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viernes, 15 de abril de 2016

Panamá Papers - se va la tercera

Durante las últimas 24 horas recibí varias consultas sobre nuestro trabajo en los "Panamá Papers", en particular desde que Le Monde publicó un artículo de su corresponsal en Buenos Aires en los que, sin consultarnos, especuló sobre nuestro trabajo e incluso sobre nuestras reacciones emotivas ante ciertos hallazgos. En particular, al detectar al presidente Mauricio Macri y a accionistas del diario LA NACIÓN en los documentos.

A eso se sumó que Le Monde publicó otro artículo, centrado en la operatoria de dos fundaciones, que a su vez conecta con dos sociedades en Seychelles, que a su vez acerca de algún modo a los Kirchner. Ese artículo fue levantado por algunos portales y diarios argentinos, pero no por LA NACIÓN. Y, obvio, también nos criticaron y nos critican por eso.

Vamos por partes:

1. ¿Fuimos "suaves" con Macri? Sólo publicamos la información que encontramos y verificamos sobre una (1) sociedad y los vínculos del holding de Franco Macri con otra (1) sociedad. Si luego otros periodistas, blogueros y tuiteros quieren decir que hay 1000 sociedades, 50 cuentas bancarias o 3 elefantes, es cuestión de ellos. Nosotros sabemos qué hay HASTA AHORA en los "Panamá Papers" (recuerden que el material sigue llegando por oleadas y no descartamos novedades). Y algo más: fuimos nosotros quienes encontramos el material, alertamos al resto de los colegas del Proyecto, quienes verificamos todo y publicamos al respecto. Y no sólo eso: me presenté DOS (2) veces en Tribunales, a declarar como testigo en la causa penal que se inició y a aportar documentación. Cientos de páginas. Palabras vs hechos concretos.

2. ¿Fuimos "suaves" con los Kirchner? Al igual que con Macri, sólo publicamos la información que encontramos y verificamos sobre la llamada "ruta del dinero K". Si luego otros medios, periodistas, blogueros y tuiteros quieren decir más, es cuestión de ellos. Y al igual que con Macri, nosotros sabemos qué hay HASTA AHORA en los "Panamá Papers" (e, insisto, recuerden que el material sigue llegando por oleadas y no descartamos novedades). Otra vez, palabras vs hechos concretos.

3. ¿Fuimos "suaves" al informar que accionistas de LA NACIÓN aparecen en los "Panamá Papers"? Si Le Monde nos hubiera consultado a nosotros o a ICIJ antes de publicar lo que publicó, habría sabido que: 
- lejos de resultarnos incómodo, de inmediato avanzamos para publicar; 
- hasta donde sabemos, somos el primer diario en la historia argentina que informa sobre sí mismo a sus lectores en este tipo de coberturas investigativas;
- hay al menos otros dos diarios que integran el proyecto "Panamá Papers" en similares situaciones y aún NO publicaron al respecto. Ergo, ¿nos critica a nosotros porque sí publicamos (¡y sólo se enteró y pudo especular y opinar al respecto porque se enteró gracias a nosotros!), pero nada dice de los dos diarios que aún no explicitaron su situación?
Otra vez, palabras vs hechos concretos.

4. Dado que Le Monde publicó lo que publicó sobre CFK, restan dos comentarios:
- a través de un mail enviado a todos sus colegas involucrados en "Panamá Papers", Le Monde aclara que ellos no dijeron lo que parte de la prensa argentina publicó que dijeron.
- dado que nosotros, desde LA NACIÒN, sabemos qué hay al respecto y NO publicamos nada, ¿también publicarán el Süddeutsche Zeitung o Le Monde que fuimos "suaves" con los Kirchner? ¿O eso no cuadra con los preconceptos de los periodistas de esos medios que NO son parte del proyecto "Panamá Papers", que NO consultaron al respecto a sus colegas de sus propios diarios que sí integran el proyecto y tampoco, insisto, llamaron a ICIJ ni a nosotros para consultar?

Lo que hicimos e intentamos hacer es PERIODISMO. Sólo publicamos lo que sabemos, nos consta, verificamos y podemos probar. Porque hay una máxima del periodismo gringo que dice: "If you don't know, DON'T GO". ¿Traducción libre? SI NO SABÉS, NO TE MANDÉS.

Hasta la próxima aclaración (aunque espero que ya no sea necesario postear otra).

pd1: por suerte falta muy poco para que ICIJ abra los "Panamá Papers" a otros colegas argentinos, lo cual esperamos que reduzca las especulaciones locas y sospechas injustas sobre nuestro trabajo.

pd2: ¿toda la información se subirá algún día a Intenet para que cada busque lo que quiera? ICIJ ya comunicó que en mayo subirá una primera oleada de documentos, pero la decisión final sobre todo el material es del propio ICIJ.

martes, 30 de agosto de 2011

Un libro necesario

Desde fines del año pasado, con Santiago O’Donnell competimos por los Wikileaks. Y ahora, disfruto con su libro "Argenleaks" (Editorial Sudamericana, 354 páginas) en mis manos.

La puja comenzó allá por la fecha en que The New York Times, Der Spiegel, Le Monde, The Guardian y El País filtraron los primeros cables del Departamento de Estado de Estados Unidos. De inmediato, ambos bregamos por acceder a la información (Clarín, por algún motivo que ignoro no intentó o no logró obtener el material).

Por mi parte, mantuve incluso reuniones en Madrid con el equipo de El País, llamé a varios contactos posibles, mandé e-mails, insistí y pedí una y otra vez, sin suerte, hasta que me fui de vacaciones.

Al volver, sentí el amargo sabor de la derrota periodística. “El Osito”, tal uno de los apodos de Santiago –con quien coincidí por breve tiempo en LA NACION, tan poco que no puedo calificarlo de “amigo”, pero a quien respeto como a pocos colegas-, me había ganado. Para peor, cuando me llamaron de Wikileaks, me informaron que me habían enviado un par de e-mails durante mis vacaciones, lo cual agudizó la amargura de la derrota.

De allí en más, afronté el desafío de recuperar terreno y encontrar novedades dentro del material que El País, primero, y Página 12, después, ya hurgaban.

Así fue como publicamos mucho material que, estimo, tiene valía periodística. Pero todo lo valioso sobre Mauricio Macri, por ejemplo, ya lo había difundido Santiago. Lo mismo me ocurrió con Cargill y Eduardo Duhalde, entre otros.

Con el paso de las semanas y los artículos periodísticos nuestros y ajenos, sin embargo, comencé a percibir un cierto “agotamiento” del material, es decir, que aunque hurgaba durante horas no encontraba nada demasiado relevante, aunque a la vez conservaba el temor a perderme lo más relevante, la joya en el barro, por no continuar la búsqueda.

Hasta que, tras pasarme dos días completos buscando sin fortuna entre las más de 7600 páginas (Times New Roman, tamaño 10, interlineado sencillo), colgué los botines, poco antes o poco después –no recuerdo- de que Santiago hiciera lo propio en Página 12.

Ahora, la publicación de “ArgenLeaks” confirma mi impresión de que había agotado la búsqueda de material sustancial. Pero Santiago completó una tarea tanto o más valiosa que la búsqueda en sí: su sistematización.

“Osito” lo logra de manera precisa, profesional y responsable. Precisa porque quita la hojarasca que rodea a las perlas del material; profesional porque evita el maniqueísmo y la publicación parcializada (en la que luego, sin embargo, sí cayeron algunos medios que promovieron el libro hasta ahora); y responsable porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en territorio fronterizo argentino.

Algunos podrán plantear que Wikileaks vino a difundir TODA la información obtenida. Pero eso es falso. Por el contrario, los cinco grandes diarios convencieron a Julian Assange de que debían ocultar los nombres de agentes encubiertos o de informantes cuyas vidas de otro modo correrían riesgos. Y Assange aceptó. De hecho, tras ese replanteo, todos los medios alrededor del mundo que accedieron al material debieron comprometerse, por escrito, a tapar esos nombres sensibles.

Ahora, en suma, Santiago O’Donnell completa, del mejor modo, el proceso de difusión del material confidencial del Departamento de Estado sobre la Argentina. Por supuesto que como lector podría objetarle que sobran algunos capítulos (Antonini Wilson, Valija y Yabrán versan sobre el mismo tema, por ejemplo) o que faltan otros (corrupción, Indec o seguridad jurídica, por caso), pero eso no es más que una cuestión subjetiva. O hasta anecdótica.

"Osito" encaró el desafío de ofrecer una visión enciclopédica de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiere ver cómo es la vida cotidiana del poder, la prensa y la diplomacia.

lunes, 14 de marzo de 2011

Wikileaks, espías e imbecilidades

Del otro lado del teléfono, la voz dijo trabajar para WikiLeaks. Llamaba desde Londres. Sin jamás decir su nombre, preguntó por mí en español e indicó que me había enviado un e-mail, a mi cuenta privada de correo, dos semanas antes, sin aclarar tampoco cómo la obtuvo. A partir de allí, comenzó un complicado proceso que incluyó un viaje relámpago a Inglaterra, comunicaciones encriptadas y varios programas especiales de computación para acceder al "material".

Debí viajar para eso a la capital inglesa, enviar un primer e-mail y esperar durante más de seis horas en una habitación de hotel. Luego me indicaron un punto de encuentro para el día siguiente, aunque el lugar se modificó sobre la marcha, a la mañana siguiente, hasta que la reunión se concretó cerca del Museo Británico.


De este modo, LA NACION se sumó a la segunda fase de publicación de los cables del Departamento de Estado que comenzó a fines de noviembre con las primeras filtraciones por cinco de los medios gráficos más relevantes del mundo: The New York Times; The Guardian, de Londres; Der Spiegel, de Alemania; El País, de España, y Le Monde, de Francia.

En rigor -cabe aclarar ante la montaña de nada que se escribió ayer sobre espías y demás imbecilidades-, el proceso para acceder al material fue similar a los que ya relataron en el diario argentino Página 12 (que llegó a comparar a Julian Assange con el Che Guevara y el Subcomandante Marcos, y publicó esto; cuando antes publicaba esto y esto sobre Wikileaks) y en el colombiano El Espectador (que mantuvo, al igual que LA NACION, The NYTimes y The Guardian, mayor distancia de Assange).

¿Se pagó para obtener los cables? No. ¿Supe con quién hablaba o siempre fue anónimo? Me parece obvia la respuesta. ¿Wikileaks planteó alguna condición indebida? No. ¿Qué exigió? Que sólo tapemos los nombres de quienes podrían correr riesgo de vida o persecución judicial injusta si se publicaran sus nombres, que publiquemos los cables completos junto a los artículos en los que escribimos sobre ellos, y que de acá a unos meses publiquemos todos los cables o los subamos al propio servidor de Wikileaks. Eso es todo.

Los comentarios llegaron al punto de plantear por qué en mi artículo no mencioné a Página 12 entre los diarios que obtuvieron los cables Wikileaks. Dos comentarios: 1) sí estaba mencionado, pero no entró por cuestión de espacio; 2) puestos a borrar líneas, opté por citar sólo a los cinco que primero los obtuvieron. Si no, también debería haber citado a La Jornada (México), El Espectador (Colombia), La Nación (Costa Rica), El País (Uruguay) y unos cuaaaantos más...

pd: el resto del texto publicado en LA NACION, acá.