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lunes, 10 de febrero de 2014

Michel, el enlace entre Echegaray y Lambiris

El puente que une al titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, con el empresario Jorge Lambiris es más simple y cotidiano de lo que se cree. Porque no pasa por las aulas de colegio compartidas por sus hijos. Pasa por Guillermo Michel, mano derecha del zar de los impuestos.

Entrerriano, de 36 años, Michel se convirtió en la principal espada de Echegaray durante los últimos años. Tanto que fue él quien asumió las riendas por la AFIP tras la intervención de la nueva Ciccone Calcográfica y la forzosa salida de Alejandro Vandenbroele a raíz del escándalo. Pero Michel, a su vez, llegó al "zar de los impuestos" de la mano de Lambiris, según reconstruyó LA NACION sobre la base de media docena de documentos y testimonios.

Contador, Michel se encargó de llevar los papeles de Lambiris, a quien todos dentro de la AFIP y de la Aduana conocen como "el uruguayo" y como una de las mejores puertas para llegar directo a Echegaray. Fue Michel, además, quien antes de desembarcar en la AFIP le solucionó varios problemas dentro del organismo a Lambiris, según dijeron fuentes oficiales y empresariales a LA NACION.

Echegaray y Lambiris, juntos en Río

Michel trabajaba en el estudio contable de Luis Osvaldo Hurovich. Así fue entre 2003 y 2007, según confirmaron desde el estudio a LA NACION. Durante esos años creó o integró una larga lista de sociedades anónimas: Vitiflor Management, Altamira, Viña Los Dassos, Mariflor, Acquaflores, Herbaflor, Caf Jauser, Representaciones Marítimas, La Barraca de Gchu -luego rebautizada Realman SA-, Panza Verde, WM Zurich y NP Fotografía, entre otras.

Varias de esas sociedades registran algunos rasgos comunes. Entre otras, que en la mayoría figuran Michel y Hurovich como rostros visibles. También, que la abogada Ana Cristina Palesa se encargó de su legalización y la escribana Sara Celia Hurovich, de la certificación.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

jueves, 2 de febrero de 2012

Echegaray, fuera de control

Este no es un libro pasatista. Playero. De esos que usted disfrutará mientras juega con sus pies en la arena frente al mar o entre las sierras. No. Ni su protagonista es un personaje de digestión ligera. Tampoco. Por el contrario, Ricardo Echegaray integra la élite de oscuros funcionarios que sobrelleva la Argentina y en la que antes descollaron Ricardo Jaime, María Julia Alsogaray Alberto Flamarique o Carlos Alderete.

Cínico, arbitrario y soberbio son los calificativos más suaves que le dedican sus empleados, actuales y pasados, como así también quienes debieron lidiar con él desde hace más de 30 años, como sus subordinados en el Liceo Naval, sus compañeros universitarios en Mar del Plata o sus colegas en la administración pública.

¿Cómo podrían olvidar sus palabras, por ejemplo, quienes lo escucharon defender al dictador Jorge Rafael Videla? Lejos de indultarlo, llegó a decir por televisión, deberían condecorarlo. Más aún, debió impulsar una “solución final”, como Augusto Pinochet en Chile.

¿Cómo podrían olvidarlo los afectados su rol en la estafa del “Grupo Los Cóndores”, en su Punta Alta natal? Aquella banda que les cobró dólares a cientos de plomeros, carpinteros y operarios de la base naval Puerto Belgrano para en teoría enviarlos a la reconstrucción de Kuwait tras la guerra del Golfo, pero que terminó con el jefe de la banda prófugo y luego condenado.

Eso y mucho más y peor saca a la luz el periodista Matías Longoni en su libro “Fuera de control” (Editorial Planeta, 337 páginas).


Sólido, preciso, contundente, pero a la vez de ágil lectura, el libro debe leerse, sin embargo, en dosis homeopáticas. Si no, puede amargarle su verano, aunque le movilizará sus entrañas como pocas investigaciones –y esta es una de las mejores de los últimos tiempos–, al desnudar las dobleces del protagonista.

Longoni sigue las huellas de Echegaray más allá de su versión kirchnerista en la Aduana, en la Oncca –que desguazó hasta que resultó inevitable su disolución– o en su destino actual, la AFIP. Por eso destapa, por ejemplo, sus tropiezos como abogado con peritajes caligráficos truchos o, peor aún, mal copiados de otros expedientes.

De algún modo u otro, Echegaray logró filtrarse o participar de lleno en muchos de los peores escándalos de los últimos años. Desde Southern Winds y las evasiones de la pesquera Conarpesa o la constructora Gotti –para la que trabajó como abogado y ahora debería fiscalizar–, hasta el escándalo de la valija con US$ 800.000 de Claudio Uberti y Guido Alejandro Antonini Wilson, la compra de terrenos fiscales en El Calafate, los subsidios truchos de la Oncca o el allanamiento al Grupo Clarín.

Aquí vale destacar una aclaración. Tras formarse en la agencia estatal Télam, Longoni trabaja para Clarín desde 1998. Pero eso no opaca su visión al encarar este libro, lo que queda claro cuando, por ejemplo, critica con dureza al director del suplemento Rural de ese diario por un artículo suyo sobre un ex titular de la Oncca.

Para Echegaray, sin embargo, las denuncias penales y las investigaciones periodísticas que acumula son parte de una “campaña de desprestigio” montada en su contra. O contra el Gobierno, de cuyo relato “nacional y popular” se encontraba en las antípodas durante los años 80 y 90, cuando se declaraba férreo seguidor de Domingo Cavallo.

Acaso aún repudie la prédica kirchnerista, pero en voz baja y en los hechos concretos. Porque en la práctica, la Oncca concentró el 49% de los $ 3771 millones que repartió en subsidios para harina entre apenas 10 molinos, los más grandes, como Cargill. Y lo mismo ocurrió en otras muchas cadenas productivas.

Esa es apenas una muestra de la gestión Echegaray. El mismo que durante sus primeros 6 meses al frente de la AFIP cambió a más de 300 jefes y desplazó a más de 1200 empleados, y redujo así los controles, nombró familiares propios y de sus colaboradores y, también, a la cuñada de Máximo Kirchner como jefa de la flamante regional tributaria de Río Gallegos. Allí, la muchacha, también proveedora del Estado y tercera candidata a senadora por el kirchnerismo en Santa Cruz, debe fiscalizar a los Kirchner, a Lázaro Báez y a Rudy Ulloa, el referente de Echegaray.

El actual jefe de la AFIP, como “monje negro del kirchnerismo –concluye Longoni, continúa aquí, entre nosotros. Y su lógica, la del desprecio al Estado, la de la prepotencia y la de la impunidad, es la que sigue mandando.”

“Fuera de control” es, en definitiva, un libro indispensable. Sea en la playa, en la sierra o en la ciudad. Si quiere saber de qué se trata.

pd: el artículo publicado en LA NACIÓN, acá.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Otro valijero - otros (casi) 500.000 euros

A veces pasa.

El apuro por armar las valijas, que dónde está el pasaporte, qué si guardé el cepillo de dientes, que qué me estaré olvidando, que al final a uno se le escapa lo importante. En este caso, declarar la importación de casi 500.000 euros.

El problema es, Vuestra Señoría, que lo guardé en un doble fondo.

Y que sólo me acordé cuando los muchachos de la Aduana se percataron de que aparecía algo raro en mi maleta.

Pero yo le explico, Vuestra Señoría.

Déjeme que le explique, Vuestra Señoría.

Vuestra Señoría, ¡por favor!

La crónica fría dirá, en cambio, que la Aduana “detuvo esta tarde a un ciudadano argentino residente en España, que intentó ingresar al país 439.400 euros que estaban ocultos en el doble fondo de su equipaje”.

La crónica informará, también, que el pasajero –cuyo nombre no trascendió– viajó solo, con un bolso y dos valijas medianas. Y que dijo “que compraría campos en nuestro país”.

Lo que no dirá es que el valijero –al fin y al cabo es eso– no explicó cómo compraría el campo con dinero en negro. ¿O lo iba a depositar en una cuenta bancaria? Y en ese caso, ¿cómo le explicaría al banco de donde sacó la tarasca? ¿O se la entregaría a un escribano y subfacturaría el valor de la compraventa?

Y en cualquier caso, de mediar un banco o escribano en esa supuesta compra, ¿cómo lidiarían con eso de los “reportes de operaciones sospechosas” (ROS) de lavado de dinero?

Y eso, claro, que en efecto fuera a comprar un campo.

pd1: me pregunto por qué a este valijero, con menos de 500.000 euros lo detuvieron, pero a Guido Alejandro Antonini Wilson y a todos sus acompañantes, incluido el entonces funcionario Claudio Uberti, los dejaron ir, previo café con medialunas…

pd2: ajeno ya a toda ironía: bien por la Aduana. Esta vez.

lunes, 21 de febrero de 2011

Precisiones aduaneras (¡O Tiririca!)

Avión gringo.

Operativo de Aduana, la Policía de Seguridad Aeroporturaria (PSA) y otras fuerzas.

Los agentes encuentran algo que no estaba declarado.

Ergo, debe abrirse un sumario. Con dos opciones: delito o infracción aduanera.

Si, luego, un jefe de la Aduana declara ante la Justicia que no radicaron una denuncia penal porque no se trataba de un delito, pues entonces queda la otra opción: una infracción.

Ergo, lo mismo que ocurrió en el caso de Guido Alejandro Antonini Wilson y la maleta que es (o no es) suya por casi US$ 800.000.

En aquel caso, si Antonini Wilson se presentaba ante la Aduana y pagaba una multa por el 50% del valor, se llevaba la maleta con el resto de dinero.

Y como no lo hizo, la maleta (y el dinero) siguen bajo custodia a la espera de que alguien la quiera como propia y se presente a retirarla.

Dado aquel antecedente (incómodo para el Gobierno), ¿por qué tanto énfasis ahora para sostener que lo decomisado en el avión sí puede ser destruido?

O como me escribió un experto que me ayudó en unas cuantas investigaciones vinculadas al mundo aduanero, donde conoce a medio mundo (y el otro medio lo conoce a él).

“Los medios de transporte de guerra extranjeros (y el avión de EE.UU. lo es) tienen un régimen especial en el Código Aduanero cuando ingresan a nuestro país que está sujeto a la reciprocidad de tratamiento (v. ap. 2 art. 472). En ese caso la descarga de los pertrechos puede realizarse sin permiso ni requisito aduanero alguno (art. 473), comunicando previamente al servicio aduanero (art. 475)”.

“Hasta aquí cabe la pregunta a la DGA: ¿Hay reciprocidad de tratamiento con EE. UU. y si la hay por qué no se actuó en consecuencia?”.

“De todos modos, si no se diera este régimen especial, existe otro régimen para el arribo de la mercadería por vía aérea que obliga a presentar a la llegada del la aeronave los manifiestos originales de la carga (v. art. 160) y cuando al concluir la descarga resulta mercadería no declarada se puede justificar las diferencias sin problemas dentro del plazo de 24 hs. y de acuerdo a la reglamentación (art. 163 C.A. y 22 del decreto 1001/82)”.

“De no darse las condiciones establecidas para los distintos regímenes se daría una infracción aduanera muy común cuando hay errores en la declaración general de la carga, incluso la gente que representó a la aeronave (se supone un agente de transporte), si no se daba la aplicación del régimen para transporte de guerra, pudo antes que el servicio aduanero tomara conocimiento del error presentarse espontáneamente y pagar la multa (v. art. 917), sin necesidad de proceder a la apertura de un sumario”.

“Una vez que el servicio aduanero toma conocimiento de las diferencias, entonces sí formaliza un sumario y, en este caso, se debe pagar la multa correspondiente y permitir al ‘dueño’ de la mercadería disponer de ella. Obviamente si el ‘dueño’ nunca reclama la mercadería el Estado puede disponer de ella, incluso para su destrucción”.

“Como verás, por el desconocimiento de las normas o un mal asesoramiento, los ministros están hablando sin sentido y la bola de nieve sigue creciendo. Además, desde EE.UU. se reclama la mercadería. Pues bien, si lo hacen formalmente a través de la Mesa de Entradas de la DGA, pagarán la multa y se la tendrán que devolver, sí o sí”.

“La verdad, el tratamiento de los funcionarios argentinos sobre este tema hace que la equivocación del payaso Tiririca al votar en Brasil parezca una nimiedad. En este caso bien se podría decir que Aníbal Fernández, Héctor Timerman y Nilda Garré serían Tiriricas ilustrados”.

Aclarados los puntos aduaneros, pues, continuemos con la confusión bilateral.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Descontrol en colores

Guido Alejandro Antonini Wilson y los controles del Estado, encarnados en el entonces titular de la Aduana argentina, Ricardo Echegaray.


Crédito: Huadi.

lunes, 23 de agosto de 2010

El caso Antonini 2 - la revancha

Anda dando vueltas por el ciberespacio un rumor sobre el arresto, el 11 de agosto, de una muchacha “P. A. G.” con US$ 1 millón y 3 kilos de cocaína, en el aeropuerto. La versión afirma, para más datos, que que cuando fue detenida declaró que ese dinero era de "gente del Gobierno".

Según ese rumor online, “PAG, según operadores oblicuos del gobierno, tendría relación directa con el Ministro De Vido y Néstor Kirchner, a tal punto que las primeras espadas del entorno de Olivos estarían operando en la justicia y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, quien estuvo a cargo de la detención, igual que en el caso Antonini”.

Es decir, un “caso Antonini 2”, pero más explosivo aún.


Aviso para evitar una bola de nieve: nadie en la Justicia, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y la Aduana confirma ese rumor. Es falso, aunque con pizcas de verdad. Sí, hubo un operativo, dos arrestos y algo de coca. Pero nada de dinero, ni fue en el aeropuerto, ni hubo comentarios políticos de ningún tipo. Es más, la muchacha se negó a declarar ante el juez.

Aclarado el tema, continuemos con nuestra programación habitual.

pd: si quieren armar ruido, no tiren fruta. Investiguen. Que material sobra (sobre el Gobierno, la oposición, los empresarios, los propios periodistas y sigue la lista). Lo que falta es, como siempre, tiempo, recursos y una buena dosis de suerte para confirmar la info y publicarla.

lunes, 15 de marzo de 2010

El prolijo soldado pingüino ejecutor

Aduana + Valijas + Dólares + Aeropuerto = escándalo

Fórmula simple, pero recurrente en la Argentina.

En los últimos días nació otro caso que involucra a pasajeros, contrabando, coimas y controlantes que no controlan pero se enriquecen (por izquierda).

Por encima de este y otros escándalos (incluido el de Guido Alejandro Antonini Wilson), sobrevuela la figura del entonces titular de la Aduana y actual jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (órgano que controla la Aduana), Ricardo "el Negro" Echegaray.

Echegaray conoció a los Kirchner cuando trabajaba en la Aduana en Río Gallegos, tras un accidentado período como abogado en su Punta Alta natal. El contacto lo concretó Rudy Ulloa, por entonces cadete del estudio jurídico de los K y hoy empresario multimillonario.

Con Ulloa y el actual secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, Echegaray lideró la unidad básica "Los muchachos peronistas".

Hoy, se define como "un soldado de Kirchner", "un pingüino auténtico", "prolijo ejecutor de instrucciones", "buen lector del manual del alumno kirchnerista", y durante aquellas horas aciágas que siguieron al decomiso de los US$ 800.000 en Aeroparque, un asiduo y perseverante interlocutor de Claudio Uberti, según surge de los registros telefónicos.

Ampliaremos...

martes, 29 de diciembre de 2009

Prendió el ventilador

La noticia formal dice lo siguiente: el ex interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Marcelo "El Turco" Saín, declaró ayer ante la Justicia en lo Penal Económico.


Pero la noticia concreta es que prendió el ventilador:

1. Detalló que el entonces ministro del Interior (y como tal, su jefe), Aníbal F. (actual jefe de Gabinete), supo del decomiso ANTES que él, aún cuando fue su fuerza, la PSA, la que detectó la valija (lo cual, valga el "autobombo", aparece en el libro "Los Secretos de la Valija").

2. Contó que Aníbal F. dijo que iban "a ser otros lo que tengan que dar explicaciones". ¿Lo dijo por Claudio Uberti? ¿Por Ricardo Echegaray (entonces jefe de la Aduana, ahora de la AFIP)? ¿O por el ministro Julio de Vido?

3. Afirmó que en el Aeroparque, la Aduana gestó una virtual "zona liberada" o "zona franca", pero que la PSA (es decir, María de Luján "Lorena" Telpuk) lo frustró.

4. Y declaró que, después del decomiso, "el kirchnerismo", es decir el poder, lo aisló, lo ninguneó y lo acusó (de manera solapada) de haber coordinado con el FBI o la CIA para decomisar la ya legendaria valija.

Para más datos, clickear acá.