Mostrando entradas con la etiqueta Página 12. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Página 12. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de noviembre de 2013

Wikileaks, Leigh y algo más de oxígeno

Ayer observé uno de esos fenómenos que de tanto en tanto ofrece Internet. Ocurre que publiqué una brevísima entrevista con el editor saliente de investigaciones del diario británico The Guardian, David Leigh, en la que habló sobre el referente de Wikileaks, Julian Assange, y ardió una mini-Troya.

Que Leigh es cucaracha, que es un portavoz del Imperio, que La Nación quiere desprestigiar a Assange en vez de concentrarse en las revelaciones que aportó Wikileaks...

Quizá habría que recordar ciertos datos a los "puristas" y "duros" de la web (que, obvio, casi siempre son tan agresivos como anónimos):

- Leigh (foto, abajo) es una leyenda del periodismo de investigación mundial; y no tiene una tendencia precisamente conservadora/imperial;


- The Guardian se ufana de su perfil de izquierda, crítico feroz de Estados Unidos y el Reino Unido por las guerras en Irak y Afganistán; por eso mismo Assange acudió a ese diario;

- La Nación fue uno de los dos únicos diarios de la Argentina que trabajó con Wikileaks (y, vale aclarar, la gente de Wikileaks vino a buscarnos) para difundir su material sobre el país (y hasta ayer llevamos publicados 1058 artículos sobre Wikileaks desde 2008) y alrededores (el otro diario fue Página 12, con el gran Santiago O'Donnell al frente);

- Y yo, el autor de este blog, fue quien viajó a Londres, se reunió con la gente deWikileaks, trajo el material a Buenos Aires, y continúa en contacto permanente con ellos. Ahora, que mantenga una buena relación con ellos no significa que deba ocultar que Leigh es muy crítico sobre cómo actuó Assange.

A veces, muchach@s, hay que respirar hondo y pensar un segundo. Porque si no pueden quedar en off side o, incluso, resultar más papistas que el Papa.

pd1: la brevísima entrevista, que salió en el .com titulada "Assange es un activista contracultural que intentaba manipularnos", acá.

pd2: algunos de los materiales publicados en La Nación sobre Wikileaks, ver acá, acá, acá, acá, acá y acá, entre otros.

martes, 22 de noviembre de 2011

Dinero negro, Julio Nudler y corrupción

Allá atrás y hace tiempo, en el inicio de los tiempos que corren, el grande y recordado Julio Nudler escribió en Página 12 la columna “Dinero negro que se recicla en corrupción”, tan vigente hoy como entonces. Escrita en 2003 con la volanta “Para comprar los favores del Estado”, expuso:

“Lo primero que debe saber el empresario que compra facturas falsas es para qué las quiere. Se dirá que para evadir impuestos, pero esta motivación, aunque atendible, resulta insuficiente, sobre todo cuando el presunto comprador de los bienes o servicios transados es una sociedad importante, como algunas de las que en la víspera allanó la AFIP. Una primera conclusión a extraer es que toda empresa que opera en un país altamente corrupto –categoría en la que las mediciones internacionales incluyen a la Argentina– necesita generar plata negra, en mayor o menor medida, para poder pagar coimas grandes o chicas y así participar del juego, manteniéndose en el mercado. Al simular compras inexistentes, la firma transfiere fondos de su caja blanca a otra, la negra, cuyo manejo tiene su complejidad. No es fácil reunir en una misma persona, física o jurídica, el carácter de vendedor y comprador en una misma transacción”.

En esa columna notable por su precisión informativa (y a la vez profética), Nudler [foto] también describió una práctica que se corroboró en Siemens con su Proyecto DNI: “Aunque la norma general es que la factura falsa genera plata negra, y que ésta se recicla en corrupción, incluso en las grandes empresas puede ocurrir que una parte, mayor o menor, de los fondos oscuros vaya a los bolsillos del management, es decir, los ejecutivos, como demuestran los escándalos que envolvieron a diversas multinacionales. En el caso argentino, esta derivación no parece significativa en el conjunto. Cuando se trata de firmas claramente identificables con un dueño, la motivación puede ser tan simple como la codicia o la angurria”.

Tras recordar que más tarde o temprano, la tarasca debe reingresar (ya blanqueado) al mercado legal, Nudler cerró con lo que por entonces era un escándalo incipiente de facturas truchas, que incluyó los casos Viazzo y Di Biase, entre otros, y luego el “caso Skanska”, ese que ahora finiquitó la Cámara Federal con su increíble conclusión de “inexistencia de delito”, aún cuando la propia multinacional sueca admitió los chanchullos.

“Todo el tinglado se apoya en infinidad de sociedades anónimas de papel que crean insolventes teledirigidos y cumplen ante Impositiva con todos los requisitos formales, incluyendo el asiento en el libro Ventas de cada operación. La maniobra se complica si un día, como ha empezado a ocurrir, la AFIP, movida por la sospecha, se apodera de esos registros, ya que éstos le servirán para caerles encima a las empresas compradoras con toda la información ya masticada. En ese momento empieza el baile”.

El baile, al menos en sus versiones más conocidas e incómodas para el poder político y económico, parece que llega a su fin. ¿Por qué? Porque el Gobierno, en sus múltiples ramificaciones, así lo decidió con: a) la apertura de una moratoria y blanqueo que ofrecía la extinción de la acción penal; b) la desintegración de los equipos de trabajo de la AFIP que colaboraban con la Justicia, por ejemplo, en los casos Viazzo y Di Biase; c) el desmembramiento de la pesquisa Skanska en manos del juez en lo Penal Económico, Javier López Biscayart, y su envío al juez federal Norberto Oyarbide; d) la aniquilación de ese mismo caso Skanska por la Cámara Federal, que determinó la "inexistencia de delito".

Pero todo esto llega a su fin, no obstante, sólo por ahora. Again, ¿por qué? Porque esta es una operatoria que trasciende al Gobierno, ya que este se beneficia pero también es utilizado por el poder permanente. Eso explica que la operatoria de facturas truchas se retrotaiga cuanto menos a los '90s. Y así aparecen figurones que tanto ayudaron a Alfredo Yabrán como Lázaro Báez y a Julio de Vido (ver acá, acá, acá y acá).

pd: la columna completa de Nudler, acá.

lunes, 31 de octubre de 2011

El Mal, según Bonasso

Un libro duro, contundente, como su autor.

Se trata de “El Mal”, la investigación de Miguel Bonasso sobre “El Modelo K y la Barrick Gold.Amos y servidores en el saqueo de la Argentina”.

Publicado por Editorial Planeta, el libro revela cómo los gobiernos de la Argentina y Chile coordinaron estrategias y medidas para beneficiar a la multinacional de origen canadiense. Y de cómo unos cuantos se beneficiaron en el camino.

El libro expone, también, cómo se dinamitó la amistad entre Bonasso y los Kirchner, con varios cortocircuitos previos al estallido final. Entre ellos, uno con Néstor:

“Me permití decirle que el mayor peligro del poder consiste en rodearse ‘de alcahuetes y ladrones’. Se puso rojo de furia. En el fondo yo hablaba todavía de cuestiones menores, como la corrupción imperante en Canal 7. Ignoraba lo que ahora conozco a fondo: el salto cualitativo en el saqueo, de la privatización del patrimonio estatal a la apropiación y destrucción de los recursos esenciales para la vida”.

Bonasso evita, sin embargo, la diatriba política. Y así aflora el “mejor” Bonasso, el periodista preciso de investigación, que revela irregularidades y delitos, y logra explicar de manera sencilla los beneficios obtenidos por la Barrick. Entre muchos otros:

- Mientras que una familia sanjuanina consume 15.000 litros por mes, en Veladero se consumen 288 millones, aunque con su tarifa preferencial, “la Barrick acaba pagando el 0,16 por ciento de lo que cuesta el agua a los usuarios domiciliarios”.

- Aprobada por casi la unanimidad de los legisladores en Diputados y el Senado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ejerció por primera vez su facultad de veto de leyes para derribar la Ley de Glaciares (la segunda vez fue contra el 82% para los jubilados);

- Las leyes mineras le otorgaron a la Barrick más de 18 ventajas excepcionales entre exenciones fiscales y dobles deducciones tributarias, entre otras (aunque el jueves, al menos, fue forzada a liquidar sus exportaciones en el mercado local, al igual que las petroleras);

- El Gobierno y la Barrick sellaron un acuerdo secreto, de tres carillas, que como resume Bonasso, “le costó la renuncia a dos subsecretarios de Estado y en otro país podría haber significado la cárcel para el secretario de Hacienda y un juicio político a la Presidenta de la Nación”. Entre otros motivos, por “la renuncia voluntaria de la República Argentina a cobrar impuestos”.

- Tras cuatro meses sin reglamentar la segunda Ley de Glaciares, el Ejecutivo lo hizo de manera “deliberadamente incompleta”, sin abordar el decisivo artículo 15 que forzaba la auditoría ambiental sobre proyectos en marcha como Veladero y Pascua Lama. Al decir de Bonasso, una “reglamentación trucha”.

El diputado nacional (cuyo segundo mandato concluirá en diciembre) también señala los vínculos ocultos entre el secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral, o los hermanos Gioja con la Barrick y otras mineras. Pero lo que enfurece a Bonasso son los “tres lineamientos estratégicos del Modelo K” más allá de su retórica: “deuda, producción agraria, desarrollo a full de la actividad extractiva”.

Por eso, el periodista –uno de los fundadores de Página 12, en el que ahora no le dejan escribir- y autor de libros legendarios como "Recuerdo de la Muerte" y "El presidente que no fue", considera que “la era menemista sigue”.

“Como el roquismo, el menemismo engendró una cultura de la corrupción desenfrenada y de impunidad que sigue plenamente vigente y durará años, hasta que la sociedad tome conciencia y se decida a vivir de pie y no de rodillas”, afirma. “El Mal no es una categoría metafísica, sino un sistema político, económico y social con amos internacionales y servidores locales”.

Porque en la Argentina, como bien recuerda, “hay subculturas de corrupción que trascienden a los gobiernos que las engendraron”.

Un libro, en suma, tan inoportuno como quijotesco dados los resultados del domingo 23. Pero, por eso mismo, de lectura necesaria.

pd: el link al blog de Bonasso, acá.

martes, 30 de agosto de 2011

Un libro necesario

Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.

La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).

Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.

Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.

Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre Mauricio Macri, por ejemplo, ya lo había difundido Santiago. Lo mismo me ocurrió con Cargill y Eduardo Duhalde, entre otros.

Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.

Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.

Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.

“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.

Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.

Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre la Argentina. Por supuesto que como lector podría objetarle que sobran algunos capítulos (Antonini Wilson, Valija y Yabrán versan sobre el mismo tema, por ejemplo) o que faltan otros (corrupción, Indec o seguridad jurídica, por caso), pero eso no es más que una cuestión subjetiva. O hasta anecdótica.

"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.

lunes, 14 de marzo de 2011

Wikileaks, espías e imbecilidades

Del otro lado del teléfono, la voz dijo trabajar para WikiLeaks. Llamaba desde Londres. Sin jamás decir su nombre, preguntó por mí en español e indicó que me había enviado un e-mail, a mi cuenta privada de correo, dos semanas antes, sin aclarar tampoco cómo la obtuvo. A partir de allí, comenzó un complicado proceso que incluyó un viaje relámpago a Inglaterra, comunicaciones encriptadas y varios programas especiales de computación para acceder al "material".

Debí viajar para eso a la capital inglesa, enviar un primer e-mail y esperar durante más de seis horas en una habitación de hotel. Luego me indicaron un punto de encuentro para el día siguiente, aunque el lugar se modificó sobre la marcha, a la mañana siguiente, hasta que la reunión se concretó cerca del Museo Británico.


De este modo, LA NACION se sumó a la segunda fase de publicación de los cables del Departamento de Estado que comenzó a fines de noviembre con las primeras filtraciones por cinco de los medios gráficos más relevantes del mundo: The New York Times; The Guardian, de Londres; Der Spiegel, de Alemania; El País, de España, y Le Monde, de Francia.

En rigor -cabe aclarar ante la montaña de nada que se escribió ayer sobre espías y demás imbecilidades-, el proceso para acceder al material fue similar a los que ya relataron en el diario argentino Página 12 (que llegó a comparar a Julian Assange con el Che Guevara y el Subcomandante Marcos, y publicó esto; cuando antes publicaba esto y esto sobre Wikileaks) y en el colombiano El Espectador (que mantuvo, al igual que LA NACION, The NYTimes y The Guardian, mayor distancia de Assange).

¿Se pagó para obtener los cables? No. ¿Supe con quién hablaba o siempre fue anónimo? Me parece obvia la respuesta. ¿Wikileaks planteó alguna condición indebida? No. ¿Qué exigió? Que sólo tapemos los nombres de quienes podrían correr riesgo de vida o persecución judicial injusta si se publicaran sus nombres, que publiquemos los cables completos junto a los artículos en los que escribimos sobre ellos, y que de acá a unos meses publiquemos todos los cables o los subamos al propio servidor de Wikileaks. Eso es todo.

Los comentarios llegaron al punto de plantear por qué en mi artículo no mencioné a Página 12 entre los diarios que obtuvieron los cables Wikileaks. Dos comentarios: 1) sí estaba mencionado, pero no entró por cuestión de espacio; 2) puestos a borrar líneas, opté por citar sólo a los cinco que primero los obtuvieron. Si no, también debería haber citado a La Jornada (México), El Espectador (Colombia), La Nación (Costa Rica), El País (Uruguay) y unos cuaaaantos más...

pd: el resto del texto publicado en LA NACION, acá.