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jueves, 22 de mayo de 2014

"¿Quién garantiza realmente mi protección?"

-¿Por qué querría alguien amenazarlo si, de acuerdo con la defensa de Boudou, usted declaró a favor del entonces ministro?

-¿Por qué dice que "a favor?

-Porque en su primera declaración judicial en el caso Ciccone, de marzo de 2012, usted declaró que "ningún ministro contestaría que se cierre una empresa" y que la nota que firmó Boudou "estaba dentro de las facultades del ministro"?

-Quizá me amenazan porque ahora la situación es muy distinta.

-¿Qué quiere decir?

-Ahora hay otro juez [Ariel Lijo en vez de Daniel Rafecas] y yo no estoy más en el Ministerio de Economía. Pasaron muchas cosas en el medio y quizá no quieran que responda más preguntas.


El testigo del "caso Ciccone" José Guillermo Capdevila no quiere decir dónde se encuentra. ¿Uruguay? Silencio como respuesta. Tampoco quiere decir con qué embajadas abrió juego antes de marcharse de Buenos Aires. Pero abrió juego. Y deja claro algo: no descarta pedir asilo político en otro país, lo cual sería un cimbronazo mayúsculo para la Casa Rosada. "No quiero dar detalles para no afectar un eventual pedido mío", explica.

Cansado, acaso agobiado, Capdevila dice que nunca se imaginó vivir una situación así. Ni siquiera cuando sobrellevó aprietes de acólitos de Alfredo Yabrán. "La diferencia con lo de ahora es abismal", sostiene. Entre otros motivos, porque mientras el superministro Domingo Cavallo salió a bancarlo, ahora domina el silencio. "Si la defensa de Boudou dice que yo declaré a su favor, ¿por qué no me llamó él para solidarizarse con lo que estoy pasando?"

pd: el resto de la entrevista publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

domingo, 7 de octubre de 2012

Los dos "Boudous"

Admiró hasta la fiebre a Carlos Menem y sus camisas brillosas. Defendió a ultranza la convertibilidad y, antes, militó y se postuló por la Unión para la Apertura Universitaria (UPAU). Luego impartió clases en la universidad liberal por excelencia del país, la del CEMA. Llegaron a apodarlo "Domingo Felipe" dado su fervor por el entonces superministro de Economía. Y era hincha del club Independiente.

Todo eso, claro, antes de que defenestrara Menem, la convertibilidad, a Cavallo y las ideas liberales, y pasara a mostrarse nacional y popular, aprendiera la letra de la marcha peronista y hasta fuera a la cancha, pero para ver a Tigre. Porque, como ironizaba Groucho Marx, "Estos son mis principios y si no le gustan? bueno, tengo estos otros". Y ésa puede ser la síntesis del hoy vicepresidente Amado Boudou.


Su derrotero laboral también evidencia esos volantazos. Disc-jockey en su Mar del Plata natal, lideró y llevó a la quiebra la empresa recolectora de residuos Venturino, anduvo largo tiempo casi con lo puesto, asumió como secretario de Hacienda en el Partido de la Costa, antes y después pasó por la Anses, fue ministro de Economía y, al fin, llegó al Olimpo. O casi, si no fuera por el monotributista Alejandro Vandenbroele. Porque, como también podría ironizar el gran Groucho, ese es su currículum, pero si no le gusta, Boudou tiene otro.

Ese otro CV incluye denuncias penales a su paso por cada oficina pública que ocupó y viviendas sociales que jamás terminaron de construirse (aunque cuyas partidas sí se llevaron del Estado). También, a un amigo y socio, José María Núñez Carmona, que se define a sí mismo como su "panadero" porque le "hace las facturas" que él no puede firmar, y una "sintonía fina" con el banquero Jorge Brito que llevó al mismísimo secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a enrostrarle que el dueño del Macro era su "jefecito" y que planeaba "meterlo preso".

pd: el resto de la reseña del libro “Amado. La verdadera historia de Boudou”, del periodista de la revista Noticias , Federico Mayol, acá.

domingo, 18 de diciembre de 2011

El helicóptero de De la Rúa

Con el ruido de las aspas a pleno, le ordenaron a Fernando de la Rúa que agachara la cabeza. l“¿Qué dijo?”, le replicó al edecán, Gustavo Giacosa. El teniente coronel no le respondió. Lo tomó de la nuca y lo empujó hacia abajo y adelante. Corrían por la azotea de la Casa Rosada y a su lado iba el subjefe de la custodia presidencial, el subcomisario Marcelo Lioni, el calvo al que muchos tomaron, al verlo por televisión, por el ya renunciado Domingo Cavallo.



Eran las 19:52 del jueves 20 de diciembre de 2001 y el suboficial de la Fuerza Aérea, José Luis Orazi, abrió la puerta del helicóptero. Entraron los tres pasajeros y dio la señal para que despegara el Sikorsky S76B. Todo transcurrió en un minuto, según el registro oficial de vuelo. De allí en más enfilaron hacia la Quinta de Olivos, aunque llegaron a manejar dos opciones más: Campo de Mayo y Uruguay, si el peligro aumentaba.


Allá, en las alturas, De la Rúa era aún Presidente. Los pilotos ignoraban que acababa de renunciar. Sólo sabían que algo ocurría. Un rato antes, el padre de uno de ellos, Carlos, había atinado una pregunta antes de callar: “Claudio, ¿vos hoy estás de turno?” Nada más. Y tras un breve silencio, su madre, Erika, tomó el teléfono y completó: “Suerte”.


pd: la nota completa publicada en LA NACIÓN, acá.