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jueves, 23 de junio de 2011

Herr Kirchner en Munich

Con más de 100 años en el país, Siemens afrontó una de sus peores etapas en la Argentina entre 2002 y 2003 (y eso que sobrellevó unas cuaaaantas...), durante el epílogo de la presidencia de Eduardo Duhalde, cuando dio por perdido el Proyecto DNI y demandó al Estado ante el CIADI por más de US$ 600 millones.

El reacercamiento comenzó luego, con el patagónico Néstor Kirchner ya en la Casa Rosada. Y del lado germano los interlocutores fueron los mismos de siempre, liderados por el vicepresidente de Siemens a nivel mundial, Uriel Sharef (el mismo que procesó la semana pasada la Fiscalía de Munich, acusado de liderar el lado clandestino del Proyecto DNI).

El primer gran paso fue la visita de Kirchner a la planta de Siemens en octubre de 2004. Fue para una recorrida formal y un discurso público junto al ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, y al legendario pingüino inflable.

El segundo paso ocurrió seis meses después, el martes 12 de abril de 2005, en el hotel Regent de Munich. De un lado, Kirchner y De Vido; del otro [foto arriba], Sharef y el CEO de Siemens Argentina, Matthias Kleinhempel (el mismo que, como conté en un mail anterior y por orden de Sharef, gestionó un pago indebido para Carlos Sergi por US$ 4,7 millones que dibujaron con facturas truchas).

Hablaron sobre la central Atucha II, futuras licitaciones, proyectos en carpeta y el reclamo ante el CIADI. “Sería bueno si esto se termina”, planteó Kirchner, con su clásico saco cruzado desabotonado.

Para octubre de 2006, y previa negociación de los detalles con De Vido, la relación bilateral quedó más que encarrilada. La floreciente Electroingeniería se sumó a Atucha II y Siemens ganó la polémica licitación (que derivó en una denuncia penal, luego archivada) para construir las centrales termoeléctricas “Timbúes” y “Manuel Belgrano” por más de US$ 1100 millones. Es decir, un monto similar al que, en su máximo esplendor, debió abarcar el Proyecto DNI.

Business are business...

pd: más datos sobre aquel encuentro en Munich, acá, acá y acá.

viernes, 3 de junio de 2011

Una foto, qué foto

Una foto, a veces, dice mucho.

El primero desde la izquierda, Matthias Kleinhempel, fue el último CEO de Siemens Argentina que debió bailar con la parte oscura del “Proyecto DNI”. Se encargó de los detalles para pagar los últimos US$ 4,7 millones. Hoy da clases de ética corporativa y es director del Centro de Gobernabilidad y Transparencia en el IAE de la Universidad Austral.

El personaje del centro es ya bien conocido. Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, canciller en las sombras para Venezuela, al decir de empresarios y funcionarios venezolanos. Así también lo definió el máximo referente para las Américas de las administraciones Bush y Obama, Tom Shannon. En los cables de Wikileaks lo calificó como el canciller “de facto” para Venezuela, Bolivia y Ecuador.

El de la derecha es Uriel Sharef, vicepresidente de Siemens a nivel mundial, miembro de su directorio central, el “Vorstand”, y responsable de la multinacional para las Américas. En la práctica, el jefe máximo de la operatoria negra de Siemens en el “Proyecto DNI”.

Según surge de documentos internos de Siemens y los testimonios de varios de sus ex subordinados, Sharef fue el responsable último de las coimas, del encubrimiento posterior y de todas las negociaciones espúreas. Despedido de la compañía tras la purga –además de forzado a pagar una multa millonaria-, a fines de este año podría afrontar un juicio oral en Munich.

Los tres se reunieron múltiples veces. En la Argentina y en Alemania. Por ejemplo, para una reunión con el presidente Néstor Kirchner; también, para la gira electoral de Cristina Fernández de Kirchner en 2007. Y también fueron los tres encargados de restablecer los vínculos entre Siemens y la Argentina tras la caída del Proyecto DNI y la demanda de la compañía contra el país, ante el CIADI, por más de US$ 400 millones.

Siemens jamás recuperó el contrato por los DNI. Pero entre los tres lograron algo mejor: restablecieron el vínculo a través de otros contratos, por la misma cantidad de dinero, en obras públicas. Timbúes y San Lorenzo lo ejemplifican. Y lo que señala Sharef en la foto es una de las turbinas que compró De Vido.

pd: más datos, en el libro.