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jueves, 29 de mayo de 2014

Caso Ciccone - ¿se viene el quinto caído?

ESTO OCURRE AHORA. La Sala I de la Cámara Federal -Eduardo Farah, Jorge Ballestero y Eduardo Freiler- evalúan por estas horas un pedido de Amado Boudou para que se nulifiquen las testimoniales de los Ciccone. Pero los camaristas debaten ir más lejos y apartar al juez federal Ariel Lijo del expediente. Sería así el quinto (juez Daniel Rafecas, fiscal Carlos Rívolo, procurador Esteban Righi, fiscal antilavado Raúl Plee) caído del "caso Ciccone". Al parecer, Farah apoya el planteo del Vicepresidente; los votos de Freiler y de Ballestero serán, pues, determinantes.


La clave es el viaje de uno de los camaristas, Freiler, en los próximos días. ¿Buscarán, pues, emitir el fallo antes? ¿Por qué el apuro?

pd: más datos, acá (por Omar Lavieri) y acá (La Nación).

viernes, 21 de diciembre de 2012

Nace una oportunidad antipiratas - que así sea

La procuradora general, Alejandra Gils Carbó, anunció la creación de toda una nueva área especializada en delitos económicos con facultades para investigar por su cuenta y colaborar con pesquisas en marcha, incluso en otros fueros que no sean el penal.

La flamante Procuraduría Adjunta de Criminalidad Económica y Lavado de Activos, quedará bajo el mando de Carlos Gonella, un fiscal general subrogante que hasta ahora se abocó en Córdoba a causas sobre violaciones de derechos humanos y colaboró desde 2010 con la investigación sobre la voladura de Río Tercero.


Gonella liderará una superestructura con tres grandes áreas: la operativa -con especialidades en lavado, fraude económico y bancario, mercado de capitales, delitos tributarios y contrabando, delitos contra la administración pública y concursos y quiebras-; de asistencia técnica -con un cuerpo de investigadores y una sección para el recupero de activos- y la administrativa.

En la práctica, la nueva estructura implicará la disolución inmediata de las unidades fiscales de investigaciones sobre lavado (Ufilavdin) y contrabando (Ufitco), como también de la Oficina de Coordinación y Seguimiento en materia de Delitos contra la Administración Pública (Ocdap). El personal y las competencias de esas tres áreas fueron absorbidos por la Procuraduría Adjunta, pero sus responsables, Raúl Plee, Valeria Calaza y Sabrina Namer, respectivamente, quedaron fuera de la nueva distribución de cargos.

Polémica en puerta, obvio. Porque la salida de Plee, por ejemplo, ocurrió justo cuando debía presentar sus informes en el caso Ciccone (sobre la ruta de dinero, Raúl Moneta y la comisión de $ 7,6 millones del gobierno de Formosa a Alejandro Vandenbroele). Pero también porque Gonella y sus principales colaboradores llegan a la Procuraduría como subrogantes o fiscales “ad hoc”. Es decir, sin estabilidad en sus cargos y con dependencia absoluta de Gils Carbó.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Caso Ciccone - cayó el cuarto, nomás

Primero apartaron al juez, luego el fiscal, luego cayó el Procurador General de la Nación y, ahora, llegó el turno del fiscal antilavado. El caso Ciccone se cobró ayer su cuarta víctima, el jefe de la Unidad Fiscal contra el Lavado (Ufilavdin), Raúl Plee.

La decisión la tomó el fiscal Jorge Di Lello, quien interviene en la causa desde mediados de mayo pasado, cuando se dispuso el apartamiento del primer fiscal a cargo de la causa, Carlos Rívolo, y de inmediato aminoró la marcha de la investigación.


Di Lello resolvió la salida de Plee [foto, arriba] con un giro llamativo. En el mismo oficio en que le informó al juez federal Ariel Lijo que la Ufilavdin había dado “acabado cumplimiento al pedido de colaboración”, le indicó que dispuso “solicitar nuevamente la colaboración de la Unidad de Información Financiera”.

El cambio de un equipo de investigadores por otro resulta notable porque, al contrario de lo que sostuvo Di Lello, la Ufilavdin aún debía completar dos misiones. La primera era ahondar en la comisión de $ 7,6 millones que el gobierno de Formosa le pagó a Vandenbroele por su supuesta colaboración en el canje de la deuda que la provincia negoció con el entonces ministro de Economía Boudou. 

¿Su segunda misión? Determinar el origen de los fondos con los que el ex banquero acusado de lavado, Raúl Juan Pedro Moneta canceló las deudas de The Old Fund y terminó como financista de la captación de Ciccone.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACION, acá.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El eterno durante

El eterno durante. O una síntesis de la inoperancia del Estado para investigar el lavado de activos. Y no porque haya un “pez grande” de por medio. Ni “rosca” a favor o en contra de algún poderoso. Ni tampoco fortunas. Es apenas la burocracia en su movimiento perpetuo para, años y montañas de papel después, volver al punto de partida. Sin haber logrado nada útil, mientras que los sospechados continúan libres y fluye su dinero.

Así inicié el artículo que publiqué (reducido para que entrara en la edición papel) en el diario LA NACION (ver, acá). La versión ampliada de ese texto lo completo a continuación:

El expediente 172.225 de la Justicia Federal, resume así la desidia en la lucha antilavado, como compulsó LA NACION en uno de sus infinitos giros por la administración pública. Hasta por su carátula: “N. N. s/ encubrimiento”.

El objetivo de la pesquisa era, en teoría, sencillo: verificar si 15 giros ordenados a mediados de 2008 desde Buenos Aires con destino Medellín y Pereira, Colombia, por un total de $ 79.718,33 eran parte de una maniobra de lavado. Quizá hubiera un cartel detrás, quizá sólo fuera dinero de trabajadores emigrados para sus familias. Pero para precisarlo había que investigar.

Primero fue el turno de la Unidad de Información Financiera (UIF) que recibió dos reportes de operaciones sospechosas (ROS) de la remesadora More Argentina SA. El 6 de agosto de 2008 y el 30 del mismo mes. Para eso, pidió datos de inteligencia a su par colombiana a través de la red Egmont, lo que permite investigar más rápido, aunque luego no puede usarse esos datos en la Justicia, que debe pedirlos por exhorto diplomático.

Así fue como, en octubre de 2010, casi dos años después del último de los giros picantes protagonizados por 23 colombianos y 4 argentinos –algunos con antecedentes por narcotráfico-, y al fin con la denuncia de la UIF, el fiscal general antilavado, Raúl Pleé, ordenó una investigación penal. Cayó en la jueza María Servini de Cubría, que la derivó en el fiscal Federico Delgado.

Las primeras medidas fueron de manual: exhorto a Colombia e, intervención de la Policía Federal, que de inmediato, el 14 de octubre, pidió una prórroga para presentar su informe. 30 días. Que se amplió en noviembre por 10 días más.

La respuesta al exhorto, mientras tanto, se hacía desear. Así que el 12 de noviembre, y mientras el expediente acumulaba fojas con sellos, constancias y pases, la Fiscalía quiso saber qué pasaba con la diplomacia. La Cancillería argentina respondió con el silencio.

El 15 de diciembre, y ya vencida la prórroga, apareció el “trabajo de campo” de la Policía Federal. Que abarcó apenas la búsqueda por Internet de números telefónicos, más un informe del Veraz y otro de la AFIP, y una recorrida por algunos –no todos- los domicilios. En los que tocó timbre. Literal. El oficial habló con vecinos, aunque eso sí, “sin dar a conocer su condición de policía”.

El fastidio de la Fiscalía comenzó a olerse en el expediente. El 17, y dado que “lo realizado” por la Federal “no se adecua[ba] con el objetivo de la medida ordenada”, le fijó el “plazo improrrogable de 30 días [para] cumplir con lo requerido”. Para entonces, el expediente iba ya por las 168 fojas, más dos cuerpos previos de la UIF.

¿Qué querían Delgado y su equipo? Textual: “Corroborar si las actividades laborales o comerciales de las personas sospechadas se condicen con la realidad y si los individuos se vinculan con hechos ilícitos”. Pero todo siguió igual. Un mes y 1 un día después –y por tanto vencido otra vez el plazo impuesto-, un oficial de la Policía informó que consiguió la partida de defunción de un investigado. Nada más.

Con el fin de la feria judicial, febrero de 2011 amagó con novedades. El 3, la Cancillería al fin apareció. Pero sólo para informar que la burocracia colombiana se había sumado a la local, por lo que los cafeteros precisaron que responderían cuando concluyeran su labor. Sin fecha estimada.

El 8, la Fiscalía abrió juego. Se ofició a la Agencia Recaudadora bonaerense (ARBA). Respondió el 28 de marzo. Nada valioso. Pero el expediente superó las 328 fojas, más anexos.

Para el 6 de julio, la Fiscalía decidió insistir con la Cancillería. Por teléfono. Chocó con un detalle: “La sumariante relacionada con la rogatoria trabaja a partir de las 15 horas”. Así que la Fiscalía apeló al papel. Nuevo oficio. “Porque del resultado de esta diligencia depende, básicamente, la suerte del proceso y el exhorto fue librado hace alrededor de 10 meses”, recordó.

Siete días después, llegó la respuesta colombiana. 510 fojas y 4 CDs, con su “búsqueda selectiva en base de datos”. Y con el material, la Fiscalía se esperanzó con ver la luz al final del túnel. Se lo remitió a la Federal, el 14 de julio, para que “en 10 días corridos elabore un informe técnico”. Agua.

El 3 de agosto, la Federal pidió una prórroga. 10 días. Concedida. Pero para el 16, la fuerza seguía desaparecida, así que la Fiscalía la emplazó, por teléfono, para el día siguiente.

El ansiado informe, pues, al fin llegó. Apenas tres carillas y anexos de recopilación del material colombiano, ya disponible en los anexos originales. El interrogatorio que siguió no resultó agradable. Acaso porque la oficial de la División Investigaciones Patrimoniales reconoció que como “desconocía las normas impositivas” en danza, optó por completar “un resumen” de lo que creyó “relevante”. Que no incluyó los giros.

Vuelta a empezar. Otros 10 días. Obvio, se incumplió. La oficial reapareció el 31. Para informar que tras analizar los giros, no podía “emitir una conclusión”. Ni conocía el tipo de cambio de los pesos colombianos. Ni sabía si los sospechados eran parientes entre sí -aunque le “parecía” que sí porque muchos se apellidaban Hoyos-. Ni si se violó alguna ley tributaria argentina.

La Fiscalía optó entonces por volver al casillero de inicio. A la UIF. El 1 de septiembre, le dio 3 días para presentar un informe. Pero la unidad recién apareció el 12 y sólo para revisar el ya frondoso expediente y sus anexos. El 20, la Fiscalía insistió. Le respondieron que el 22, a más tardar, la UIF “presentaría un escrito”. Así fue. Pero para pedir fotocopias. Vale, pero con la orden de entregar su informe en nuevas 72 horas. La respuesta, recién llegó el 13 de octubre, pero sólo para aportar un par de indicios preliminares. Y pidió, a su vez, que se pidan informes a la Policía Federal, la Anses, la AFIP y al Banco Central.

Así, superadas las 500 fojas en el expediente principal, más ocho anexos, poco y nada se sabe sobre los giros o los remitentes. Mucho menos sobre el dinero. Y de los colombianos, a ciencia cierta, ni siquiera se sabe si continúan en la Argentina. Al fin y al cabo, pasaron ya tres años. De nada. De burocracia.

lunes, 19 de septiembre de 2011

+586ROS

En público, el Gobierno rechazó las críticas internacionales y negó que la ley de blanqueo de capitales que impulsó a principios de 2009 (y atrajo más de $ 18.000 millones o US$ 5000 millones al tipo de cambio entonces vigente) le abriera las puertas del país al lavado.

En privado, sin embargo, ordenó elevar los controles para calmar a esos mismos observadores y reducir los riesgos. La presión, dos años después, se plasmó en cerca de 600 reportes de operaciones sospechosas (ROS) llegadas desde bancos y otros actores del sistema financiero local.

La primera tanda de esos reportes pasó ya por la Unidad de Información Financiera (UIF), que tras más de un año de revisión y análisis la giró a la Unidad Fiscal de Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo (Ufilavdin) que lidera Raúl Pleé, aunque ninguna de las operaciones giradas a la Justicia encendió una alarma.

La propia UIF aportó, además, los primeros datos sobre el saldo bajo sospecha de la ley de blanqueo y moratoria al responder una consulta formal del bloque de senadores radicales liderados por Gerardo Morales, de junio de 2010.

Detalló que “al día 12 de julio del corriente [por 2010], la Unidad ha recibido un total de 586 ‘reportes de operación sospechosa’”, según consta en la copia de la nota 790/2010 [foto]. Todos los reportes, completó, estaban bajo “exhaustivo tratamiento”.

El volumen global de operaciones bajo sospecha, sin embargo, terminó por estabilizarse en cerca de 600, según confirmaron fuentes oficiales de la UIF. Es decir, por debajo de la proyección inicial que trazó el Banco Central (BCRA) que las operaciones reportadas podrían rondar las 800 según estimaron sus expertos poco después de concluida la ventana para ingresar capitales al país.

Es decir, que desde que se abrió la ventana para blanquear capitales, los bancos enviaron +586ROS (más de 586 reportes de operaciones sospechosas) a la UIF. Su contenido concreto (y sus protagonistas) es, salvo una docena (por demás irrelevante) ya en la Justicia, un misterio.

pd: la nota completa en LA NACION, acá.