Hace ya muchos años, investigué para el diario LA NACIÓN el "maletinazo" de los gobiernos de Argentina y Venezuela. El resultado fue "Los secretos de la valija" y este blog. Estas páginas tomaron luego su propio rumbo, centradas en la corrupción y el lavado, y en los muchachos con maletines repletos de dinero, los "valijeros". Y de allí "Las coimas del gigante alemán", "La máquina de hacer billetes", "La Piñata" y "La Raíz". Pero la trama continúa...
sábado, 23 de noviembre de 2013
Wikileaks, Leigh y algo más de oxígeno
Que Leigh es cucaracha, que es un portavoz del Imperio, que La Nación quiere desprestigiar a Assange en vez de concentrarse en las revelaciones que aportó Wikileaks...
Quizá habría que recordar ciertos datos a los "puristas" y "duros" de la web (que, obvio, casi siempre son tan agresivos como anónimos):
- Leigh (foto, abajo) es una leyenda del periodismo de investigación mundial; y no tiene una tendencia precisamente conservadora/imperial;
- The Guardian se ufana de su perfil de izquierda, crítico feroz de Estados Unidos y el Reino Unido por las guerras en Irak y Afganistán; por eso mismo Assange acudió a ese diario;
- La Nación fue uno de los dos únicos diarios de la Argentina que trabajó con Wikileaks (y, vale aclarar, la gente de Wikileaks vino a buscarnos) para difundir su material sobre el país (y hasta ayer llevamos publicados 1058 artículos sobre Wikileaks desde 2008) y alrededores (el otro diario fue Página 12, con el gran Santiago O'Donnell al frente);
- Y yo, el autor de este blog, fue quien viajó a Londres, se reunió con la gente deWikileaks, trajo el material a Buenos Aires, y continúa en contacto permanente con ellos. Ahora, que mantenga una buena relación con ellos no significa que deba ocultar que Leigh es muy crítico sobre cómo actuó Assange.
A veces, muchach@s, hay que respirar hondo y pensar un segundo. Porque si no pueden quedar en off side o, incluso, resultar más papistas que el Papa.
pd1: la brevísima entrevista, que salió en el .com titulada "Assange es un activista contracultural que intentaba manipularnos", acá.
pd2: algunos de los materiales publicados en La Nación sobre Wikileaks, ver acá, acá, acá, acá, acá y acá, entre otros.
martes, 22 de noviembre de 2011
Dinero negro, Julio Nudler y corrupción
Allá atrás y hace tiempo, en el inicio de los tiempos que corren, el grande y recordado Julio Nudler escribió en Página 12 la columna “Dinero negro que se recicla en corrupción”, tan vigente hoy como entonces. Escrita en 2003 con la volanta “Para comprar los favores del Estado”, expuso:
“Lo primero que debe saber el empresario que compra facturas falsas es para qué las quiere. Se dirá que para evadir impuestos, pero esta motivación, aunque atendible, resulta insuficiente, sobre todo cuando el presunto comprador de los bienes o servicios transados es una sociedad importante, como algunas de las que en la víspera allanó

En esa columna notable por su precisión informativa (y a la vez profética), Nudler [foto] también describió una práctica que se corroboró en Siemens con su Proyecto DNI: “Aunque la norma general es que la factura falsa genera plata negra, y que ésta se recicla en corrupción, incluso en las grandes empresas puede ocurrir que una parte, mayor o menor, de los fondos oscuros vaya a los bolsillos del management, es decir, los ejecutivos, como demuestran los escándalos que envolvieron a diversas multinacionales. En el caso argentino, esta derivación no parece significativa en el conjunto. Cuando se trata de firmas claramente identificables con un dueño, la motivación puede ser tan simple como la codicia o la angurria”.
Tras recordar que más tarde o temprano, la tarasca debe reingresar (ya blanqueado) al mercado legal, Nudler cerró con lo que por entonces era un escándalo incipiente de facturas truchas, que incluyó los casos Viazzo y Di Biase, entre otros, y luego el “caso Skanska”, ese que ahora finiquitó
“Todo el tinglado se apoya en infinidad de sociedades anónimas de papel que crean insolventes teledirigidos y cumplen ante Impositiva con todos los requisitos formales, incluyendo el asiento en el libro Ventas de cada operación. La maniobra se complica si un día, como ha empezado a ocurrir, la AFIP, movida por la sospecha, se apodera de esos registros, ya que éstos le servirán para caerles encima a las empresas compradoras con toda la información ya masticada. En ese momento empieza el baile”.
El baile, al menos en sus versiones más conocidas e incómodas para el poder político y económico, parece que llega a su fin. ¿Por qué? Porque el Gobierno, en sus múltiples ramificaciones, así lo decidió con: a) la apertura de una moratoria y blanqueo que ofrecía la extinción de la acción penal; b) la desintegración de los equipos de trabajo de la AFIP que colaboraban con la Justicia, por ejemplo, en los casos Viazzo y Di Biase; c) el desmembramiento de la pesquisa Skanska en manos del juez en lo Penal Económico, Javier López Biscayart, y su envío al juez federal Norberto Oyarbide; d) la aniquilación de ese mismo caso Skanska por la Cámara Federal, que determinó la "inexistencia de delito".
Pero todo esto llega a su fin, no obstante, sólo por ahora. Again, ¿por qué? Porque esta es una operatoria que trasciende al Gobierno, ya que este se beneficia pero también es utilizado por el poder permanente. Eso explica que la operatoria de facturas truchas se retrotaiga cuanto menos a los '90s. Y así aparecen figurones que tanto ayudaron a Alfredo Yabrán como Lázaro Báez y a Julio de Vido (ver acá, acá, acá y acá).
pd: la columna completa de Nudler, acá.
lunes, 31 de octubre de 2011
El Mal, según Bonasso
Un libro duro, contundente, como su autor.
Se trata de “El Mal”, la investigación de
Publicado por Editorial Planeta, el libro revela cómo los gobiernos de la Argentina y Chile coordinaron estrategias y medidas para beneficiar a la multinacional de origen canadiense. Y de cómo unos cuantos se beneficiaron en el camino.
El libro expone, también, cómo se dinamitó la amistad entre Bonasso y los Kirchner, con varios cortocircuitos previos al estallido final. Entre ellos, uno con Néstor:
“Me permití decirle que el mayor peligro del poder consiste en rodearse ‘de alcahuetes y ladrones’. Se puso rojo de furia. En el fondo yo hablaba todavía de cuestiones menores, como la corrupción imperante en Canal 7. Ignoraba lo que ahora conozco a fondo: el salto cualitativo en el saqueo, de la privatización del patrimonio estatal a la apropiación y destrucción de los recursos esenciales para la vida”.

Bonasso evita, sin embargo, la diatriba política. Y así aflora el “mejor” Bonasso, el periodista preciso de investigación, que revela irregularidades y delitos, y logra explicar de manera sencilla los beneficios obtenidos por
- Mientras que una familia sanjuanina consume
- Aprobada por casi la unanimidad de los legisladores en Diputados y el Senado,
- Las leyes mineras le otorgaron a la Barrick más de 18 ventajas excepcionales entre exenciones fiscales y dobles deducciones tributarias, entre otras (aunque el jueves, al menos, fue forzada a liquidar sus exportaciones en el mercado local, al igual que las petroleras);
- El Gobierno y la Barrick sellaron un acuerdo secreto, de tres carillas, que como resume Bonasso, “le costó la renuncia a dos subsecretarios de Estado y en otro país podría haber significado la cárcel para el secretario de Hacienda y un juicio político a la Presidenta de la Nación”. Entre otros motivos, por “la renuncia voluntaria de
- Tras cuatro meses sin reglamentar
El diputado nacional (cuyo segundo mandato concluirá en diciembre) también señala los vínculos ocultos entre el secretario de Minería de la Nación,
Por eso, el periodista –uno de los fundadores de Página 12, en el que ahora no le dejan escribir- y autor de libros legendarios como "Recuerdo de la Muerte" y "El presidente que no fue", considera que “la era menemista sigue”.
“Como el roquismo, el menemismo engendró una cultura de la corrupción desenfrenada y de impunidad que sigue plenamente vigente y durará años, hasta que la sociedad tome conciencia y se decida a vivir de pie y no de rodillas”, afirma. “El Mal no es una categoría metafísica, sino un sistema político, económico y social con amos internacionales y servidores locales”.
Porque en la Argentina, como bien recuerda, “hay subculturas de corrupción que trascienden a los gobiernos que las engendraron”.
Un libro, en suma, tan inoportuno como quijotesco dados los resultados del domingo 23. Pero, por eso mismo, de lectura necesaria.
pd: el link al blog de Bonasso, acá.
martes, 30 de agosto de 2011
Un libro necesario
Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.
La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).
Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.
Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.
Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre
Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.
Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.
Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.
“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.
Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.
Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre
"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.
lunes, 14 de marzo de 2011
Wikileaks, espías e imbecilidades
Debí viajar para eso a la capital inglesa, enviar un primer e-mail y esperar durante más de seis horas en una habitación de hotel. Luego me indicaron un punto de encuentro para el día siguiente, aunque el lugar se modificó sobre la marcha, a la mañana siguiente, hasta que la reunión se concretó cerca del Museo Británico.
