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miércoles, 21 de febrero de 2018

NYTimes: Cuando la justicia le pone freno a una tuitera

Y un buen día le pararon el carro a un tuitero. Ocurrió recientemente en la Argentina, cuando un juez condenó a la mujer detrás de una cuenta anónima de Twitter que utilizó para difamar a un empresario, al que no conocía, pero acusó de delitos que no había cometido.



Como cabía esperar, la decisión generó ruido en la Argentina y llevó a un debate sobre cuáles son los límites de la libertad de expresión en una época en la que todo parece valer en las redes sociales. ¿Cómo lidiar con las agresiones, las injurias y las difamaciones? ¿Qué hacemos con las cuentas anónimas, ya sea en Twitter, Facebook o cualquier otra red social? ¿Y con los troles?

Twitter es la puerta del baño público del siglo XXI. Podés toparte con perlas: reflexiones, ideas, humor, poesía y campañas sociales y políticas. Pero también con lo peor: fake news, intolerancia, racismo, xenofobia, pornografía infantil y mucho más. ¿Qué hacer, pues? ¿Quién le pone el cascabel al gato? Más aún: ¿hay que ponerle cascabel?

pd: el resto de la nota publicada hoy en The New York Times, acá.

domingo, 17 de agosto de 2014

Memo urgente a los periodistas

De lunes a viernes, el telefonito manda. Quienes aún leen diarios, lo hacen en sus teléfonos móviles. No en papel, ni tampoco en sus laptops o en la computadora de la oficina. Eso quedó atrás. Ahora las noticias y, aún más, los columnistas preferidos, se leen mientras se viaja desde o hacia el trabajo en trenes, subtes, micros o como fuere. Pero los fines de semana todo cambia. Porque entonces el sueño dorado de todos es mantenerse lo más alejado posible de sus telefonitos (a los que asocian con "trabajo" o, lo que es lo mismo, "estrés") y recrear una escena ideal: el sol de la mañana entrando por la ventana, junto a una taza enorme de café y el diario abierto de par en par. ¿El mensaje implícito? Tengo todo el tiempo del mundo para leer y disfrutar.


Esta visión lunes-a-viernes vs. fines-de-semana no es caprichosa. Surge de un relevamiento que completó The New York Times entre sus lectores y usó luego para actuar en consecuencia. Potenció su paquete de mayor éxito, que incluye la suscripción con la clave para leer online de lunes a viernes y recibir el diario papel los sábados y domingos. A 5,95 dólares por semana.

Bienvenidos, pues, a un intento más de los diarios de Estados Unidos (y, por extensión, del resto del mundo) de adaptarse a las nuevas necesidades de sus lectores. Porque hoy es válido creer que una nueva tipografía o un retoque de colores impulsarán las ventas de los diarios de papel, pero en rigor es como diseñar mejores amortiguadores para carretas en la era de las autopistas.

pd: el resto del análisis publicado hoy en el suplemento Enfoques de LA NACIÓN, acá.

lunes, 19 de mayo de 2014

Gracias por el sueño

Durante las últimas siete semanas, viví algo MUY cercano a un sueño. Imaginate que alguien te diga: "¿A quién querés conocer? ¿Con quién te gustaría trabajar? ¿Dónde querrías aprender?". Y que te paguen ese sueño. De eso se trata la beca Eisenhower.

Entrada al Willamette Week, un semanario gratuito de Portland, Oregon, ganador del Premio Pulitzer a la mejor investigación periodìstica del año. Chiquito, pero rendidor.

Viajé a Washington, Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco y Dallas, entre otras ciudades. Me reuní con gigantes en el New York Times, Washington Post, ProPublica o Wall Street Journal, entre otros, almorcé con Seymour Hersh, pasé por universidades como Harvard, Columbia y Northwestern, y conocí gente increíble.

Universidad de Berkeley, California. Logan Symposium. Uno de los mejores congresos de periodismo de investigación de EEUU, al que sólo se asiste por invitación.

Ya expuse atisbos de la gira en Facebook (ver, acá) y en este blog. Ya expondré más en un texto que preparo para el suplemento Enfoques del diario La Nación. Y ya aplicaré distintas herramientas aprendidas en próximos artículos.

Texas. Fachada del edificio donde funciona el Dallas Morning News.

Mientras tanto, Gracias a tod@s en Eisenhower Fellowships por esta experiencia maravillosa, y por el Douglas Dillon Award (un reconocimiento que lleva ese nombre en recuerdo de un ex secretario del Tesoro de los presidentes Kennedy y Johnson). 

¡GRACIAS!

viernes, 26 de octubre de 2012

El Times, China, corrupción & censura

Gran trabajo de The New York Times. Reveló hoy que la familia del premier chino Wen Jiabao, más conocido dentro de su país como “el abuelo Wen” por su imagen cálida y cercana, acumuló una megafortuna mientras el funcionario impulsa en público medidas contra la corrupción.

“Un examen de los registros empresariales y regulatorios indica que los parientes del primer ministro, algunos de los cuales tienen facilidades para llevar a cabo tratos, incluida su esposa, han controlado unos activos cifrados al menos en 2700 millones de dólares”, expuso el Times.

Como cabía esperar, las ediciones online en inglés y en chino del Times fueron bloqueadas en China, desde que se subió la investigación a la Red (ver, acá). ¡Censores al ataque!


Para que quede claro: la investigación se basó en los registros existentes en corporaciones y organismos regulatorios entre los años 1992 y 2012, y reveló supuestos tratos realizados por parte del hijo de Wen [foto, arriba], su hija, un hermano menor, un yerno y su madre. Afirmó que las inversiones abarcan desde el sector bancario a complejos turísticos, compañías de telecomunicaciones, el negocio de las joyas y proyectos de infraestructura, en los que los nombres de los propietarios de los activos son ocultados a menudo mediante la utilización de firmas offshore o estructuras empresariales complejas.

Y algo más, para que no queden dudas. No es que la familia ya era rica, sino que la madre del premier (datito: 90 años, pero por lo visto muy trabajadora y rendidora), sus hermanos y sus hijos acumularon la mayoría de su fortuna desde que Wen fue nombrado viceprimer ministro en 1998.

El Times citó, como ejemplo, sociedades controladas por familiares, amigos y colegas de trabajo de Wen que amasaron US$ 2200 millones en acciones del grupo asegurador Ping An Insurance of China en 2007, el último año en que hay datos al respecto en documentos públicos.

pd1: el link a la nota completa de New York Times, acá.

pd2: por las dudas que se te haya olvidado: Jiabao estuvo hace poco en la Argentina, homenajeado por el Gobierno y empresarios, habló de negocios y participó de un asado (con generosísimo chupi) en un campo de Raúl Juan Pedro Moneta (sí, el de los años '90s que resurgió ahora con el "caso Ciccone" para ayudar a su amigo el banquero Jorge Brito); más datos, acá.

pd3: marche otro Pulitzer pa’ la redacción del Times, plis.

viernes, 6 de julio de 2012

La casa segura del Journal

Desde este humilde blog he procurado durante los últimos dos años promover la comunicación con los lectores y con potenciales fuentes de información. Sin embargo, nada puede equipararse con esto, la "casa segura" (traducción literal de "Safe House":


¡Mamita querida, lo del Wall Street Journal sí que es alentar el envío de información!

Otros medios han generado páginas similares, incluidos New York Times y The Guardian. Pero desde Valijeros no arrugaré. Ergo, si querés contactarme, escribime a secretosdelavalija@gmail.com o en Twitter a @halconada o por teléfono al (+54-11) 4319-4408 o por Facebook en http://www.facebook.com/halconada

pd: el link al Journal, acá.

martes, 30 de agosto de 2011

Un libro necesario

Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.

La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).

Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.

Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.

Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre Mauricio Macri, por ejemplo, ya lo había difundido Santiago. Lo mismo me ocurrió con Cargill y Eduardo Duhalde, entre otros.

Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.

Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.

Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.

“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.

Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.

Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre la Argentina. Por supuesto que como lector podría objetarle que sobran algunos capítulos (Antonini Wilson, Valija y Yabrán versan sobre el mismo tema, por ejemplo) o que faltan otros (corrupción, Indec o seguridad jurídica, por caso), pero eso no es más que una cuestión subjetiva. O hasta anecdótica.

"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.

domingo, 19 de junio de 2011

El undécimo mandamiento

Tiempo atrás, Reinhard “el Maestro del Desastre” Siekaczek dio su más larga (y casi única) entrevista a un consorcio de medios conformado por la cadena pública de televisión norteamericana, PBS, al portal ProPublica, la Universidad de California – Berkeley, y The New York Times.

Lejos de los estereotipos sobre los ejecutivos corruptores como hombres oscuros, malvados, riquísimos, pedantes y soberbios, Siekaczek mostró otra imagen. La de un burócrata que actuó para salvar su empleo y el de sus amigos y colegas de Siemens, casi una obligación moral.



En un momento, sin embargo, se preguntó cómo pudo ser tan idiota como para sentir semejante lealtad hacia la compañía. “Es difícil saberlo”, se planteó. Más aún desde que le dieron una “patada en el trasero”, al igual que a muchos de sus pares, a diferencia de los máximos ejecutivos de la multinacional.

Más aún, Siekaczek relativizó el impacto que el escándalo podría causar en el buen nombre e imagen de Siemens. “Desde que la corrupción es muy común en muchos países, la gente sólo dirá que se trató de mala suerte y que rompió el undécimo mandamiento”, argumentó con una apenas insinuada sonrisa.

¿Cuál es esa pauta moral faltante en la tabla de Moisés? “El úndecimo mandamiento es –dijo-, que nunca te atrapen”.

pd: el video completo (3:49), en PBS, acá; y en la del NYTimes, acá.

lunes, 8 de febrero de 2010

De la bomba a Antonini

Me pasan este video, en el que Hugo Chávez se mofa de un artículo que publicó tiempo atrás The New York Times sobre el arresto de un científico argentino en el laboratorio nuclear estadounidense de Los Álamos.

Según declaró ese científico, un representante/agente del gobierno venezolano lo contactó y le ofreció US$ 800.000 por su colaboración para obtener secretos.



Lo interesante del video, de todos modos, dura apenas unos segundos -desde los 2:08 a los 2:48-, cuando Chávez alude a Antonini y la cámara se centra en el ministro de Energía y presidente de la petrolera estatal PDVSA, Rafael Ramírez.

¿Por qué se centró la cámara en él? ¿Acaso porque todos los indicios marcan que los US$ 800.000 de la maleta decomisada en Aeroparque salieron de las arcas de PDVSA? ¿Acaso porque su nombre aparece una y otra y otra vez en las grabaciones del FBI?

La carita de Ramírez cuando Chávez alude al caso y alguien (que no se ve, pero se escucha clarito) dice el apellido endiablado cual un susurro (..."Antonini"...) es IM-PA-GA-BLE.