domingo, 8 de septiembre de 2013

Un antisemita suelto en la Cancillería

Pese a los reclamos de diplomáticos, funcionarios y delegados gremiales, el canciller Héctor Timerman mantiene dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores a un alto funcionario que paga las delaciones entre los empleados, da órdenes como jefe de ciertas áreas que se encuentran fuera de su órbita y, más grave aún, categoriza al personal como "el viejo", "el cuestionador" o "la judía".

Los comentarios racistas y despectivos del director Hugo Merlo constan en un cuaderno de anotaciones personales que ese controvertido funcionario olvidó en una oficina de la Cancillería, donde su hallazgo fortuito y posterior difusión desató un escándalo interno y cuya copia obtuvo LA NACION.

Timerman se encuentra al tanto de las acciones de Merlo, quien arribó al Ministerio de la mano de su pareja, la secretaria de Coordinación y Cooperación Internacional, Paula Verónica Ferraris, de creciente poder e influencia en desmedro del canciller.

Merlo comparte el poder de Ferraris. Además de lanzarle al personal preguntas como: "¿A vos te gusta ver a [Jorge] Lanata?", antes de definir su futuro laboral, el funcionario avanzó sobre las áreas de Compras, Administración, Infraestructura, Recursos Humanos y Seguridad del Ministerio, sin que nadie lo pare, según consta en documentos oficiales y privados, y fuentes diplomáticas que dialogaron con LA NACION.


Sin embargo, Merlo cometió un error: olvidó un cuaderno con sus anotaciones personales en una oficina de la Cancillería, según surge de un video que así lo registra y el reporte posterior que se labró en esa repartición. Entre las frases inconexas y repletas de faltas de ortografía que redactó, también detalló los pagos de incentivos salariales a los empleados que delatan a sus compañeros y calificó a otros con apodos.

"Hoy a la tarde, Angel autorizo [sic] ha [sic] la judia [sic] Goldemberg y Marina Dominguez ha [sic] una capacitacion [sic] al personal bajando una linea [sic] propia", redactó, por ejemplo, el 28 de agosto de 2012, cuando centró sus dardos en el director general de Infraestructura, Ángel Cammilleri, según consta en la copia de ese cuaderno que obtuvo LA NACION (ver imagen).

El hallazgo de ese cuaderno causó un terremoto dentro del Palacio San Martín. 

pd: el resto de la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

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