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lunes, 4 de enero de 2016

Adiós a "Coimas en el Senado"

Quince años y meses después de que estalló el escándalo, la causa penal por las "coimas en el Senado" es historia. Se cerró por el mero transcurso del tiempo, cuando se encontraba a un paso de llegar a la Corte Suprema, confirmaron a LA NACION fuentes del Ministerio Público Fiscal y de la Oficina Anticorrupción (OA).

El golpe de gracia para la investigación penal llegó en los últimos días antes de la feria judicial de verano, después de que la Cámara Federal de Casación Penal, el máximo tribunal penal del país, confirmara las absoluciones de todos los acusados por el "beneficio de la duda". Es decir, que los jueces plantearon que no estaban seguros de si el gobierno de Fernando de la Rúa pagó o no sobornos a varios senadores del PJ para que aprobar la ley laboral.


Tras ese fallo de la Casación, el fiscal de esa instancia, Javier de Luca, y los abogados de la Oficina Anticorrupción decidieron no apelar esa decisión ante la Corte Suprema, tras entender que los plazos procesales se agotaron de manera inexorable.

De Luca presentó un escrito en el expediente en el que explicó por qué no presentaría un recurso extraordinario que llevara el expediente hasta la Corte. Sostuvo que la acusación fiscal por la que los sospechados habían ido a juicio oral era por cohecho, con una pena prevista de 6 años, y que ese plazo -contado desde que se citó a todos a juicio- vencía el 18 de diciembre. "No habrá tiempo material para que se tramite un eventual recurso [ante la Corte] que logre la revocación de la absolución, ordene desarrollar un nuevo debate y se concluya en una sentencia condena", planteó en su escrito De Luca, que tampoco ahorró críticas a los 15 años que insumió la investigación.

El expediente penal se inició a mediados de 2000, luego de que LA NACION revelara las negociaciones en marcha entre funcionarios de la Alianza y senadores peronistas para destrabar la aprobación de la llamada ley "de Reforma Laboral".

Así, quedaron bajo la lupa judicial el entonces presidente De la Rúa, su secretario de Inteligencia, Fernando de Santibáñez, su ministro de Trabajo, Alberto Flamarique -al que se le adjudicó decir "para los senadores tengo la Banelco"-, el presidente provisional del Senado, Alberto Tell, y los legisladores justicialistas Augusto Alasino, Remo Costanzo y Emilio Cantarero, entre otros.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Treinta años de democracia - un helado y sigamos

Mi recuerdo de aquel día es sencillo y sabroso. Un helado. Simple, ¿no? Con un aderezo: de una heladería de apellido sintomático: Massera. Nada menos.

Mucho se ha escrito y dicho, y se escribirá y dirá sobre los 30 años desde el retorno de la democracia a la República Argentina. Algunos textos son extraordinarios, como también lo son esfuerzos programáticos como la Red de Archivos Orales de la Argentina Contemporánea (ver, acá), así que prefiero reducir mi visión a eso: un helado.

Era chico, 9 años, segundo de cinco hermanos varones y familia de clase media a la que le salía un presupuesto, digamos, comprar facturas para un domingo por la tarde. Claro: con una docena no llegabas ni a dos por cabeza si contabas a los viejos.

La cuestión es que ese día, papá quería que fuera una pequeña gran fiesta. Que recordáramos ese día para siempre. Porque era único, aunque para nosotros, los pibes, fuera uno más. Mucho había pasado en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestra familia y a mis padres. Pero de eso me enteraría con el correr de los años.


Así que, con todo eso a cuestas, el viejo nos llevó a la escuela de 7 y 32 de la ciudad de La Plata, donde le tocaba votar. Entramos con él al cuarto oscuro (y sí, yo también creí que estaba a oscuras y con la pregunta obvia: ¿cómo hacías para agarrar la boleta correcta? ¿A tientas?), salimos, metió su voto en la urna y saludó a todas las autoridades de mesa.

Recuerdo, vaya a saber por qué, que a mí también se me ocurrió saludar a todos. Les di la mano. Y, como él, yo también repetí "gracias" mientras los saludaba.

Lo mejor para nosotros, los pibes, estaba por comenzar. Porque de allí nos fuimos a una cuadra, a 7 a 33, a la heladería. La de apellido lúgubre (hasta donde sé, los dueños nada tienen que ver). Cada uno un cucurucho. Un esfuerzo para el viejo; un recuerdo imborrable para la banda.

Hoy, 30 años después, la verdad no sé si mi padre se emocionó cuando metió su voto en la urna. Creo que, como tantas otras veces, la procesión por los que ya no estaban y por todo lo vivido le pasó por dentro. Pero no lo sé. En cambio, sí sé que desde entonces, cada vez que yo salgo del cuarto oscuro y meto mi voto en la urna, siento la imperiosa necesidad de agradecerle a cada una de las autoridades de mesa. Por estar allí y por lo que encarnan. Y sí, todas las veces que lo hago, me emociono.

Obvio, nuestra democracia arrastra enormes tareas pendientes, pero hemos avanzado muchísimo, con vaivenes y contramarchas, durante estos 30 años. Así que GRACIAS a tod@s l@s que cada día se han puesto las pilas, se han jugado el pellejo y sacrificado hasta lo indecible durante estas décadas.Y por todo lo alcanzado, sigamos.


pd: y mientras avanzamos, por favor, que el mío sea de chocolate y naranja.

jueves, 13 de junio de 2013

Corrupción + Poder + Impunidad = muerte

Un día como hoy, mientras vemos otra vez las imágenes de una nueva tragedia ferroviaria (y van...), más vale que recordemos una premisa central de este país de las últimas décadas: “La corrupción, tarde o temprano, mata”.



Y algo más: la corrupción sólo se puede comprender desde el axioma que una vez lanzó al aire Alfredo Yabrán: “Poder es impunidad”.

Así, y sólo así, se entiende al menos parte de lo que vivimos. Y de lo que vislumbra el fiscal federal Federico Delgado, quien no sólo investigó la “Tragedia de Once” sino que, antes, mucho antes, investigó el caso “Coimas en el Senado”.

¿Qué vislumbra? Pues eso: que se prepara el terreno para la impunidad en uno de los escándalos más graves de corrupción desde el retorno de la democracia.

¿Cómo? Él lo explica: “A partir de las crónicas del juicio comenzó a sedimentarse una información que circula por los pasillos de Tribunales en lenguaje de jerga: ‘El caso se cae porque no se probó’. Con esta premisa voy a trabajar; es decir con la impunidad a la que puede quedar reducido este expediente. La pregunta es: ¿Cuáles fueron las razones que permitieron semejante mutación simbólica? ¿Cómo ocurrió que un caso que conmovió a la sociedad y que estaba esclarecido, se disolvió trece años después? (…) Hay que hacer una distinción vinculada al capital simbólico, prestigio social y poder económico de los imputados que se traduce así: cuando la intensidad de esos indicadores es menor, es más largo el brazo de la Justicia (en delitos menores, hay condenas). En cambio, cuando esa intensidad aumenta, como en los casos de corrupción, no hay penalidades. Es decir, a veces el juicio no se hace porque las causas duermen mientras pasa el tiempo (la prescripción); a veces porque se realiza un pacto entre los acusadores y los imputados homologado por los jueces llamado ‘juicio abreviado’; a veces porque se ‘suspenden a prueba’ y las tareas comunitarias permiten la exculpación o, finalmente, se realiza un juicio muy largo que se limita a repetir la instrucción de una manera teatral, para hallar grietas que permitan implementar una decisión previa: que ‘la causa se caiga’.”


Así, cuanto más poder (sea propio o institucional o partidario o económico) se sienta en el banquillo, menores las probabilidades de una condena. Y en esta investigación, vale recordar, la mira se centró en un ex Presidente de la República, ministros y senadores de ambos partidos.

Porque Don Alfredo ya lo dijo: “Poder es impunidad”.

pd: el resto de la estupenda columna de opinión que publicó la revista Noticias, acá.

sábado, 31 de diciembre de 2011

La gran (e ilícita) fuga


La evasión tributaria, la corrupción y los delitos de cuello blanco le costaron a la Argentina al menos US$ 95.800 millones entre 2000 y 2009, que se fugaron hacia los grandes centros financieros y paraísos fiscales, de acuerdo a un novedoso reporte del centro de estudios Integridad Financiera Global (GFI, por sus siglas en inglés).

El informe, el tercero de su tipo en los últimos cuatro años, colocó a la Argentina en el puesto 18° de su ranking de países con mayores pérdidas, tras relevar el “flujo financiero ilegal” que se escapa de 157 países en vías de desarrollo y estimar que la fuga total desde esas naciones ascendió a US$ 903.000 millones durante 2009.


El peor año relevado para la Argentina fue 2008, cuando se fugaron del país cerca de US$ 21.414 millones. Ese fue el año de la gran crisis con el campo, la estatización de los fondos de pensión (AFJPs) y el colapso financiero internacional. A fines de 2008, también, el Gobierno sancionó la ley de moratoria y blanqueo de capitales para detener y en lo posible revertir la fuga. 

Sin embargo, el estudio del GFI excede al kirchnerismo y alcanza a la presidencia de Fernando de la Rúa y al interinato del entonces senador Eduardo Duhalde. 

pd1: la nota completa publicada en LA NACION, acá.

pd2: la columna de Alicia López, primera presidenta de la unidad antilavado argentina, acá.

pd3: el link al estudio original (en inglés) del GFI, acá.

pd4: otros links vinculados a este estudio del GFI, acá y acá.

martes, 20 de diciembre de 2011

El helicóptero de De la Rúa (writer's version)

Como ocurrió con la reseña del libro de María Seoane (ver acá), el diario publicó la versión redux del texto. Simples e innegociables razones de espacio (tengo que empezar a escribir más corto).

Esta es la versión original de la crónica que publiqué anteayer en LA NACION, basada en los testimonios de 17 protagonistas y testigos directos de aquellas horas.

Quizá les agrade.

Con el ruido de las aspas a pleno, le ordenaron a Fernando de la Rúa que agachara la cabeza. “¿Qué dijo?”, le replicó al edecán, Gustavo Giacosa, que lo tomó de la nuca y lo empujó hacia abajo y adelante. Corrían por la azotea de la Casa Rosada y a su lado iba el subjefe de la custodia presidencial, el subcomisario Marcelo Lioni, el calvo al que muchos tomaron, al verlo por TV, por el ya renunciado Domingo Cavallo.

Eran las 19:52 del jueves 20 de diciembre de 2001 y el suboficial de la Fuerza Aérea José Luis Orazi abrió la puerta del helicóptero. Entraron los tres pasajeros y dio la señal para que despegara el Sikorsky S76B. Todo transcurrió en un minuto, según el registro oficial de vuelo.

De allí en más enfilaron hacia la Quinta de Olivos, aunque manejaron dos opciones más: Campo de Mayo y Uruguay, si el peligro para el Presidente aumentaba. Porque allá, en las alturas, De la Rúa era aún Presidente. Los pilotos ignoraban que había renunciado. Pero sabían que algo ocurría.

Minutos antes, el padre de uno de ellos, Carlos, sólo había atinado una pregunta antes de callar, emocionado. “Claudio, ¿vos hoy estás de turno?”. Nada más. Y tras unos segundos de silencio, su madre, Erika, tomó el teléfono y completó el mensaje. Le desearon suerte.

El mayor Claudio Zanlongo (foto, abajo, junto al helicóptero) y el vicecomodoro Juan Carlos Zarza volaron entonces rumbo a la Plaza de Mayo. Fueron tres minutos y medio desde el Aeroparque, donde esperaron durante horas para completar la misión: posarse sobre la Casa Rosada y sacar a De la Rúa de allí.


Sobrevolaron el Río de la Plata, giraron sobre el Edificio Cóndor, el Correo y el Banco Nación, viraron sobre el Cabildo, cruzaron la Plaza y posaron al Sikorsky S-76B sobre el helipuerto, sin jamás descargar las 3,5 toneladas para reducir el riesgo edilicio.

“No es que la Casa Rosada pudiera derrumbarse, pero sí corríamos el riesgo de que vibraran el techo y las paredes del Salón Blanco, y se fisurara todo. Otra vez”, recuerda el entonces coordinador del Departamento Técnico de la Casa Militar, el arquitecto santiagueño Mario Casares. Fueron años de restauración, de matar ratas y hasta de un balde naranja en el despacho presidencial por goteras. Y ningún deseo de que el helipuerto volviera a utilizarse, como Isabelita en el ‘76 y Raúl Alfonsín, la Pascua del ’87, con una muesca del destino: Zarza, más joven teniente 1°, fue también el piloto de aquella Semana Santa, según muestran las fotos de la época.

Para las 9 de aquel jueves 20 de diciembre de 2001, Casares había recibido la orden de llevarle los planos de la azotea al flamante jefe de la Casa Militar, el vicealmirante Carlos Carbone, con menos de 48 horas en su cargo. Le pidieron absoluta reserva a Casares y le plantearon la posibilidad. “Acá no se puede aterrizar”, les retrucó. Al final, llegaron a un consenso: el helicóptero podía posarse, sin descargar todo el peso sobre el techo. Y hasta allí fueron, con el jefe de operaciones de helicópteros de la Casa Militar, el comodoro Sergio Castro, que dibujó un croquis de la zona, con las antenas y otros riesgos para la maniobra de aproximación.

Para entonces, Zarza y Zanlongo ya habían volado por la mañana desde la Quinta de Olivos para dejar a De la Rúa junto a la Casa Rosada, en el helipuerto tradicional, junto a la avenida Huergo. Sabían que había incidentes y que la Plaza de Mayo era el epicentro de la puja que Miguel Bonasso sintetizó con maestría como “El Palacio y la calle”. Pero desde allá arriba, desde las alturas, el panorama parecía calmo.

“Recuerdo que cuando esa mañana pasamos por la Plaza de Mayo, rumbo a nuestra base en Moreno, pensé: ‘¡Qué exagerados estos periodistas!’. Todo se veía tranquilo”, cuenta Zanlongo, retirado ya como vicecomodoro y en la Aviación Civil de Salta, donde se encarga de vuelos sanitarios y, más de una vez, de trasladar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando va a esa provincia o a Jujuy.

Su hijo, Alexis Zanlongo, estaba más al tanto que él de la represión, de los muertos y de los saqueos. Con 14 años, se había llevado matemáticas a diciembre. Fue a rendir. “Volvé el 26”, le retrucaron. Con el colegio cerrado, se pasó el día frente al televisor, grabando todo con la videocasetera y maldiciendo porque no andaba del todo bien.

Apostados en la VII Brigada de Moreno, Zarza y Zanlongo completaron la revisión habitual del Sikorksy cuando los mandaron a la plataforma militar de Aeroparque. “Van a llegar órdenes”, fue el lacónico mensaje.

En Aeroparque los recibió el brigadier y veterano de Malvinas, Sergio Mayor, que los citó en su oficina. “Tengan cuidado”, les dijo y les cedió la oficina, donde Castro, el del croquis sobre la azotea de la Rosada, les comunicó el plan por teléfono. “Nos dijo que había disturbios y que quizá no podríamos sacarlo al Presidente de manera normal porque era un peligro”. Segundos después, les mandó por fax el croquis para que lo estudiaran.

A Aeroparque llegó algo más. La orden de evaluar tres posibles destinos: Olivos, Campo de Mayo y Uruguay, según cuán insegura o peligrosa fuera la situación. Y cruzar el Río de la Plata fue una opción, aún cuando el entonces jefe del Ejército, general Ricardo Brinzoni, puso a disposición todas las guarniciones militares del país a la familia De la Rúa.

Los pilotos revisaron las condiciones del tiempo. En particular, el viento. Mientras tanto, por cadena nacional, minutos después de las 16, De la Rúa convocaba a la “unidad” por cadena nacional. Para esa hora, la diputada Graciela Ocaña y sus compañeros del ARI ya habían radicado una denuncia por los homicidios cometidos por fuerzas policiales y parapoliciales.

De allí en más, y a medida que el PJ y la UCR le soltaban la mano al Gobierno, el proceso se aceleró. Hasta que el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini salió del despacho decisivo y pidió una hoja con membrete presidencial. Eran las 19,37, De la Rúa redactó a mano su renuncia y se fue al baño. Solo.

“Gracias Víctor por todo”, le dijo al fotógrafo oficial de la Presidencia, Víctor Bugge. Y lo abrazó. Cuando salió del baño, lo tomó del brazo. “Vení, vamos a hacer la última foto”, y Bugge registró la histórica imagen de De la Rúa acomodando sus últimas cosas. Pero no fue la última foto. Esa llegaría minutos después.

“Confío en que mi decisión contribuirá a la paz social y a la continuidad institucional de la República”, decía el texto de la renuncia, cuya copia guarda el arquitecto Casares. “Un empleado tenía que sacarle fotocopias y le pedí una”, rememora.

A metros de allí, entre los llantos del primer piso ya semivacío y los funcionarios que guardaban sus cosas en cajas de cartón, una voz arengó a los pocos que quedaban junto a De la Rúa: “¡Lo acompañamos todos!”. Pero su secretario privado, Leonardo Aiello, paró la movida. “No, de ningún modo. El Presidente se va con el edecán, como siempre”.

De la Rúa tomó su copia privada de la Constitución Nacional y firmó el último decreto: 1682/2001. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), para regularizar las acciones de la Policía y enmarcarlas dentro del contexto de “conmoción interior”.

Entonces sí, De la Rúa entró al ascensor más privado de la Rosada, junto a Rodríguez Giavaranni y el teniente coronel Gustavo Giacosa, también con apenas 48 horas como edecán. “Fernando, hiciste todo lo posible. Cumpliste con tu deber”, le dijo el canciller. Y subieron, al helipuerto.




Zanlongo jura, sin embargo, que mientras se aproximaban a la Rosada no vio nada de aquel caos. “Estábamos concentrados en la maniobra de aterrizaje, en los cables y las antenas. No miré para abajo porque trataba de ver posibles obstáculos no detectados antes”, recuerda. Más aún desde que la comunicación con el comodoro Castro se cortó minutos antes de la aproximación final.

“Mi viejo está ahí”, pensó Alexis Zanlongo mientras veía al Sikorsky por la tele. Tiempo después supo que en teoría la maniobra debía resultar una sorpresa. Pero se anunció por televisión. “Yo temía que pasara algo. Que alguien le tirara un misilazo o algo, yo qué sé”, cuenta hoy.

A las 19:52, el helicóptero se colocó en estacionario sobre la Rosada y, en ese momento, Zanlongo sintió un relámpago. Era el flash de la última foto de Bugge, al que un custodio, también nuevo en su cargo, intentaba sacarlo de allí. Por eso la imagen aparece con un encuadre, si se quiere, desprolijo.

Todo transcurrió en un minuto, según el registro oficial de vuelo. Durante los 4 minutos y medio que siguieron hasta la Quinta de Olivos, De la Rúa no habló. Sólo se calzó sus anteojos, los mismos que se quitó la víspera, en gesto teatral, para anunciar el estado de sitio por cadena nacional y repudiar a los “grupos enemigos del orden y de la República”. Se limitó a ver por la ventanilla. Abajo el conteo final llegaría a 39 muertos y cientos de heridos.


Ya en Olivos (foto, arriba, de la vista aérea de la Quinta Presidencial), el intendente de la Quinta recibió a De La Rúa junto al jefe del Regimiento de Granaderos, coronel Roberto Fonseca, que esos días reforzó la guardia. En vez de los 120 efectivos del tradicional Escuadrón Chacabuco, llegó a ubicar 300, de fajina.

La última frase de De la Rúa que escucharon quienes lo rodearon aquel atardecer fue una frase breve, cuando su mujer y sus hijos lo abrazaron: “Era insostenible”. Luego se arrepentiría de haber salido por el techo de la Rosada, más allá de las razones de seguridad que esgrimió el vicealmirante Carbone. Y sólo entonces, y allí, los pilotos Zarza y Zanlongo supieron que eran testigos de un drama histórico: De la Rúa había renunciado a la Presidencia.

En la Rosada, el arquitecto Casares ya no tuvo que escaparse por una salida lateral, como la víspera, cuando los caceroleros lo tomaron por funcionario. La noche del 20 fue algo más tranquila. Pero antes, completó su última tarea: debió verificar, despacho por despacho, que los salientes no se hubieran llevado nada que no era de ellos, como cuadros, alfombras y esculturas. “Había muchas cosas empaquetadas –rememora hoy–. El clima era de velorio”.

domingo, 18 de diciembre de 2011

El helicóptero de De la Rúa

Con el ruido de las aspas a pleno, le ordenaron a Fernando de la Rúa que agachara la cabeza. l“¿Qué dijo?”, le replicó al edecán, Gustavo Giacosa. El teniente coronel no le respondió. Lo tomó de la nuca y lo empujó hacia abajo y adelante. Corrían por la azotea de la Casa Rosada y a su lado iba el subjefe de la custodia presidencial, el subcomisario Marcelo Lioni, el calvo al que muchos tomaron, al verlo por televisión, por el ya renunciado Domingo Cavallo.



Eran las 19:52 del jueves 20 de diciembre de 2001 y el suboficial de la Fuerza Aérea, José Luis Orazi, abrió la puerta del helicóptero. Entraron los tres pasajeros y dio la señal para que despegara el Sikorsky S76B. Todo transcurrió en un minuto, según el registro oficial de vuelo. De allí en más enfilaron hacia la Quinta de Olivos, aunque llegaron a manejar dos opciones más: Campo de Mayo y Uruguay, si el peligro aumentaba.


Allá, en las alturas, De la Rúa era aún Presidente. Los pilotos ignoraban que acababa de renunciar. Sólo sabían que algo ocurría. Un rato antes, el padre de uno de ellos, Carlos, había atinado una pregunta antes de callar: “Claudio, ¿vos hoy estás de turno?” Nada más. Y tras un breve silencio, su madre, Erika, tomó el teléfono y completó: “Suerte”.


pd: la nota completa publicada en LA NACIÓN, acá.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Siemens, la SEC, el DOJ y los links

Tres años después de que Siemens admitiera el pago de sobornos en la Argentina y una larga lista de países más, el gobierno de Estados Unidos presentó cargos criminales y una demanda civil contra ocho ex altos ejecutivos y colaboradores de la multinacional germana por los más de US$ 100 millones en coimas que desembolsó para obtener, mantener y resucitar el Proyecto DNI.

La ofensiva quedó en manos de la Comisión Nacional de Valores (SEC, por sus siglas en inglés) y del Departamento de Justicia (DOJ, en inglés) , y señaló por su nombre a los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa como supuestos receptores de esos sobornos, según consta en las más de 100 carillas de documentos que aportaron las autoridades norteamericanas a la Justicia.

Tanto Menem como De la Rúa negaron, repetidas veces, haber cobrado sobornos por ese contrato, en tanto que su sucesor en la Casa Rosada remarcó además que fue él quien lo rescindió a pesar de la presión externa, que incluyó al Fondo Monetario Internacional (FMI). Ambos, no obstante, también continúan bajo la lupa del juez federal Ariel Lijo, quien llamó a indagatoria, sin resultados, a varios de los ex ejecutivos acusados ahora en Estados Unidos.

Entre esos ex altos ejecutivos descolla, a su vez, Uriel Sharef. Responsable máximo del Proyecto DNI, ordenó el pago de coimas por más de US$ 100 millones a través de facturas, contratos y sociedades fantasmas. Y fue, también, quien restableció la relación Siemens - Argentina después de que el vínculo estalló en mil pedazos tras la demanda de la multinacional ante el CIADI.

¿Cómo lo logró Sharef? Gracias al ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, quien le entregó a Siemens dos contratos, junto a Electroingeniería por un total de US$ 1200 millones para proveer las turbinas para las plantas Timbúes y San Lorenzo...

pd1: el resto de la nota publicada en LA NACION, acá.
pd2: el comunicado de prensa de la SEC, acá; la demanda civil, acá.
pd3: el comunicado de prensa del Departamento de Justicia, acá; su denuncia criminal espero subirla pronto (en cuanto sepa cómo corno subo un pdf a un blog).
pd4: sobre Sharef, De Vido, Timbúes y San Lorenzo, acá y acá.

martes, 13 de diciembre de 2011

La SEC y Siemens = un buen día

Hay días, pocos, en los que ciertos esfuerzos se ven en cierto modo recompensados. Así ocurrió el día en que los jueces argentinos debieron viajar a Suiza luego de que revelara información sobre investigaciones contra Carlos Menem en la Confederación Helvética, o el día en que apareció el video de Canal 7 sobre Guido Alejandro Antonini Wilson en la Casa Rosada. Hoy es otro de esos días.


Porque después de más de dos años de investigación y tras haber publicado el libro “Las coimas del gigante alemán”, la Comisión Nacional de Valores estadounidense (SEC) presentó hoy cuatro cargos criminales contra siete ex ejecutivos de la multinacional alemana por el pago de coimas multimillonarias a funcionarios argentinos -entre ellos Menem, Fernando de la Rúa y Carlos Corach, entre otros- para ganar y mantener vivo el “Proyecto DNI”.

Así lo informó la propia SEC en su website oficial y así lo reproduje en LA NACIÓN este mediodía. Porque la SEC dio así otro paso sobre lo ocurrido con aquel megacontrato de US$ 1000 millones para el control fronterizo y la confección de pasaportes y documentos de identidad.

Tres años atrás, en diciembre de 2008, Siemens había aceptado la violación de los libros contables en su filial argentina para ocultar el posible pago de sobornos. Pero ahora el gobierno de Estados Unidos avanzó por esa senda. Y le imputó a siete ex ejecutivos de la multinacional -entre ellos, dos argentinos- pagar sobornos durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa.

Los siete ex altos ejecutivos de Siemens identificados por la SEC, todos ellos, figuran en el libro. No del modo más agradable. Y que ahora salga esto, en cierto modo...

pd: la nota completa de LANACION.COM, acá.

martes, 15 de noviembre de 2011

Esperanzas de una periodista digna

María Fernanda Villosio. Periodista.

O más preciso, LA periodista en la investigación sobre las “coimas en el Senado” para destrabar la reforma laboral durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Porque fue ella quien logró que el senador Emilio Cantarero admitiera los sobornos. Y fue ella, también, quien tras una búsqueda de años obtuvo el testimonio periodístico del “arrepentido” Mario Pontaquarto.

“Fue un trabajo absolutamente solitario, insistirle a Pontaquarto para hablar, después ver cómo plasmábamos eso en una entrevista –rememoró-. Fue un trabajo muy duro y con mucho costo personal, como todos los periodistas que quedamos ligados de alguna manera a temas de investigación, pero que igualmente generan una satisfacción muy grande”.

Ahora, ella confía en que algo bueno pueda salir del proceso oral que comenzará el 22 de este mes: “Tengo esperanzas de que este juicio sea histórico”, dijo. “Es la primera vez que en un caso de coima hay una persona arrepentida”.

Sin embargo, la ex periodista de La Nación, TXT, Noticias y La Mañana de Córdoba (si no me falla la memoria), alertó que “puede haber algunos palos en la rueda para Pontaquarto, que de alguna manera preocupan porque podrían oscurecen el fallo final”.

Villosio. Periodista.

pd: más declaraciones a Radio del Plata, acá.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Aquella valija Samsonite

Valijeros en su esencia pura.

Caso: coimas en el Senado.

Declarante: Mario Pontaquarto, ex secretario parlamentario del Senado.

“Yo fui con el auto porque tenía que cargar la plata. Gladys me entrega el dinero arriba, en la bóveda de la SIDE. Era una valija Samsonite, un maletín y una caja grande como de aceite Cocinero. Allí venían los cinco millones en fajos de 10.000 pesos y ladrillos de 100.000 pesos en sobres cerrados al vacío. O sea que eran ladrillos así, de este tamaño. Las fajas de papel que los rodeaban decían Banco de la Nación Argentina. Yo podía contar ladrillos pero no podía contar la plata porque los ladrillos estaban cerrados al vacío”.

Más de diez años después, la investigación se encamina (parece) al juicio oral. Pero al único que se llevaron preso es a seguro. Es decir, que cuando se trata del poder, todo está por verse. Si no, que lo diga Carlos Menem en la Causa Armas.

El ex presidente Fernando de la Rúa, el jefe de la SIDE, Fernando de Santibáñez, senadores peronistas y radicales, y unos cuantos más deberían desfilar por el banquillo. Habrá que verlo.

“Una vez dentro del departamento [del entonces senador Emilio Cantarero], él abre los maletines, la caja, cuenta todo y se queda con todo el dinero. Yo le dejé 4.300.000 porque Genoud [José, senador radical] me había dicho ‘separame 350.000 para mí y 350.000 para Flamarique [Alberto, ministro de Trabajo]. Y yo puse 700.000 en un bolso y al día siguiente, antes de irnos de viaje, se lo dejo en un despacho”.

Valijeros.

La leyenda continúa.

pd1: ¿A qué viene todo esto ahora? a) el juicio oral por las Coimas en el Senado comenzará el 22 de este mes ante el Tribunal Oral Federal N° 3; b) la Justicia unificó ese juicio oral junto a la acusación contra Pontaquarto por presunta malversación de caudales públicos (se habría quedado con $ 30.000 del Senado por viáticos).

martes, 12 de julio de 2011

Alta política bilateral

En julio de 2000, el presidente Fernando de la Rúa recibió una carta del canciller federal de Alemania, Gerard Schröder.

No fue un momento agradable.

Sin mayores vueltas, el germano le reclamó por Siemens, el Proyecto DNI, la seguridad jurídica y la vigencia del Estado de Derecho. Todo eso, sazonado con una amenaza velada sobre el eventual retiro de las inversiones teutonas del país.

Dicen, vale remarcar, que aquella vez De la Rúa reaccionó con dignidad.

“Chupete” tuvo, además, su revancha con Schröder en Nueva York, en la Cumbre del Milenio que se celebró por el año 2000 durante la tradicional apertura anual de la Asamblea de las Naciones Unidas.

Por esas vueltas del destino, les tocó sentarse alrededor de la misma mesa durante el almuerzo que organizó el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Pero lejos de protagonizar algún chisporroteo, De la Rúa le prometió a Schröder que el entuerto terminaría por resolverse para bien. Es decir, para bien de los alemanes.

Explosión y colapso criollo mediante, ya sin “Chupete”, Antonito y el resto de la troupe sushi, y con Eduardo Duhalde en la Casa Rosada, los alemanes vieron una rendija para, a cambio de un gesto político hacia la Argentina del incendio, extraerle un resarcimiento económico al Estado argentino por la rescisión del contrato, el compromiso de un pago futuro o, por qué no, la compensación con algún otro contrato o proyecto.

Duhalde recibió a una delegación germana, el 15 de febrero de 2002, en la Quinta Presidencial de Olivos. Allí les comunicó que la Argentina tenía “la firme decisión de resolver amigablemente el pleito para evitar un conflicto mayor”; y Schröder le devolvió la gentileza al prometerle que “Alemania, dentro del contexto del Fondo Monetario Internacional, va a hacer todo lo posible para prestar ayuda a la Argentina”.

Ante la prensa local, Schröder dijo luego desconocer los detalles de las conversaciones que mantenía la multinacional. Afirmó que eran “negociaciones entre la empresa Siemens y el Gobierno”. Pero que “desde luego”, su gobierno alemán apoyaba “la posición de una empresa alemana”, aunque no tomaba “parte en las negociaciones”.

Alta política, que se dice.

pd: más datos, en el libro.

lunes, 27 de junio de 2011

Ah... memorandos, divino tesoro

Sistemáticos hasta para los pagos cuanto menos polémicos, los alemanes redactaron varios memorandos sobre el Proyecto DNI.

Este es otro de ellos (y uno de los más interesantes).

Para leerlo, hay que tomar en cuenta la numeración del gráfico superior y revisar lo que aparece en el cuadro inferior, con los mismos números.

Así, por ejemplo, el 1) corresponde al ex ministro de Justicia, ex Auditor General de la Nación y ex ministro de la Corte Suprema, Rodolfo Barra, quien figura como supuesto receptor de US$ 5 millones.

Luego, los puntos 2, 3, 7, 8, 9, 14, 16 y 17 se vinculan al lobbista e intermediario de la trama paralela, Carlos Sergi, con distintas sociedades propias y ajenas (MF, MFast, Rodmarton, Air Traffic Control, Printrak e Invercasa).

El punto 6) es para CHT Auditores, la sociedad pantalla uruguaya de interesante cercanía al ex presidente Carlos Menem y a la que ya aludí la semana pasada.

Y en el punto 12) figura “DLR”, es decir, el ex presidente Fernando de la Rúa junto a US$ 6,5 millones, aunque vale una aclaración: en el cuadro inferior consta que el monto se dividiría en US$ 2 millones por un decreto (vinculado al Proyecto DNI), otros US$ 2,5 millones para las elecciones legislativas y otros US$ 2 millones para las presidenciales. Y de la quinta columna del cuadro superior (titulada “Plan”) surge que al menos hasta ese momento no se la había abonado un duro.

pd: más datos, en el libro.

viernes, 17 de junio de 2011

Storani y una trama confusa

No sólo los peronistas (version menemato, duhaldismo y K) quedaron bajo sospecha a la hora de lidiar con Siemens. No. También algunos radicales bailaron al son de los billetes.

Así surge de los documentos internos de la multinacional germana que, sin embargo, marcan un fuerte distingo entre los compañeros y los correligionarios.

A la hora de lidiar con funcionarios menemistas, los ejecutivos alemanes se muestran convencidos de que sí, de que el dinero se envió y de que llegó (en todo o al menos en parte) a destino.

Pero cuando de radichetas se trata, como siempre, la mano comienza a complicarse, a dar vueltas y, al final, no queda claro qué pasó.

¿Cómo es eso? Pues que el entonces ministro del Interior, Federico Storani [foto], figura como presunto receptor de US$ 6 millones que Siemens le giró para evitar que la Alianza rescindiera el contrato. Y el dinero salió de las cajas negras de la compañía. Pero nadie está seguro de si llegó a destino.

O dicho de otro modo… si el o los intermediarios (o uno de su propio equipo) se comieron la guita. O si quien intermedió invocó el nombre de Storani en falso. O si…

En suma: Siemens abrió su billetera, que Carlos Sergi participó en múltiples negociaciones en los que se habló de aceitar a funcionarios del gobierno de Fernando de la Rúa (Miami Beach, julio de 2001, es una de ellas), y Storani figura en los registros de los piratas junto a dos de sus colaboradores (Miguel Berri y César Martucci), pero que nadie tiene claro qué pasó. Si cobró o si lo caminaron.

Lo que sí queda claro, en simultáneo, es que Siemens acumuló desde entonces un profundo resentimiento por Carlos Sergi y por un radical en particular, Berri. Pero los motivos de eso serán centro de otro post.

pd1: en cuanto logre escanearlo subiré uno de los memos en los que aparecen Storani y Berri junto a la cifra mágica de los US$ 6 millones.

pd2: más datos, en el libro.

martes, 20 de abril de 2010

Maletín, valija & caja

Por estos días se cumplen DIEZ años (sí, 10 años) del escándalo por las coimas en el Senado. Aquellas que facilitaron la aprobación de la ley de "flexibilidad" laboral y que encarnaron el principio del fin para el gobierno de Fernando de la Rúa.

Breve síntesis:

- febrero de 2000: comienza a hablarse de la "Banelco" para destrabar votos de senadores.

- 30/marzo: se reúne De la Rúa con un par de ministros y senadores clave en la Casa Rosada.

- 11 y 13/abril: se cobran dos cheques en el Banco de la Nación Argentina.

- 18/abril: se retira el $$$$ de la sede de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) para efectivizar el pago.

¿Por qué recuerdo este caso en este blog? Por lo que relató el otrora secretario parlamentario, Mario Pontaquarto, cuando confesó ante la Justicia cómo concretó el reparto de los sobornos:


"[...] Me retiré junto al maletín, la valija y la caja y me dirigí al departamento de Cantarero. El me había manifestado que lo tenia que llamar cinco minutos antes para abrir el portón del edifico. Así ocurrió: llamé para decirle que estaba llegando. Cuando llegué había un señor que estaba en la puerta porque sabía en qué auto iba a venir e ingrese el auto al garaje. Este señor que estaba ahí se retiró y me estaba esperando Cantarero. Me recibió en la playa de estacionamiento del edifico; estaba de sport, bajamos la maleta, la valija y la caja del auto y recuerdo no haber ido por ascensor. Fuimos por la escalera de servicio, ingresé al departamento, él se encontraba solo, me puso frente a una mesa ratona, pero un poco más alta, con base de vidrio. Me hizo sacar el dinero del maletín, la valija y la caja y ponerlo sobre esa mesa. El dinero estaba envuelto como si fuera cerrado al vacío. Que si bien estaban en fajos de diez mil cada una de esas planchas, contenían cien mil pesos. Yo sabia que tenia que hacer entrega de cuatro millones trescientos mil pesos. No se abrieron esos fajos cerrados al vacío; se contaban por fajo de diez mil. El cuenta eso con el control mío adelante, me dice que está correcto; yo estaba muy nervioso, recuerdo, me quería ir lo más pronto posible y cuando yo estaba por salir, el me alcanza un papel que me dice “Ponta”, como me llamaba él; ´esto es para tu control´. Yo sinceramente nunca había participado, en mis veinte años adentro del Senado, de una situación de estas características".

Eso sí, 10 años después, y pese a las pruebas (y hasta la irrupción del "arrepentido" Pontaquarto), no hay una sola condena. Sólo un juicio oral aún en el horizonte.

pd: la declaración completa de Pontaquarto, acá.