aquella diatriba sobre el "diablo" George W. Bush y su aviso de que olía a "azufre" en la sede de la ONU. Y Kauffmann y Durán no cobraron un solo dólar.