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lunes, 19 de agosto de 2013

Lázaro y el investigador investigado

El máximo responsable de la prevención del lavado del Banco Nación hasta principios de 2012 es investigado por la Unidad de Información Financiera (UIF) y el Banco Central (BCRA) por no haber reportado un sospechoso depósito por US$ 7,5 millones que efectuó el empresario Lázaro Báez en Santa Cruz, según surge de documentos confidenciales cuya copia obtuvo LA NACION y confirmaron tres fuentes de distintas reparticiones públicas.
Las sospechas se centran en el ex miembro del directorio del Banco Nación Jorge Omar Maldonado Santechia, quien presidió durante años el Comité de Auditoría de la mayor entidad bancaria del país, pero cuyo nombre ahora también figura en el expediente sobre Báez que instruye el juez federal Sebastián Casanello.

A cargo de supervisar toda el área antilavado del Banco, Maldonado quedó en la mira luego de que la sucursal en Comodoro Rivadavia del Banco Nación abrió cinco plazos fijos por un total de US$ 7,5 millones a nombre de la petrolera Epsur y de Austral Construcciones, dos empresas controladas por Báez.
La primera reacción de los oficiales de cumplimiento antilavado de la entidad resultó la correcta. Le pidieron al ex socio del ex presidente Néstor Kirchner que justificara el origen de esos fondos, que se repartieron en cuatro plazos fijos a nombre de Epsur y el restante bajo la titularidad de la constructora Austral.
"La respuesta que dio fue que el dinero correspondía al flujo normal de los negocios y que los plazos fijos eran también propios de la operatoria comercial, lo cual no resultó satisfactorio", detalló una fuente oficial al tanto de lo ocurrido.
Los problemas dentro del Banco Nación comenzaron a partir de ese momento. 
pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

jueves, 28 de junio de 2012

Ni que fuera Aurora Grundig

Allá, en la prehistoria de mi infancia, había un tipo con plumas de cacique que remataba sus publicidades con "Caro, pero el mejor". 5000 años después, la nueva Ciccone que preside Alejandro Vandenbroele quizá deba reflotar aquel eslogan (aunque eso de que sus billetitos sean los mejores todavía está por verse, dados los resultados obtenidos hasta ahora...).


El precio de imprimir billetes de la nueva Ciccone Calcográfica es imbatible, pero por lo costoso. Así surge de su comparación con las cotizaciones ofertadas por otras compañías, públicas y privadas, durante los últimos dos años en documentos de los hermanos Héctor y Nicolás Ciccone e informes oficiales del Banco Central (BCRA).

  • Hace dos años, la “vieja” Ciccone, aún bajo el control de los hermanos Nicolás y Héctor Ciccone, propuso cobrar $ 136,50 por cada millar de billetes de baja graduación que imprimiría como subcontratista de la Casa de Moneda;
  • En octubre de 2010, la firma rival Boldt, que tras la quiebra de Ciccone había alquilado su planta por un año, le ofertó al BCRA imprimir –con las máquinas y personal de la propia Ciccone– a un precio de $ 265 el millar de billetes de 100 pesos;
  • También en octubre de 2010, la Casa da Moeda do Brasil en tándem con la Casa de Moneda local, tasó su valor en $ 338,99 por ese mismo millar de billetes de 100 pesos, y terminó por quedarse con el contrato del BCRA;
  • Ya en abril de este año, el Banco Central acordó pagarle $ 383,92 a la Casa de Moneda local por cada millar de billetes que imprimiera de 5 pesos; y un valor de $492,17 pesos por millar de billetes de 50 y de 100 pesos;
  • Cuatro días después, la Casa de Moneda subcontrató a la ex Ciccone a un precio de $ 392,04 por imprimir cada millar de billetes de 100 pesos cuya terminación luego deberá completarse en la propia sociedad estatal.
Así, el precio que Vandenbroele obtuvo del Estado quedó muy por encima –en pesos, en dólares y en porcentuales– de todos los valores anteriores: de la propia ex Ciccone, de Boldt (con las mismas planta, máquinas y personal que controla hoy el supuesto testaferro del vicepresidente Amado Boudou), de la Casa da Moeda de Brasil y de la Casa de Moneda local.

pd: el resto de la nota publicada el domingo en LA NACIÓN, acá.

jueves, 31 de mayo de 2012

El contrato fantasma (pero que existe)

El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, lanzó ayer, en el Senado, dos retruques sobre el “caso Ciccone”. Uno previsible y el otro, inesperado.

El primero, el previsible, fue el siguiente: "No quiero perder el tiempo de ustedes [por los senadores] en operaciones mediáticas del Grupo Clarín porque se cae por sí sola”.

El segundo, el inesperado, ocurrió cuando afirmó que “los billetes van a ser emitidos y producidos siempre por la Casa de la Moneda". Más aún, negó que haya un contrato firmado entre la ex Ciccone Calcográfica y el Gobierno.

Bueno, en ese caso, alguien que le avise a la ex Ciccone, que preside Alejandro Vandenbroele, y al juez en lo Comercial, Javier Cosentino, que instruye el expediente de la quiebra.


En el escrito que la ex Ciccone presentó este lunes en ese expediente (último cuerpo, fojas 13.880 vuelta, para ser preciso), en el punto 8 ("Actividad actual que está desarrollando la concursada"), le informó a Cosentino sobre "las actividades a las que se encuentra abocada". Y la primera que mencionó fue… síp. Ése contrato.

Textual, en ese escrito consignó: “a) cumplimiento del contrato de locación de una parcialidad de la capacidad productiva de Compañía de Valores Sudamericana SA -CVS- (antes denominada Ciccone Calcográfica) celebrado con Sociedad del Estado Casa de la Moneda -SECM- el 16 de abril de 2012”.

Más aún, cuatro párrafos después, la ex Ciccone añadió: "El mentado contrato fue celebrado por 9 períodos consecutivos, desde el 16/04/2012 y hasta el 31/12/2012, pudiendo ser renovado por iguales períodos por acuerdo de ambas partes".

Visto lo cual, las opciones son las siguientes:
-          La ex Ciccone (es decir, Vandenbroele) engañó al juez de la quiebra y a todos los acreedores (y en ese caso, configuraría un fraude y conllevar, cuanto menos, que se decrete otra vez la quiebra de la imprenta gráfica); o
-          La Casa de Moneda engañó a la ex Ciccone (y le hizo firmar un papelito sin validez, con lo que de ser así configuraría falsificación de instrumento público, entre otros delitos) y al Banco Central (al que le informó que contrataría a esa imprenta, por razones de soberanía y de "compre argentino", y para cumplir con la meta trazada de impresión de billetes de 100 pesos, con lo que de ser así configuraría malversación de caudales públicos, entre otros eventuales delitos); o
-          La Casa de Moneda engañó al Jefe de Gabinete (y no le contó que sí firmó algo más que un papelito con la ex Ciccone, y en ese caso deberían caer, por lo menos, la presidenta del organismo, Katya Daura, y su jefe directo, el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa); o
-          El Jefe de Gabinete engañó a los senadores que escucharon su primer informe de gestión (creo que plantear siquiera la caída de Abal Medina por esto sería una estupidez, así que no lo planteo ni siquiera como especulación loca).

En cualquiera de las cuatro opciones, hay perro (aunque admito que hay otras opciones; algunas más inocentes; otras más preocupantes).

pd: más datos sobre los dichos de Abal Medina, acá y acá.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ciccone - te informo (pero no todo)

Pese a todas las intimaciones judiciales, el misterio continúa. La ex Ciccone Calcográfica se resiste a aportar información clave al juzgado en lo comercial que supervisa su salida de la quiebra. En el último escrito que presentó anteayer en ese expediente ahondó su resistencia. Omitió, entre otros datos sensibles, precisar cuánto paga por mes por la moratoria excepcionalísima que le concedió la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) o cuánto le cobró a la Casa de Moneda por el alquiler de sus instalaciones para imprimir hasta 50.000 millones de pesos en billetes de 100.


La resistencia de la empresa -cuyos verdaderos dueños, a tres meses del escándalo, todavía continúan en las sombras- provocó ya fricciones con el juez en lo Comercial Javier Cosentino, que ayer le fijó límites precisos por segunda vez en cuatro semanas, ya que sus respuestas combinaron críticas a la cobertura periodística por el "caso Ciccone", que involucra al vicepresidente Amado Boudou, con pedidos para acotar la información que debería presentar en el expediente.

El contrapunto llegó a una situación casi límite el jueves, cuando el juez le dio 48 horas a la firma para que aportara esa información. Si no lo hace, podría separar a la administración -es decir, a su presidente, Alejandro Vandenbroele, y su equipo- de la gestión de la imprenta.

La reacción de la ex Ciccone fue inmediata. Aportó algunos datos anteayer e indicó que otro tramo de la información se la entregó al síndico, en lugar de hacerlo al juez, porque lo consideró "innecesario". Y sostuvo que había puesto a disposición el resto, pero en la sede de la imprenta, en vez de en el expediente, para salvaguardar así su secreto fiscal y bancario.

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

martes, 28 de febrero de 2012

La dama de los billetes

La presidenta de la Casa de Moneda, la “dama de los billetes”, Katya Soledad Daura acumula más de 14 años en la administración pública.

Nacida en octubre de 1973 en Posadas, Misiones, Daura llegó a Buenos Aires para estudiar Economía en la Universidad del Salvador con una beca del banco provincial para los hijos de sus empleados, y con el correr de los años llegó a ser madre de cinco chicos.



Arribó a la Anses en 1997, donde ocupó varios cargos durante las gestiones de Sergio Massa, Amado Boudou y Diego Bossio. Fue coordinadora de análisis de costos, gerenta de finanzas, de recursos humanos y del área de fortalecimiento institucional. Luego fue subdirectora de Administración y en 2010 asumió como gerenta de control del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), el centro neurálgico que administra las inversiones del organismo.

Su marido, Manuel Somoza, también integra las filas oficialistas junto a Boudou. Es el director general de administración del Ministerio de Economía, del que depende la Casa de Moneda y donde se lo suele ver. La última vez, este miércoles, cuando se reunió todo el directorio de la empresa.

Como titular de la Casa de Moneda, Daura sabe los dimes y diretes sobre la emisión monetaria, la impresión de billetes y, acaso, sobre el rol decisivo de la ex Ciccone Calcográfica, antes y después de que quedara en manos de Alejandro Vandenbroele, un allegado al vicepresidente Amado Boudou.

pd: un mini-perfil de Daura, acá.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El eterno durante

El eterno durante. O una síntesis de la inoperancia del Estado para investigar el lavado de activos. Y no porque haya un “pez grande” de por medio. Ni “rosca” a favor o en contra de algún poderoso. Ni tampoco fortunas. Es apenas la burocracia en su movimiento perpetuo para, años y montañas de papel después, volver al punto de partida. Sin haber logrado nada útil, mientras que los sospechados continúan libres y fluye su dinero.

Así inicié el artículo que publiqué (reducido para que entrara en la edición papel) en el diario LA NACION (ver, acá). La versión ampliada de ese texto lo completo a continuación:

El expediente 172.225 de la Justicia Federal, resume así la desidia en la lucha antilavado, como compulsó LA NACION en uno de sus infinitos giros por la administración pública. Hasta por su carátula: “N. N. s/ encubrimiento”.

El objetivo de la pesquisa era, en teoría, sencillo: verificar si 15 giros ordenados a mediados de 2008 desde Buenos Aires con destino Medellín y Pereira, Colombia, por un total de $ 79.718,33 eran parte de una maniobra de lavado. Quizá hubiera un cartel detrás, quizá sólo fuera dinero de trabajadores emigrados para sus familias. Pero para precisarlo había que investigar.

Primero fue el turno de la Unidad de Información Financiera (UIF) que recibió dos reportes de operaciones sospechosas (ROS) de la remesadora More Argentina SA. El 6 de agosto de 2008 y el 30 del mismo mes. Para eso, pidió datos de inteligencia a su par colombiana a través de la red Egmont, lo que permite investigar más rápido, aunque luego no puede usarse esos datos en la Justicia, que debe pedirlos por exhorto diplomático.

Así fue como, en octubre de 2010, casi dos años después del último de los giros picantes protagonizados por 23 colombianos y 4 argentinos –algunos con antecedentes por narcotráfico-, y al fin con la denuncia de la UIF, el fiscal general antilavado, Raúl Pleé, ordenó una investigación penal. Cayó en la jueza María Servini de Cubría, que la derivó en el fiscal Federico Delgado.

Las primeras medidas fueron de manual: exhorto a Colombia e, intervención de la Policía Federal, que de inmediato, el 14 de octubre, pidió una prórroga para presentar su informe. 30 días. Que se amplió en noviembre por 10 días más.

La respuesta al exhorto, mientras tanto, se hacía desear. Así que el 12 de noviembre, y mientras el expediente acumulaba fojas con sellos, constancias y pases, la Fiscalía quiso saber qué pasaba con la diplomacia. La Cancillería argentina respondió con el silencio.

El 15 de diciembre, y ya vencida la prórroga, apareció el “trabajo de campo” de la Policía Federal. Que abarcó apenas la búsqueda por Internet de números telefónicos, más un informe del Veraz y otro de la AFIP, y una recorrida por algunos –no todos- los domicilios. En los que tocó timbre. Literal. El oficial habló con vecinos, aunque eso sí, “sin dar a conocer su condición de policía”.

El fastidio de la Fiscalía comenzó a olerse en el expediente. El 17, y dado que “lo realizado” por la Federal “no se adecua[ba] con el objetivo de la medida ordenada”, le fijó el “plazo improrrogable de 30 días [para] cumplir con lo requerido”. Para entonces, el expediente iba ya por las 168 fojas, más dos cuerpos previos de la UIF.

¿Qué querían Delgado y su equipo? Textual: “Corroborar si las actividades laborales o comerciales de las personas sospechadas se condicen con la realidad y si los individuos se vinculan con hechos ilícitos”. Pero todo siguió igual. Un mes y 1 un día después –y por tanto vencido otra vez el plazo impuesto-, un oficial de la Policía informó que consiguió la partida de defunción de un investigado. Nada más.

Con el fin de la feria judicial, febrero de 2011 amagó con novedades. El 3, la Cancillería al fin apareció. Pero sólo para informar que la burocracia colombiana se había sumado a la local, por lo que los cafeteros precisaron que responderían cuando concluyeran su labor. Sin fecha estimada.

El 8, la Fiscalía abrió juego. Se ofició a la Agencia Recaudadora bonaerense (ARBA). Respondió el 28 de marzo. Nada valioso. Pero el expediente superó las 328 fojas, más anexos.

Para el 6 de julio, la Fiscalía decidió insistir con la Cancillería. Por teléfono. Chocó con un detalle: “La sumariante relacionada con la rogatoria trabaja a partir de las 15 horas”. Así que la Fiscalía apeló al papel. Nuevo oficio. “Porque del resultado de esta diligencia depende, básicamente, la suerte del proceso y el exhorto fue librado hace alrededor de 10 meses”, recordó.

Siete días después, llegó la respuesta colombiana. 510 fojas y 4 CDs, con su “búsqueda selectiva en base de datos”. Y con el material, la Fiscalía se esperanzó con ver la luz al final del túnel. Se lo remitió a la Federal, el 14 de julio, para que “en 10 días corridos elabore un informe técnico”. Agua.

El 3 de agosto, la Federal pidió una prórroga. 10 días. Concedida. Pero para el 16, la fuerza seguía desaparecida, así que la Fiscalía la emplazó, por teléfono, para el día siguiente.

El ansiado informe, pues, al fin llegó. Apenas tres carillas y anexos de recopilación del material colombiano, ya disponible en los anexos originales. El interrogatorio que siguió no resultó agradable. Acaso porque la oficial de la División Investigaciones Patrimoniales reconoció que como “desconocía las normas impositivas” en danza, optó por completar “un resumen” de lo que creyó “relevante”. Que no incluyó los giros.

Vuelta a empezar. Otros 10 días. Obvio, se incumplió. La oficial reapareció el 31. Para informar que tras analizar los giros, no podía “emitir una conclusión”. Ni conocía el tipo de cambio de los pesos colombianos. Ni sabía si los sospechados eran parientes entre sí -aunque le “parecía” que sí porque muchos se apellidaban Hoyos-. Ni si se violó alguna ley tributaria argentina.

La Fiscalía optó entonces por volver al casillero de inicio. A la UIF. El 1 de septiembre, le dio 3 días para presentar un informe. Pero la unidad recién apareció el 12 y sólo para revisar el ya frondoso expediente y sus anexos. El 20, la Fiscalía insistió. Le respondieron que el 22, a más tardar, la UIF “presentaría un escrito”. Así fue. Pero para pedir fotocopias. Vale, pero con la orden de entregar su informe en nuevas 72 horas. La respuesta, recién llegó el 13 de octubre, pero sólo para aportar un par de indicios preliminares. Y pidió, a su vez, que se pidan informes a la Policía Federal, la Anses, la AFIP y al Banco Central.

Así, superadas las 500 fojas en el expediente principal, más ocho anexos, poco y nada se sabe sobre los giros o los remitentes. Mucho menos sobre el dinero. Y de los colombianos, a ciencia cierta, ni siquiera se sabe si continúan en la Argentina. Al fin y al cabo, pasaron ya tres años. De nada. De burocracia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El Gobierno y el dólar: llamen a Gasalla

Un caño maestro se rompió. Pero en vez de parar la pérdida de miles de litros por hora, la cuadrilla se dedica a controlar el “cuerito” de la canilla de la plaza y que, ¡por favor!, ningún pibe tome más de un vaso, cada uno y por vez, de esa canilla.

Previsible, la cuadrilla sólo logra que todos los pibes formen fila para tomar agua, aunque no tengan sed. Tomarán por las dudas de que luego del fulbito sí tengan sed (cualquiera que haya jugado al fulbito en la plaza, siquiera una sola tarde de verano, sabe que es así).

Así, la cuadrilla termina concentrada en controlar la fila de pibes (que como también es previsible comienzan a empujarse y a pelearse entre ellos), que ninguno se cole, que la nenita pase primero y la embarazada después, y que todos puedan tomar un poquito, mientras toleran que varios pibes (en especial los piolas y el gordito) hacen la cola varias veces para volver a tomar.

Eso sí, mientras tanto la pérdida en el caño maestro continúa. Al punto de provocar un barrial. Y la plaza termina como un chiquero; los pibes, todos empapados; las madres (incluida la embarazada) a las puteadas; y la cuadrilla , como era previsible, frustrada. Por el fastidio de lidiar con los pibes (y sus madres) y porque retorna a la oficina sin haber cumplido con su verdadero objetivo: detener la fuga.

O dicho de otro modo: el dólar sigue “planchado” en 4,26 o 4,27 pesos. Pero el Banco Central vende y pierde millones más de reservas cada día. Y el dólar paralelo ronda los 4,60 pesos. Porque quienes definen el verdadero precio del dólar no merodean la canilla. Van directo al caño maestro. Que sube y sube, pierde y pierde.

Y si no, que pregunten a los cueveros de fuste. ¿O hay que recordar como, a principios de año, los valijeros invocaron los nombres de dos pesos - pesados del poder para sacar 100 millones del país por debajo de los radares (ver, acá)?

Cuestión de apuntar a lo anecdótico o de apuntar a la causa que el Gobierno no quiere ver: la inflación. Por eso empezó con los controles de precio, luego demolió el Indec y ahora apunta a las pizarras (que no a la cotización) del dólar.

A esta altura, quizá sea mejor que llamen a Flora, la empleada pública de Antonio Gasalla, para que tome “el control” de las casas de cambio. Seguro que ella vigilará mejor a los pibes, la canilla y los vasos de agua.


¡¡Atráááááááááááásssss!!

jueves, 20 de octubre de 2011

Una mancha de aceite

Las sospechas alrededor de Sergio Schoklender siguen en expansión, como una incómoda mancha de aceite.

Ayer, el fiscal federal Jorge Di Lello (foto) requirió a la unidad antilavado (UIF) que profundice su análisis sobre ciertas personas, cooperativas y empresas vinculadas al ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo por operaciones que rondaron los $ 500 millones durante la última década.

El primer ROS llegó a la UIF desde el Banco Central en diciembre de 2005 por compras y ventas por casi US$ 5,4 millones que el dueño original de Meldorek SA, el financista José Fernando Caparrós Gómez, completó en el Banco Finansur entre 2002 y 2004.

El patrimonio del financista es elocuente: una Ferrari, una camioneta Porsche, un barco valuado en US$ 1 millón, departamentos y dos aviones. Y fue un piloto, Gustavo Serventich, quien tendió el puente entre Schoklender, que quería comprar un avión, y Caparrós Gómez, que pretendía venderlo.

El segundo ROS se emitió meses después, también con el BCRA como reportante, por las transferencias desde y hacia el exterior que gestionó Cambios Trade & Travel durante 2001 por casi US$ 29,5 millones.

Esa agencia quedó bajo la lupa cuando se detectó que Schoklender y sus allegados cambiaron allí y en la financiera Monetización SA –también de Caparrós Gómez- cheques de Meldorek por cerca de $ 50 millones, que retiraron en billetes de baja denominación.

El tercer y último reporte también merodeó los negocios de Caparrós Gómez, por operaciones registradas entre enero de 2007 y septiembre de 2010.

Enviado por el HSBC, el reporte se concentró en “Latin Sur Cooperativa de Vivienda, Crédito y Consumo Limitada” y cuatro personas -Juan Manzorro, Patricia Peña, Héctor Pérez y Jorge Fidalgo- por mover fondos por $ 284,1 millones y US$ 12,8 millones.

Fidalgo aparece como socio de Caparrós Gómez en Valores Negociables. También figura como titular de “Créditos Sur Cooperativa de Vivienda, Crédito y Consumo”, donde cambiaron cheques Sebastián Forza -uno de los empresarios asesinados en el “Triple Crimen” de General Rodríguez-, y Néstor Lorenzo, quien concentra las sospechas en la “mafia de los medicamentos”.

pd: más datos en la nota del diario LA NACIÓN, acá.

lunes, 19 de septiembre de 2011

+586ROS

En público, el Gobierno rechazó las críticas internacionales y negó que la ley de blanqueo de capitales que impulsó a principios de 2009 (y atrajo más de $ 18.000 millones o US$ 5000 millones al tipo de cambio entonces vigente) le abriera las puertas del país al lavado.

En privado, sin embargo, ordenó elevar los controles para calmar a esos mismos observadores y reducir los riesgos. La presión, dos años después, se plasmó en cerca de 600 reportes de operaciones sospechosas (ROS) llegadas desde bancos y otros actores del sistema financiero local.

La primera tanda de esos reportes pasó ya por la Unidad de Información Financiera (UIF), que tras más de un año de revisión y análisis la giró a la Unidad Fiscal de Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo (Ufilavdin) que lidera Raúl Pleé, aunque ninguna de las operaciones giradas a la Justicia encendió una alarma.

La propia UIF aportó, además, los primeros datos sobre el saldo bajo sospecha de la ley de blanqueo y moratoria al responder una consulta formal del bloque de senadores radicales liderados por Gerardo Morales, de junio de 2010.

Detalló que “al día 12 de julio del corriente [por 2010], la Unidad ha recibido un total de 586 ‘reportes de operación sospechosa’”, según consta en la copia de la nota 790/2010 [foto]. Todos los reportes, completó, estaban bajo “exhaustivo tratamiento”.

El volumen global de operaciones bajo sospecha, sin embargo, terminó por estabilizarse en cerca de 600, según confirmaron fuentes oficiales de la UIF. Es decir, por debajo de la proyección inicial que trazó el Banco Central (BCRA) que las operaciones reportadas podrían rondar las 800 según estimaron sus expertos poco después de concluida la ventana para ingresar capitales al país.

Es decir, que desde que se abrió la ventana para blanquear capitales, los bancos enviaron +586ROS (más de 586 reportes de operaciones sospechosas) a la UIF. Su contenido concreto (y sus protagonistas) es, salvo una docena (por demás irrelevante) ya en la Justicia, un misterio.

pd: la nota completa en LA NACION, acá.