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martes, 30 de agosto de 2011

Un libro necesario

Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.

La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).

Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.

Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.

Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre Mauricio Macri, por ejemplo, ya lo había difundido Santiago. Lo mismo me ocurrió con Cargill y Eduardo Duhalde, entre otros.

Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.

Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.

Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.

“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.

Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.

Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre la Argentina. Por supuesto que como lector podría objetarle que sobran algunos capítulos (Antonini Wilson, Valija y Yabrán versan sobre el mismo tema, por ejemplo) o que faltan otros (corrupción, Indec o seguridad jurídica, por caso), pero eso no es más que una cuestión subjetiva. O hasta anecdótica.

"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.

martes, 14 de junio de 2011

El memo flamígero

Entre los cientos de documentos internos de Siemens que recopilé durante los últimos tres años para el libro “Las coimas del gigante alemán” aparecen muchos memorandos redactados por ejecutivos de la multinacional. Y entre ellos prevalece, sin duda, el famoso memo del 22 de octubre de 1999.

Escrito por Ulrich Bock, alias “Uli”, durante su paso por Buenos Aires, su memo incluye las iniciales de algunos de los receptores de las presuntas coimas que la compañía desembolsó para obtener el llamado “Proyecto DNI”.

Casi tres años atrás, el 11 de agosto de 2008, el semanario Der Spiegel reveló la existencia de este memo. El título de la nota, aunque escrito en alemán, resulta muy entendible: “Millionen für Menem?”. Pero la revista jamás llegó a publicarlo, ni a revelar su autor. Así que esta es la primera vez que sale a la luz:

Se lee poco y mal, sí, pero podrán imaginarse cuánto me costó obtenerlo (si hacen click sobre la imagen se expande y se ve mejor)…

En el tercio inferior, aparece:

-7’5 L.S. Luis Schirado!

-9’75 C.C. Corac Just min?

-9’75 H.F. ?

-16’ C.M. [Blas Medina] Menem?

-7,5 C.S. Carlos Sergi?

Schirado era el entonces CEO de Siemens Argentina; Carlos Corach, el ministro del Interior (no de Justicia como figura), “H.F.”, el interventor en Migraciones, Hugo Franco; Blas Medina, un poderoso lobbista todoterreno de los '90s; a Menem no es necesario presentarlo; y Sergi, el intermediario clave para la felicidad clandestina.

Una aclaración final: cuando la Fiscalía de Munich lo interrogó sobre el memo [tengo copia de dicho interrogatorio), Bock respondió: “Sí, esa nota la escribí yo. Allí resumí quién había recibido dinero de acuerdo al señor Sergi”.

“Uli” aclaró, sin embargo, que no todo lo que estaba anotado en el memo lo había escrito él. Entonces la Fiscalía le exigió más detalles. En particular, quién era el receptor del premio mayor de los 16 millones de dólares. Sin más, Bock le apuntó al ex Presidente: “Seguramente con la abreviación ‘CM’ quise decir Carlos Menem”.

pd1: el artículo de Der Spiegel de 2008, acá.

pd2: más datos sobre este memo, en el libro.

viernes, 8 de octubre de 2010

Cuentas pendientes

Por medio de una acordada, la Cámara Nacional Electoral alertó que vencieron los plazos legales en más de 60 expedientes en los que (en teoría, al menos) se investigan los gastos de campaña de partidos y alianzas que participaron de las elecciones presidenciales de 2007.

La Cámara les pidió, además, a los seis jueces que instruyen esas investigaciones pendientes que envíen un "informe pormenorizado" del estado de cada uno de esos expedientes. Si no, amenazó (de manera elegante) con quitarles esos expedientes y entregárselos a otros magistrados.

El emplazamiento se concentró, según dicen los informantes de la Cámara, en una destinataria en particular: la jueza María Romilda Servini de Cubría (conocida por todos como "La Chuchi"), que todavía evalúa la rendición de cuentas de la campaña que llevó a la entonces primera dama y senadora nacional, Cristina Fernández Kirchner, a la Presidencia.


María Romilda Servini de Cubría

Fuentes que investigan los aportes al Frente para la Victoria (FPV) indicaron a mi colega de La Nación, Paz R. N., que “la demora responde a que no se logró esclarecer aún si existió un vínculo entre el financiamiento de su campaña y escándalos tales como la valija de Guido Alejandro Antonini Wilson”. O la mafia de los medicamentos.

Eeeeh… Teléfono para el Gobierno. Tenía entendido que, según le dijo la Argentinien Präsidentin a la revista Der Spiegel, los US$ 800.000 de la valija maldita representaban una suma “ridícula” por lo irrelevante. Parece que no tanto cuando de pagar la cuenta se trata…

pd1: el resto de la nota, acá.

pd2: apuesto doble contra sencillo a quien quiera que el expediente continuará irresuelto hasta después de las elecciones de 2011. Y según quién gane en octubre del año próximo, se definirá qué hacer…

miércoles, 6 de octubre de 2010

Una cifra "ridícula"...

Que lo dijo, que no lo dijo.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner concedió una entrevista a la revista alemana Der Spiegel (páginas 114 y 115 de su edición papel) por demás curiosa. O polémica. O insólita. O como cada uno quiera definirla.

La cuestión es que CFK aportó una nueva versión de sus vivencias durante la dictadura –“mi marido y yo fuimos detenidos varias veces”; “nos encontrábamos en una especie de exilio interno” y que padecieron un atentado frustrado con una “bomba”-.

Y fue como con la Chiqui Legrand: que lo dijo, que no lo dijo.

Ante la inevitable polvareda, el Gobierno argentino informó que CFK no respondió eso. Pero la revista reafirmó anoche que sí. Y mantuvo disponibles online las versiones originales de la entrevista en alemán y en inglés.



Sin embargo, mientras la tormenta se centraba en ese eje discursivo, pasó desapercibido que CFK relativizó el escándalo de la valija y Guido Alejandro Antonini Wilson: "La suma de U$S 800.000 es ridícula, sátira política que es manipulada desde un sector interesado".

Tras tres años de investigar ese caso, un par de comentarios ante semejante respuesta:

1. Coincido: se trata de una “sátira política” en la que participaron funcionarios encumbrados de distintas áreas de su Gobierno: ministerios de Planificación Federal y de Relaciones Exteriores, la SIDE, la Jefatura de Gabinete, la Aduana, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y Enarsa, entre otros.

2. Coincido: todo un “sector interesado” de la oposición alentó el escándalo, aprovechando que el Gobierno no reaccionó a tiempo, jamás dio explicaciones (por ejemplo, sobre por qué y cómo Antonini Wilson ingresó a la Casa Rosada), echó a sólo un funcionario (Claudio Uberti) y se dedicó a denunciar a Estados Unidos por las nuevas 7 plagas.

3. Disiento: la suma de US$ 800.000 no es ridícula. Puede serlo para un funcionario. O para financiar una campaña electoral. O como coima. Pero al menos para mí, esa cifra dista de ser "ridícula". Es muchísimo más dinero que todo mi patrimonio y, estimo, que el patrimonio de la inmensa mayoría de los argentinos. Y equivale a lo que necesita una ONG que conozco para alimentar a 1500 chicos de la calle durante un año. Síp. Les da de comer y cobija y educa con poco más de 5 pesos por día.

Bastante bien. Coincido con la Argentinien Präsidentin en 2 de 3 comentarios...

pd: la entrevista completa en inglés, acá, y la versión alemana, acá.