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miércoles, 8 de julio de 2015

¿Espías anti-golpes de mercado?

La doctrina nacional de inteligencia que anunció ayer el Gobierno no es una gran novedad, ni es única en su tipo alrededor del mundo. También Estados Unidos, Venezuela y hasta Holanda, entre otros varios países, señalan a la economía como uno de sus objetivos prevalentes de seguridad nacional. Así que el problema no es el "qué", sino "quiénes", "cuándo" y "cómo" se encargarán de estas tareas.

¿Los agentes de "la Casa" ayudarán a evitar una corrida bancaria? ¿Alertarán a la Casa Rosada sobre los posibles desabastecimientos? ¿Analizarán la suba del dólar? ¿Detectarán "golpes de mercado"? ¿O sólo buscarán confirmar con datos selectivos los preconceptos que la Presidenta ya esbozó sobre esos temas durante los últimos años, como en su momento hicieron Antonio "Jaime" Stiuso y sus colaboradores? ¿Otra vez la alimentarán con informes tendenciosos y tremendistas?



Si algo demuestra la nueva doctrina, sin embargo, es que el dólar es una obsesión recurrente para este gobierno que se evidencia cada vez que su cotización pega un respingo. Por eso, durante los últimos años intentó controlarlo por distintas vías, siempre con magros resultados: desde montar un cepo hasta desarrollar operativos de la Gendarmería en la city porteña. Pero como eso resultó infructuoso, va por más. Ahora lo intentará con la vieja Secretaría de Inteligencia (SIDE), aunque con nuevo nombre: la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

¿Sus agentes están en condiciones operativas de desarrollar investigaciones complejas sobre delitos económicos? ¿O de eso se encargarán los más de 200 militantes que ingresaron a la AFI durante los primeros meses de este año y que recibieron una instrucción tan acelerada como acotada en la Escuela Nacional de Inteligencia?

pd: el resto del análisis publicado hoy en LA NACIÓN, acá.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El Gobierno y el dólar: llamen a Gasalla

Un caño maestro se rompió. Pero en vez de parar la pérdida de miles de litros por hora, la cuadrilla se dedica a controlar el “cuerito” de la canilla de la plaza y que, ¡por favor!, ningún pibe tome más de un vaso, cada uno y por vez, de esa canilla.

Previsible, la cuadrilla sólo logra que todos los pibes formen fila para tomar agua, aunque no tengan sed. Tomarán por las dudas de que luego del fulbito sí tengan sed (cualquiera que haya jugado al fulbito en la plaza, siquiera una sola tarde de verano, sabe que es así).

Así, la cuadrilla termina concentrada en controlar la fila de pibes (que como también es previsible comienzan a empujarse y a pelearse entre ellos), que ninguno se cole, que la nenita pase primero y la embarazada después, y que todos puedan tomar un poquito, mientras toleran que varios pibes (en especial los piolas y el gordito) hacen la cola varias veces para volver a tomar.

Eso sí, mientras tanto la pérdida en el caño maestro continúa. Al punto de provocar un barrial. Y la plaza termina como un chiquero; los pibes, todos empapados; las madres (incluida la embarazada) a las puteadas; y la cuadrilla , como era previsible, frustrada. Por el fastidio de lidiar con los pibes (y sus madres) y porque retorna a la oficina sin haber cumplido con su verdadero objetivo: detener la fuga.

O dicho de otro modo: el dólar sigue “planchado” en 4,26 o 4,27 pesos. Pero el Banco Central vende y pierde millones más de reservas cada día. Y el dólar paralelo ronda los 4,60 pesos. Porque quienes definen el verdadero precio del dólar no merodean la canilla. Van directo al caño maestro. Que sube y sube, pierde y pierde.

Y si no, que pregunten a los cueveros de fuste. ¿O hay que recordar como, a principios de año, los valijeros invocaron los nombres de dos pesos - pesados del poder para sacar 100 millones del país por debajo de los radares (ver, acá)?

Cuestión de apuntar a lo anecdótico o de apuntar a la causa que el Gobierno no quiere ver: la inflación. Por eso empezó con los controles de precio, luego demolió el Indec y ahora apunta a las pizarras (que no a la cotización) del dólar.

A esta altura, quizá sea mejor que llamen a Flora, la empleada pública de Antonio Gasalla, para que tome “el control” de las casas de cambio. Seguro que ella vigilará mejor a los pibes, la canilla y los vasos de agua.


¡¡Atráááááááááááásssss!!