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viernes, 13 de noviembre de 2015

Entrevista a Bob y Maud Cox

A veces, el periodismo te da pequeños grandes lujos. Este es uno de ellos: entrevistar a Bob Cox, una leyenda del periodismo argentino, director del Buenos Aires Herald durante los años calientes, y a su maravillosa esposa y coequiper, Maud Daverio, sin quien Bob jamás hubiera avanzado como avanzó: desde revelar los verdaderos asesinos de la masacre de San Patricio, publicar habeas corpus y escribir sobre las Madres cuando nadie lo hacía y mucho más, a pesar de amenazas, detenciones... Entreviste a ambos para Conversaciones. Y hablamos sobre el periodismo de ayer, hoy y mañana.


UN VERDADERO HONOR.

pd: la entrevista completa a Bob y Maud Cox, acá.

sábado, 20 de junio de 2015

Born y Montoneos, por O'Donnell

A 40 años de la liberación de Jorge Born (con el rescate más caro de la historia: US$ 250 millones actuales), la gran María O'Donnell narra su secuestro por Montoneros en un verdadero librazo que vale cada página.



pd: más datos sobre el libro, acá.

sábado, 24 de agosto de 2013

Dobry, dictadura y una deuda honrada

Publicado en el suplemento ADN de esta semana:

Muchos golpearon las puertas de los cuarteles, pero luego escondieron sus manos. Llenaron la Plaza por “la gesta” de Malvinas, pero luego clamaron “por los chicos”. Callaron sobre los desaparecidos y trataron de “locas” a las Madres, pero hoy se adjudican roles tan heroicos como falsos. Pero lo más perverso de todo, sin embargo, es que durante esa cínica metamorfosis muchos que sí se jugaron la vida durante aquellos años quedaron eclipsados. Ninguneados. Eso viene a revertir, al menos en parte, el último libro del periodista Hernán Dobry.

Titulado “Los judíos y la dictadura” (Editorial Vergara, 438 páginas), el estupendo libro de Dobry anticipa desde su subtítulo que se centra en “los desaparecidos, el antisemitismo y la resistencia” de aquellos años. Pero, narra, en particular, la historia hasta ahora silenciada de un periodista, Herman Schiller, y el periódico comunitario que dirigió, Nueva Presencia, desde el que denunció lo que tantos callaban.

“Tanto el periódico como Schiller se han convertido en los primeros desaparecidos del ‘relato’ sobre el rol de los medios de comunicación durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional”, remarca Dobry en el despuntar del libro, en el que también honra la labor de una promisoria investigadora, Gabriela Lotersztain, ya fallecida, pero que llegó a publicar su obra “Los judíos bajo el terror 1976 -1983”.


En capítulos cortos, bien escritos y documentados, Dobry da cuenta también de la controvertida actuación de muchos líderes de la comunidad durante aquellos años negros. En particular, de los dirigentes de la DAIA. Algunos, como Schiller, son sus críticos acérrimos; otros, los defienden. Pero e el autor –profesor además en las universidades de Palermo y Abierta Interamericana (UAI) –, tras investigar lo ocurrido, lo publicado (y lo callado) y abrevar en numerosas entrevistas y fuentes documentales, llega a una conclusión tan sencilla como incómoda: “Ninguna de estas dos vertientes falta a la verdad, pero cada uno la acentúa a su manera”, explica.


Así, Dobry expone que muchos dirigentes de la comunidad judía  optaron por el silencio. O peor, aprovecharon la oportunidad para negocios propios. Pero algunos, por el contrario, impulsaron una “diplomacia silenciosa” y hubo otros, muy pocos, que levantaron la voz y actuaron.


Dobry destaca, entre esos ejemplos extraordinarios, a los rabinos Roberto Graetz y Marshall Meyer, referente del Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH). También, al editor de Di Presse, el ingeniero Carlos Rabdil, que sacó a la luz Nueva Presencia y lo bancó cuando comenzó a levantar durísimas resistencias desde su primer número. No sólo eso, a medida que crecía hasta llegar a los 25.000 ejemplares, afrontó calumnias, amenazas y dos bombas.

“Conflictivo”,  “loco”, “suicida”, “petardista”, fueron algunos de los muchos calificativos que le colgaron a Schiller. Pero él siguió adelante, junto a un puñado de colaboradores que honraron el oficio. Entre otros, Gerardo Yomal, Daniel Muchnik, Antonio Elio Brailovsky, Eliahu Toker, Marcos Aguinis, Leonardo Senkman, Sául Drajer, Carlos Alberto Brocatto, Moshe Wainstein, María Caiati, Rolando Jalife y Elio Brat, más la fotógrafa Alicia Segal y el dibujante Roberto Bobrow.

No la tuvieron fácil y “Nueva Presencia” terminó por cerrar. Pero cumplieron con su misión cuando la sociedad argentina prefería mirar para otro lado. Porque, como rescata Dobry, el “problema más grave” para los argentinos en noviembre de 1983, según una encuesta de Julio Aurelio y Enrique Zuleta Puceiro, era la desocupación, mientras que ubicaban séptimo (sobre 11 prioridades) a los desaparecidos y no incluían a la represión entre lo más repudiable de la dictadura.

Aquellos años –como también ocurrió con Robert Cox, Andrew Graham Yoll y James Neilson en el Buenos Aires Herald–, le pasaron factura a quienes se animaron a romper el silencio, como recuerda Schiller, que sorprende al lector. “Muchos me preguntan si volvería a hacerlo. No, no lo volvería a hacer, ni loco que estuviese. No estoy arrepentido, pero la guerra fue tan despiadada que lo único que hice fue perder. Perdí todo: amigos, familiares, que no me dirigieron más la palabra, fui visto como enemigo público número uno por un sector de la comunidad. No fue fácil”.

Afortunadamente, sin embargo, sí Schiller hizo lo que debía hacer cuando debió hacerlo. Y Dobry lo rescata del olvido. “Si esto no ocurriera, se estaría dejando a la historia del periodismo argentino sin la presencia de uno de sus honrosos y destacados miembros. Esa es la finalidad de este trabajo”. El libro cumple con creces ese objetivo.

domingo, 13 de enero de 2013

Madres - casi un tabú

Poco, muy poco, me resulta más incómodo para abordar y escribir que las Madres de Plaza de Mayo. Por su extraordinaria labor durante la dictadura, porque resultaron (y resultan) un ejemplo de lucha y de vida, porque las banderas que levantan desde hace décadas apuntan a lo mejor, porque encarnan un ícono de lo más digno de la Argentina durante la época más oscura del país.

Sin embargo, el problema es cuando hay problemas. ¿Qué hacer como periodista? ¿Callar? ¿No publicar? Es lo mismo, pero potenciado por 10, por 100 o por 1000, que cuando se descubrió lo que se descubrió en la fundación del Padre Grassi. ¿Qué había que hacer? ¿Callar? ¿Y si las presuntas irregularidades hubieran afectado a la fundación del cardiocirujano René Favaloro?


¿A qué voy con todo esto? Que hoy he vuelto a escribir sobre Madres de Plaza de Mayo, lo cual me hace poca y ninguna gracia. Pero al buscar información sobre otro tema dentro de la Inspección General de Justicia (IGJ), los informantes me comentaron sobre esto. Otra vez, ¿qué hacer? ¿Callar?

Por supuesto que habrá fachos retrógrados y recalcitrantes que aprovecharán lo publicado para vomitar todo lo peor que guardan dentro; por supuesto que habrá defensores de las Madres que malinterpretarán los textos, pero es lo que toca al escribir uno de estos textos sobre algo tan sensible, casi un tabú...

pd: la nota publicada hoy en LA NACIÓN, acá.

domingo, 11 de julio de 2010

Contra las cuerdas

Sugerencia de todo boxeador: si vas a poner a alguien contra las cuerdas, más vale que lo knockees rápido y para toda la cuenta, como Muhammad Alí. Porque no hay nada peor que sentirse acorralado para que una persona temerosa intente lo imposible... y lo logre.

Eso es, en suma, lo que sentí mientras entrevistaba al ex embajador argentino ante Venezuela, Eduardo Sadous, para el diario LA NACIÓN.

Sadous expresó sus sospechas de que el ex presidente Nestor Kirchner estaba al tanto del alerta que emitió sobre irregularidades y "corrupción" en el comercio bilateral que protagonizaba (y aún protagoniza) el ministro Julio de Vido y su colaborador, Claudio Uberti.

También, reafirmó que De Vido encabezó gestiones comerciales paralelas a las de la Cancillería con el gobierno de Hugo Chávez. Y tiró abajo de un camión a Uberti, cuando recordó su mensaje símil-mafioso.


Pero todo esto lo dijo porque:

1. Lo removieron de su cargo antes de tiempo.

2. Lo arrumbaron en una oficina desde mediados de 2005, sin darle otro destino como embajador en el exterior.

3. Ensuciaron su honor con alusiones a sus supuestas apetencias sexuales, su presunta afición por los cócteles y hasta sus hipotéticos vínculos con la dictadura, la P-2 de Licio Gelli y la Triple A.

4. Y, lo peor de todo, afectaron a su familia.

Sólo entonces, Sadous decidió contragolpear. Porque sintió que no alcanzaba con haber declarado ante la Justicia y testimoniar ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Los ataques continuaron, hasta empujarlo contra las cuerdas.

Pero no lo knockearon. Y ahora él tira golpes a todo lo que se le ponga enfrente.

Un hombre que se siente encorralado, eso es lo que pensé mientras dialogaba con el.

Y Sadous actuó en consecuencia.

pd: la entrevista completa, acá y acá.